El silencio del Valle del Jamuz
El fuego ha devastado nuestra tierra, dejando tras de sí un paisaje de ceniza y dolor. El Valle del Jamuz, que alguna vez fue un manto de vida y color, ahora está en silencio. Los árboles, calcinados, se levantan como fantasmas en un campo de muerte. Nuestros bosques, antes llenos del canto de las aves, hoy solo susurran la historia de la pérdida.
La pérdida más profunda, la más irreparable, es la de la vida. Dos jóvenes de nuestra comarca, un lugar donde la edad de la población es avanzada, nos han sido arrebatados. Sus sonrisas, su futuro, todo ha sido consumido por las llamas. Esta herida en nuestra comunidad jamás sanará por completo.
Sin embargo, en medio de esta devastación, nos aferramos a la esperanza. Nos levantaremos de las cenizas y reconstruiremos nuestro hogar. Y en este camino, un elemento vital nos da la fuerza para luchar: el agua.
Antes de esta tragedia, ya peleábamos por defenderla de la especulación. Hoy, nuestra lucha se ha intensificado. Sin agua, el valle no podrá sanar ni volver a florecer. Sin ella, no habrá vida. El agua no es solo un recurso; es la promesa de que la vida regresará al Valle del Jamúz.
Lucharemos con más fuerza que nunca para protegerla, para que no nos la arrebaten. Porque en el agua, y solo en ella, reside la semilla de nuestra resurrección. Y el Valle del Jamuz volverá a ser un lugar de vida.
Desde Palacios de Jamuz, una pedanía desconocida hasta el 12 de agosto de 2025, y hoy tristemente conocida en el mundo entero, por unas imágenes devastadoras de un incendio forestal, que se lo llevó casi todo.