¿Oriol Junqueras se parece un poco a Manuel Flaker?

Como para ejemplificar que ya pasaron los tiempos de la dictadura en los que a don Manuel Fraga le daba mucha rabia que la izquierda cenara, Oriol Junqueras, sonrisa dentona, tonsura, barbita desgobernada y una gordura que le pone a su cuerpo y talle formato como de obispo (solo le falta la pluma dirían Chumy Chúmez y sus amigos de la revista La Codorniz), acaba de aterrizar en Moncloa.

Pero lo ha hecho así, con zapatillas de deporte y sin traje ni corbata ni nada. Y ese es el problema, que los republicanos (los del republicanismo de “quien parte y reparte se lleva la mejor parte para Cataluña porque la igualdad es que la periferia de regionalismo inflamado sea un vergel y la meseta y el sur se conviertan en un páramo y/o un desierto”), cuando vienen a Madrid, se olvidan de que, como nos enseñó Humphrey Bogart en Casablanca, el estilo es el hombre.

En efecto el presidente Sánchez acaba de recibir en Moncloa a Oriol Junqueras, y es al ver la instantánea televisada del encuentro cuando nos ha parecido que ese líder de Esquerra Republicana se parece a Manuel Flaker, sí, pero con tonsura en la corinilla como los mojes medievales de la Abadía de Santa María de Ripoll.

Merece un estudio teológico lo de la tonsura republicana de Oriol Junqueras, aunque la verdad es que en Cataluña toda la teología quedó para Jordi Pujol e hijos naturales y políticos (ellos, la sagrada familia de el Montserraterismo, los cuales precisamente ahora mismo están siendo juzgados por corrupción económica en los tribunales ce Barcelona sin que la prensa española diga nada sobre el asunto, como tampoco lo dicen en las homilías de Cataluña… por lo que sea).

Me ha contado muchas veces mi amigo el gran pintor leonés Adolfo Álvarez Barthe que una vez se encontró en León, en la Calle Ancha, a Jordi Pujol.

No creo que se encuentre nunca Adolfo en la Iglesia del Mercado a Oriol Junqueras, ni nada parecido. Vamos. Digo yo.

La Iglesia del Mercado

En fin, sí, lo cierto es que, los que somos muy devotos de la Virgen del Mercado, Madre de Dios y Madre Nuestra, vamos de vez en cuando a misa a la bellísima y solmene Iglesia del Mercado cuando la misa es para todos los públicos y no solo para kikos (así esta la cosa en ese templo; hasta tuve que asistir –no hallé otro modo– a las catequesis para adultos de los kikos para que mi hija pudiera tomar la Primera Comunión bajo la mirada de la Virgen del Mercado –me lo tomé con deportividad y me dije vale, voy por puro experimentalismo investigador, esto es, aprovecho para conocerlos mejor y para enterarme cuál es su sesgo católico/teológico y si es verdad que los kikos son el Opus de los pobres–, pero allí me dijeron sin decirlo que, como en los juegos de rol con arcanos, para enterarte de que va la cosa tienes que apuntarte y si no nada). Y, de cada dos veces que vamos a la Iglesia del Mercado, celebra tres veces Manuel Flaker siempre así, con su estilo de prédica entusiástica y breve donde no habla de teología sino solo de moral.

Pero hete aquí que últimamente siempre antes de la colecta dice que han tirado la casa del antiguo párroco don Enrique, y van a hacer ahí un casoplón para las celebraciones católicas pero restringidas de los kikos, aunque nos pide a todos los feligreses que seamos generosos. ¡No entiendo! ¿Eso no lo tiene que pagar en vez de toda la feligresía solo los de las comunidades de base, ahora llamadas neocatecumenales, ya que es un edificio mayormente para celebraciones de fe no universal?

Y más o menos eso mismo ha venido a pedir Oriol Junqueras a la Moncloa, la sede del gobierno de España todita toda, vestido él como con sotana informal de republicano: ha dicho que quiere revisar la financiación de Cataluña, esto es, que desea que con el dinero de todos, el de Moncloa, se convierta la Comunidad Autónoma de Cataluña en una renovada casa de don Enrique para celebraciones solo de catalanes, que son el pueblo elegido o algo así tanto para Junqueras como para Pujol, pero que los demás por allí ni pasemos si antes no nos empadronamos.

Perdonen la comparación que se me ha ocurrido –el poeta es aquel que en la vida está atento a las analogías, decía Baudelaire–pues soy un bufón friki que a nadie quiere ofender sino solo hacer sonreír, ya lo saben!

¿La parroquia es de Flaker?

En efecto la izquierda estaba castigada sin cenar en España no desde la etapa franquista de Manuel Fraga, sino desde que Valle-Inclán dejó de ser carlista estético. Pero ahora viene el republicanismo catalán fuera de forma y con tonsura a exhibir su mando en plaza en la Moncloa, o a decirnos sottovoce eso. Que la iglesia es suya. Y el mercado también. Y la virgen. Y el trozo más grande del pastel. Y que al resto de España, como a la feligresía sin adscripción. no nos queda más remedio que aceptar pulpo como animal de compañía y caminar por fuera del templo de nuestros antepasados porque la misa es para pocos y a puerta cerrada, así que los españolitos de apie hemos de ir a lo nuestro por la calle Escurial que da a la Plaza del Grano, la plaza granulada bajo nuestras huelas mientras el cielo está que rebosa de estrellas, aunque sintamos como, igual que en el poema de Blas de Otero, el cabreo y la lucidez te hacen rehén de la verdad y de la calle.

En Canciones para después de una guerra de Basilio Martín Patino, película de arte y ensayo sobre la postguerra, salía gente fina y estilizada por el republicanismo contestatario del hambre o por el oficializado ayuno cuaresmal de todo el año, casi lo mismo.

Ahora escribir artículos de humor en prensa (estos con los que aspiramos a convertirnos en el cronista de la España Friki y a reinos en serio o filosofar de broma), viene a ser tener que ver a los de las homilías del particularismo como olvidando interesadamente que el republicanismo, como el cristianismo, no es algo particular sino comunión.