Deberías haber dimitido ya
Deberías haber dimitido sin deponer tu cara de soldado romano ahorcado a media salve ya entonces, cuando tu nombre se mencionó entre los que iban a cenar con Tito Berni el cariñoso de cintura para arriba y para adentro (digno de Torrente Presidente era aquel tipo canario que, igual que Koldo y Ábalos, organizaba también en los madriles El Banquete de Platón en versión La Escopeta Nacional de Berlanga). ¡Pero dijiste que no, que la política no era ningún soneto de Boscán, y que tu apellido no rimaba en absoluto con dimisión!
Deberías haber dimitido cuando, por mucho que eso le hiciera daño a tu partido, ebrio de envidia fálica (de la que tanto habla Freud en Tres Ensayos Para una Teoría Sexual como refiriéndose a ti), montaste una candidatura alternativa para que alguien se presentara en primarias contra el secretario general de la Agrupación Local de León de tu partido, y perdiste (eso quería decir bien claro, bien democráticamente dicho, que no tenías esa legitimidad que da ganar en votos), pero, como no eres de buen perder, en vez de conservar la dignidad y dimitir dijiste que no, que la política para ti no era un poema ideológico y honorable de César Vallejo sino un freudiano concurso de meadas, y tú aspirabas a mear más alto que Zapatero en el tapial del PSOE para que se notara, en el poema burlesco de la política chusca, que tu apellido rima con simplón.
Deberías haber dimitido cuando hiciste que se suspendiera de militancia a la Alcaldesa de Fabero para que volviera a las listas tu parentela, aunque todo eso hundiera allí en votos a tu partido. Pero, como lo que te importa eres tú y no tu partido, el resultado electoral te dio igual y dijiste otra vez que no, que la política no era un romance de Lorca sino uno de Ana Obregón, y que tu apellido rimaba con me importa un mojón.
Debiste haber dimitido cuando se destapó lo de Ábalos y su lugarteniente Koldo, y se te volvió a mencionar entre su colegueo de mesa y mantel (por sus amigos los conoceréis). Pero dijiste que no, que la política para ti es como un poema preescolar de Rafael Saravia en el que tu apellido rima con pendón.
Tendrías que haber dimitido cuando en ayuntamientos como La Robla se votaban las mociones en pro de una autonomía leonesa (porque es lo que la gente históricamente aquí quiere), pero, en contra de la gente, tú obligabas a los concejales de tu partido a que votaran lo que te venga bien a ti para seguir en Madrid.. Pero no lo hiciste, no, no dimitiste ni por vergüenza torera, esgrimiendo que tu apellido, como un grafiti de retrete de Pompeya conservado por la lava volcánica, rima con perpetuación.
Tendrías que dimitir ahora más que nunca cuando vuelves a la carga así, obsesivo como un tumor, y, para hacer la misma chapuza que en Fabero, propones que el candidato a Alcalde de León por tu partido no sea el caballo ganador, esto es, el actual Alcalde, sino cualquier otra persona que no te haga sombra a ti y como éste deje patente hasta sin pretenderlo que tú jamás ganarías una elecciones municipales a tu ciudad y eso te horada el psiquismo en plan termita y te hace hacer y decir en público hasta con la prensa delante cosas tan rezumantes de envidia cuartelera como psiquiátricamente preocupantes…
Pero tampoco dimitirás ahora porque te sobran palmeros, y te falta alguien que te asesore con libertad y verdad, esto es, alguien cercano que pueda y sepa hacerte ver que tu cariz de acomplejado sin psiquiatra se te nota ya mucho, y que, en contra de lo que crees, la política es un poema público repleto de sentido, belleza y verdad, en el cual tu apellido rima con traición.