TRIBUNA DE OPINIÓN El Bibliópata
El Bachillerato Internacional del Instituto Lancia
Dicen los periódicos que hay que recelar otra vez del aire libre porque viene en crucero (como en la novela de Agatha Christie Muerte en el Nilo) un nuevo virus que se contagia por el aire, que se contagia por aerosoles, y que infecta mayormente a quienes no han leído La peste de Albert Camus.
Por si acaso yo me encierro en una biblioteca-salón de actos con unos estudiantes como José Tomás se encerraba con seis toros.
En efecto, por mi premiosidad verbal mis gafas friquis y mi camiseta de Frankenstein, me invitan, durante esta primavera en la que el cielo tiene algo de alumbrado de posguerra, a impartir una conferencia sobre inteligencia, imaginación y creatividad a unos chicos y chicas que constituyen la élite pedagógica de León, los del magnífico Bachillerato Internacional del Instituto Lancia… Y resulta que se trata de una añada juvenil tecnosolvente y sobrecargada de materias y oportunidades a los que se les atiende, entiende y extiende en ese instituto con un ratio tan maravillosamente bajo (son dieciséis entre los dos cursos), que lo nuestro, más que una conferencia, bien parecía una reunión de los caballeros de la tabla redonda.
Hubo un tiempo en que en León se creía que el problema de los estudiantes avanzados se resolvía vistiéndolos a todos de tunos, enseñándoles a tocar la bandurria y formando rondallas (un estudiante vestido así no puede dar en subversivo, pues ya se sabe que el hábito hace al progre, y para progre hay que ir con pantalones, tatuajes, piercings y un imperdible para escroto como el que llevaban en los ochenta Almodóvar y Ramoncín).
Por eso asombra que la élite que cursa el bachillerato internacional en León no viste de pijo ni por dentro ni por fuera, sino que son una chavalería estupenda, moderna, eterna subida sin pretenderlo al racionalismo que parece que cuadra de las ciencias exactas, al cosmopolitismo que parece que abarca de estudiar idiomas sin salir de casa, y al humanismo filosófico y literario enciclopédico que ayuda a vivir la vida intelectual subido a hombros de gigantes incluso en estos tiempos en los que nos inventaron Google para acabar con nuestra memoria, inventaron los teléfonos móviles para acabar con nuestra atención e inventaron la IA para acabar con la creatividad…
Sin embargo aquí sigue entre nosotros la flor y nata escuchando conferencias, demostrando sin decirlo que la atención es la forma más pura de la generosidad (como decía Simone Weil), y leyendo entre líneas que la especialización intelectual es necesaria pero no es el nirvana, pero en tiempos oscuros la cultura es la solución, o es el consuelo cuando no hay solución.
Esperanza ante el futuro
He mirado a la ojos a esos estudiantes, todos con una preciosa historia por contar, todos y todas preparándose para bien luchar en las grandes batallas de su tiempo. Y me he llenado de esperanza ante el futuro y la cosa a pesar de que hayan vuelto los mandatarios cavernarios como Trump cuya finura de epidemiólogo le ha dado ganas de tirar una buena bomba atómica sobre el crucero ese, para, así, acabar enseguida por el bien del mundo con el hantavirus, con el crucero, con Cabo Verde y con Canarias… Esto es Trumpsilvania y olé.
He estado en verdad con los estudiantes del Bachillerato Internacional de Lancia y me han llenado el alma de gasolina para ir tirando (gracias de todo corazón), ahora que, por las guerras de Trump, no para de subir la gasolina.
— La gasolina es un impuesto indirecto —me dice mi quiosquero
— Pues si llega a ser directo nos parte el corazón, oiga.
— A mí como no conduzco no me afecta —replica con el mismo tono con el que Millán-Astray le gritó a Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca muera la inteligencia, y me deja, mediante esa idiota observación con cara de ahorcado a media salve.
Pero tanto como esos alumnos y alumnas brillantes como lámparas de minero me han conmovido sus profesores, los cuales están sacando adelante en León un Bachillerato Internacional, y están así transformando León.
En medio de la epidemia de estupidez que caracteriza nuestra época me conmueven en efecto los centros verdaderamente educativos como el IES Lancia donde los muchachos y muchachas cuentan con la siembra profesores que han sabido y saben abrir mentes, y saben asimismo que no deben formar militantes, sino que deben formar futuros ciudadanos críticos y lúcidos.
Por eso me conmueve hablar con estudiantes para hacerlos saber que no hay mejor patrimonio que pueda tener uno en la vida que un buen docente que sepa instruir a sus alumnos en el valor de la inteligencia, la dignidad y la belleza; que les dé capacidad de debate y de análisis; que los oriente hacia lo que él mismo no sabe, pero que intuye que está ahí; que los vaya llevando hacia territorios intelectualmente intensos.
Sin docentes no hay esperanza
La docencia, y especialmente la docencia que no trata de igualar a todos por abajo, es el gran elemento con el que contamos para que en el futuro no seamos basura como sociedad. Sin esos grandes docentes, y sin las grandes admiraciones que esos docentes manejan, no hay futuro posible. De hecho ellos nos hacen saber sin decirlo que hay que creer en el patriotismo cultural entendido como creer que la cultura, y las artes, y la ciencia, y el pensamiento, hacen mejor a la patria en su conjunto. Y creer que el país será mejor si cuenta con un pueblo educado, letrado y culto sobre todo en sus capas más bajas. Y creer que los que van abriendo camino para todo eso en un país son fundamentalmente los docentes. Sí, eso. Creer en los docentes que saben que sin Educación y sin Cultura no hay esperanza para un país (sin Cultura de verdad, no mera apariencia o diseño: sin la cultura que incluya conocimiento, profundidad, juicio crítico y una biblioteca como hábitat y como proyecto de vida). Y creer que son los docentes los salvadores de la patria, porque la Educación y la Cultura son el mejor antídoto contra nuestra historia de larga tradición de infamias y vileza, de delación, de inquisiciones y purgas, de revanchismos, de reyes imbéciles, y prelados fanáticos, y ministros incapaces que fomentaban la vileza y la violencia en vez de la Educación.
Hoy, que regresan con toda su furia a nosotros la guerra, la barbarie y los populismos de todo signo, los profesores y profesoras son lo mejor que tenemos para volver a fomentar la memoria histórica de lo bueno, y la desmemoria para con los agravios históricos (que no el olvido), por el bien de la convivencia y el futuro.
Queridos muchachos y muchachas del Bachillerato Internacional de Lancia: gracias por darnos tanta esperanza. Como las hojas de los árboles son las generaciones de los hombres, escribió el viejo y sabio Homero, pero aquí estáis vosotros, puliéndoos juntos como guijarros dentro de una bolsa gracias a vuestros profesores, para ser luego lanzados a la vida como saetas de luz.
Gracias por vuestro ejemplo… Y que seáis felices, y os lo parezca.