La profesora de la Universidad de León que hace monólogos con la ciencia: “Con humor es como mejor aprendo”
Ahora que ya está clasificada para la final nacional del certamen de monólogos Solo de Ciencia, la investigadora y docente de la Universidad de León (ULE) Sarah Panera (Ávila, 1995) todavía se recuerda con sus compañeras de piso estudiando el grado de Biología a ritmo de canciones. Justo un mes después de intervenir ante más de 800 personas en las semifinales en el Teatro Colón de A Coruña, se remite a la sensación de impotencia de aquel día en primer curso de la carrera en que se vio dominada por los nervios al hacer una presentación delante de apenas una veintena de personas. Así que, a menos de dos meses de aspirar en Madrid a llegar a la final de este concurso iberoamericano, Panera afronta el proceso como un reto de “superación personal” de su miedo escénico en un contexto general: el de avance de mecanismos de divulgación e innovación educativa frente al modelo clásico de memorización pura que tantos quebraderos de cabeza le dio para recordar fechas y batallas de la asignatura de Historia en el instituto.
“Resulta que no soy un individuo; soy un ecosistema andante”, soltó Sarah Panera en el monólogo titulado Madre de simbiontes que le valió en tierras gallegas su clasificación para la final nacional del concurso. El texto juega con un paralelismo: el de su vida personal ahora que acaba de cumplir los 30, su Instagram se llena de carritos de bebé y le preguntan que cuándo formará una familia; y la académica, en la que la microbiota es una de sus áreas de investigación y docencia. “A nivel microscópico, soy toda una madre coraje. Cuido de bacterias, hongos y virus que no son unos gorrones; al revés, muchos trabajan más que alguno de mis primos”, espeta en su intervención, una de las ocho seleccionadas para la cita del próximo 4 de junio en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde se elegirá al representante de España en la final iberoamericana, fechada para el próximo 28 de noviembre en San José, capital de Costa Rica.
Panera se enfrentó de niña y adolescente en el colegio y el instituto al modelo tradicional educativo basado fundamentalmente en la memorización de contenidos. Fue al comenzar sus estudios de Biología en la Universidad de León cuando encontró otras aristas: “Sí es cierto que, como hay un componente puramente práctico, sobre todo en las carreras de ciencias, varía un poco porque entras en el laboratorio, cacharreas un poco, y es distinto”. Y cita con “especial cariño” al Departamento de Fisiología Vegetal de la ULE, desde donde se exploraban vertientes de innovación docente e implicaban al alumnado en la faceta de la divulgación. Puede que ahí surgiera su vocación por transmitir conocimientos de una manera distinta al método habitual. El camino hasta llegar a los monólogos fue más largo.
“¡Quién te ha visto y quién te ve!”, le dicen estos a Sarah Panera. “Quien me conoce bien sabe que soy una persona supertímida. Desde siempre, me cuesta mucho hablar en público”, cuenta para poner un ejemplo: el de una presentación en primer curso de Biología. “Prácticamente me eché a llorar. Y eso que éramos 20 personas en mi clase. Yo no era capaz. Y me daba mucha rabia porque me había preparado el tema y no era capaz de articular palabra”, expone al señalar que su participación en el concurso de monólogos resultó también una manera de afrontar un reto de “superación personal”. El Teatro Colón de A Coruña, que cuenta con más de 800 butacas, se llenó para las semifinales: “Imagínate para alguien que tiene pánico escénico salir allí tú sola...”.
Su evolución personal ha ido acompasada a un progresivo cambio de paradigma para acercar el conocimiento científico a la población con otras claves. Espectadora habitual de la célebre serie estadounidense The Big Bang Theory, reconoce el impacto de esta ficción más allá de la pura comedia: “Me gusta mucho la serie. Ofrece una visión de los científicos un poco más cercana. Yo creo que siempre se ha visto a la gente que hace ciencia como muy seria, muy centrada en un tema y que está como aparte del resto de la sociedad. Y creo que ha podido contribuir a ese acercamiento”.
“Lo del humor es más reciente para mí”, reconoce Panera, que completó sus estudios de grado en Biología en la ULE para, posteriormente, ampliar su formación con másteres en Biotecnología, Bioinformática y Formación del Profesorado. Sus investigaciones se han centrado en el estudio de las bacterias resistentes a los antibióticos en la cadena de producción avícola. Fue en 2023 cuando salió a la palestra para empezar a superar aquel miedo escénico que la atenazaba con su participación en el concurso 3 minutos tesis, una intervención destinada a explicar en pocas palabras su tesis doctoral. ¿Y tú para qué quieres hacerle una PCR a un pollo? se titulaba la suya, cuya filosofía explica así: “No era algo tan humorístico, sino que intentaba explicar conceptos muy complejos de una manera que fuera más asequible”. Ella quedó tercera en la fase de la Universidad de León.
Intento hacer las clases lo más amenas y dinámicas. Y manteniendo siempre el rol de profesora, romper esa barrear e intentar ser más cercana
La experiencia en ese certamen entronca con otros hitos como su integración en el Grupo de Innovación Docente de la ULE Segurali-GID, volcado en los ámbitos de la seguridad alimentaria, la alimentación y la higiene de los alimentos, cuestiones que aborda a través de minitalleres en iniciativas como ferias o semanas de la ciencia en los colegios (incluso una escape room para que los chavales entiendan casos de contaminación cruzada). Y ahora profundiza como estudiante de doctorado de la Universidad a Distancia de Madrid en una vertiente de innovación docente en cuestiones de nutrición para hacerlas asequibles a los futuros profesores, que “son los que van a transmitir esos hábitos de conducta alimentaria a las nuevas generaciones”.
En medio de una actividad frenética, ha encontrado tiempo para el humor. Y es que en el día a día compatibiliza la docencia en el Campus de Ponferrada (dando clase de las varias asignaturas en el grado de Nutrición) y la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja), en este caso online (impartiendo una asignatura del máster de Microbiota Humana y corrigiendo Trabajos de Fin de Máster) con el análisis de datos y redacción de artículos derivados de su tesis doctoral en el Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de León. El éxito en el concurso de monólogos Solo de Ciencia contrastó con una sensación agridulce: la de constatar el lleno en el Teatro Colón con la escasa respuesta de público en iniciativas que también apuestan por la vertiente lúdica. “Yo”, contrapone, “llevo años preparando charlas y talleres para la Semana de la Ciencia; y al final te da rabia porque la gente o no se entera, o no le interesa, y no viene”.
“Con humor es como mejor aprendo”, sentencia Panera tras remitirse a los años de estudiante transformando los apuntes en canciones. Los tiempos han cambiado. “Y sabemos que tiene que haber un cambio en el modelo de enseñanza y de aprendizaje. Al final la sociedad evoluciona: ahora estamos con el móvil o viendo vídeos de TikTok. Yo creo que tiene que haber un cambio sin que tampoco desaparezca el modelo clásico, porque hay conceptos que es muy difícil de transmitir con estas iniciativas de innovación docente”, contrapesa. Ella trata de predicar con el ejemplo: “Intento hacer las clases lo más amenas y dinámicas. Y manteniendo siempre el rol de profesora, romper esa barrear e intentar ser más cercana”. Y ahora, tras relacionar la crisis de los 30 con su microbiota, ya prepara el monólogo de la final nacional (“me lo planteo quizá con un punto más didáctico”, apunta reservándose más detalles), en el que el humor volverá a ser aliado de la ciencia.