Bajo el mismo cielo

Novela 'Bajo el mismo cielo' de Paco Boya (Roca Editorial).

La hoguera de San Juan está hecha de un fuego redentor. En él quemamos lo que nos hizo daño, y en esa llama ardemos y la saltamos como si pudiéramos generar un desafío en el que nuestros pies sobrevuelan las penas que dejamos atrás. La novela de Paco Boya, Bajo el mismo cielo, parece estar escrita para ese momento cumbre en el que el dolor que relata trata de transformarse en una lección, en un aprendizaje. La Guerra Civil nos colocó en un lugar en el que supimos hasta qué punto la crueldad puede hacerse carne en nuestra cotidianeidad. Hasta qué punto un ser humano es capaz de perder la noción de su empatía para llevar a un punto delirante la crueldad de la que también somos capaces. Y todo eso sobrevuela sus páginas: puede ser leída como un conjuro en estos tiempos tan convulsos en los que se le quita hierro a un asunto que, sin embargo, pesa demasiado. Siempre podemos volver a la muerte por la muerte misma, siempre podemos olvidar las razones que nos trajeron hasta la paz.

Los datos no alcanzan. Las cifras de muertos y desaparecidos, tampoco. Es a través de la literatura como generamos el temblor exacto que nos da la fuerza necesaria para pelear contra la barbarie: porque nadie quiere volver ahí, porque al final lo único que deseamos es un abrazo en el que descansar. En una historia que zigzaguea entre los años más crueles del conflicto y sus consecuencias posteriores de miedo, psicosis y traumas, el autor entreteje la historia con lo que se fue rearmando en los años que rodearon a la transición. Y hay escenas brutales que descifran claves: como la pericia de salvar al perro de un alto mando que puede ser un salvoconducto para escapar, la complicidad con una mujer gitana que sabe cómo alimentarse cuando solo hay lumbre y migajas hasta el ejercicio del amor en el claro de un bosque mientras Europa se desangra. Y en el fondo, un escenario idílico que es siempre reconfortante: refugio y bálsamo, que lo fue, lo es y lo será, porque la naturaleza no se detiene ante la estupidez humana. El Valle de Arán funciona como un decorado que impulsa la trama de tal modo que sería impensable que esta historia fuese contada desde cualquier otro lugar. En ese valle la sabiduría resiste incluso cuando llegan las primeras muestras de la tentación del desarrollismo: hay muchos personajes relevantes pero algunos, los más pequeños, tienen claves. La abuela Pina es una porque ella conoce muy bien la verdadera felicidad que no está hecha de autos nuevos y comercio exterior sino de la certeza de la tierra, de la huerta que labramos y de la revolución de lo cercano. 

Las páginas de un libro pueden llevarnos a muchos lugares pero, a veces, esos espacios logran trasladarse de un punto exacto del mapa hasta cualquier otro lugar que habita también en nuestra propia esencia. El valle de Arán podría ser también mi valle, el tuyo, el de cualquiera. Y así toca defenderlo hoy: haciendo memoria y haciendo, de esa memoria, carne a través de la literatura. Eso es Bajo el mismo cielo. Otra novela más sobre la Guerra Civil: sí, porque parece que hace más falta que nunca para que el olvido retroceda y regresemos a la serenidad sencilla de saber mirarnos a los ojos bajo la luz de las hogueras de San Juan.

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