La primera residencia de mayores de Laciana cumple 25 años

La residencia geriátrica El Valle de Villablino cumple su primer cuarto de siglo prestado un servicio privado de atención con la total ocupación de sus 38 plazas disponibles, 28 residenciales y 10 en la unidad de convivencia.

Su directora, Nuria Panera, repasó para ILEON la trayectoria y las vicisitudes de estos veinticinco años transcurridos ofreciendo su servicio en Laciana.

Instalada sobre un edificio de obra nueva construido con esa finalidad, está ubicada en la Avenida de Constantino Gancedo, un área geográfica de Villablino bastante céntrica. Con un supermercado, una farmacia, el polideportivo, bares y restaurantes próximos, que algunos usuarios con movilidad y autonomía utilizan con frecuencia.

Cuenta con un área ajardinada propia, muy utilizada en épocas de climatología favorable y una terraza exterior orientada hacia la calle, que para muchos residentes es una zona de esparcimiento y conexión con el exterior.

La planta baja está ocupada por los servicios generales, cocina, oficinas, comedor, salas de estar y dos terrazas una abierta y otra cubierta y cerrada. El sótano para las dependencias de servicio para los trabajadores y lavandería.

Las dos primeras plantas para los residentes y en la tercera planta es donde se encuentra la unidad de convivencia, con capacidad para diez usuarios, que consiste básicamente en un piso o apartamento independiente con todos los servicios propios, donde residen personas con autonomía suficiente.

Una veintena de trabajadoras atienden las necesidades de los residentes: limpieza, vestuario, comidas, medicaciones, traslados y movimientos dentro del edificio, actividades; o cualquier otra necesidad que surja. Además de los servicios médicos públicos, que tiene la obligación de atender sus requerimientos, en especial para las medicaciones. Para una más inmediata atención mantienen un convenio de colaboración con la clínica privada Omedos, ubicada a doscientos metros de distancia, por la que dotan a los residentes de atención médica, de fisioterapia y de ATS.

Estos son los parámetros generales de la instalación, sus dotaciones y su funcionamiento cotidiano. La residencia es propiedad de una empresa familiar, Fidalgo y Panera SL, “son los apellidos de nuestros dos hijos”, explica Nuria Panera.

Sus 25 años de historia

Para comprar el terreno y su construcción, a finales del siglo pasado “pedimos un crédito hipotecario, que por cierto fue muy difícil que un banco lo aceptase, porque como nos decían, si fracasa el negocio, que va a hacer el banco con una residencia”.

El 2 de enero de 2001 abrió sus puertas. “Los primeros años fueron muy difíciles”, era la primera residencia que se abría en la comarca y no existía la mentalidad sobre estos centros que existe hoy en día. “Había una cierta desconfianza, tuvimos que hacer publicidad para darla a conocer, ir buzoneando por los pueblos del entorno y comarcas limítrofes”.

Fue la primera de las tres residencias geriátricas que hay en la actualidad en Laciana. Lo que obligó a romper el hielo y a generar la confianza suficiente de los lacianiegos en este tipo de establecimientos, que por aquel entonces se percibían con cierto recelo.

Los primeros años la ocupación de residentes no llegaba a la mitad de las plazas, “en ocasiones tuve que recurrir a mi padre para que me adelantase dinero para gastos, especialmente nóminas, afortunadamente hemos podido devolverlo todo y liquidar el crédito”.

Hasta lograr una cierta estabilidad económica pasó casi “una década”. La confianza de los usuarios y la mentalidad de los ciudadanos fue cambiando y las residencias comenzaron a ser, no un servicio excepcional, si no una necesidad y una exigencia.

Por eso, los últimos quince años, “hemos estado con una ocupación casi permanente de cien por cien, en la actualidad con listas de espera”. Nunca han optado a tener plazas concertadas, por decisión propia y hoy siguen sin ellas.

Nuria confiesa que el trabajo “en ocasiones resulta estresante y agotador”, y no reniega de él, “porque tiene también ratos excelentes y gratificantes, como las muestras de agradecimiento”. Personalmente asegura “ha sido y es una buena experiencia de vida”.

Si plantea una demanda, más bien una necesidad, “es difícil encontrar gente cualificada para trabajar en las residencias, hay escasez profesional, y ahora en Laciana hay tres residencias”, que dan empleo a cerca de un centenar de personas. Las tres residencias geriátricas de Laciana dan empleo a 83 personas, más del 90% mujeres