La saga de Sierra Pambley en el siglo XIX

Los historiadores leoneses han dado a conocer en diferentes congresos y publicaciones, la labor de los Sierra Pambley, apellido de raigambre que se une al destino de la provincia de León a lo largo del siglo XIX, principalmente. Autores conocidos como Francisco Carantoña, Elena Aguado, Pablo Celada, Carmelo de Lucas, entre otros, han buceado en las vidas y obras de estos hombres.

Esta saga tiene sus raíces en la tradición de hidalgos con extensa propiedad de terreno, una familia con posibles que bebió de la Ilustración del siglo XVIII y del liberalismo del XIX.

Los Sierra Pambley procedían de Asturias y se asentaron en el valle leonés de Laciana, para acabar convirtiéndose en un clan muy influyente en esta provincia.

Tres generaciones de políticos y hacendados

A través de tres generaciones seguidas se puede indagar en el peso patrimonial, político e intelectual de esta dinastía, cuyos representantes suponen el culmen del éxito económico y social, sin renunciar a sus ideas. Felipe Sierra Pambley (1774-1823) fue un hidalgo hacendado, nacido en Villablino, que hundió su pensamiento en la Ilustración y acabó ocupando diferentes puestos en la Administración, incluso llegó a ser ministro. 

Segundo Sierra Pambley (1808-1873), hijo de Felipe, nació en León y encarnó la generación de liberales moderados de su familia, prolongando su vida parlamentaria durante dieciocho años. Cubrió la segunda mitad del siglo XIX Francisco Fernández Blanco Sierra Pambley (1827-1915). Nieto de Felipe y sobrino de Segundo, fue un alto exponente del filántropo liberal que evolucionó desde la Unión Liberal de O`Donnell hasta los postulados republicanos.

Felipe, Segundo y Francisco acabarán traspasando en su dedicación el marco provincial leonés, hasta proyectar un talante de hombres de Estado, parlamentarios que se aplicaron en su labor mientras el constitucionalismo avanzaba en España. No obstante, en su doble vertiente, sus pensamientos, mensajes y obras encierran las claves del liberalismo leonés; burgueses de provincias con hacienda holgada, negocios privados y tareas públicas. 

Se involucraron en las tareas hacendísticas, en los círculos económicos de la época isabelina, en la acción política de cada etapa, en puestos de representación y gobierno de la provincia de León, hasta acabar creando una fundación y varias escuelas, exponentes de la acción altruista y generosa de esta familia.

Felipe Sierra Pambley, jurista y ministro

A partir de la Guerra de la Independencia, el protagonismo de los Sierra Pambley resultó indudable, siendo Felipe el primero que ocupa la escena pública. Sufrió represión con el regreso de Fernando VII (1814), pero también se benefició de la desamortización del Trienio Liberal (1820-1823), aumentando considerablemente su patrimonio.

Su protagonismo comenzó en el reinado de Carlos IV. Después de su paso por la universidad de Oviedo, se emplea en la Administración como hombre de leyes. La guerra contra los franceses trastocaría su vida y lo revierte a la actividad política, pues había entrado en la carrera imbuido del espíritu ilustrado y más tarde del liberal. Comprendió pronto que los estamentos, el absolutismo y el régimen señorial eran obstáculos para el avance del país. Debió de ser fundamental en la construcción de su ideario el contacto con la familia Canga Argüelles, de hecho, se casaría con una sobrina de José, Joaquina Álvarez Blasón, vínculo que le reportaría pingües beneficios.

Involucrado con esta familia asturiana, Felipe Sierra Pambley obtiene en 1802 su primer nombramiento en Hacienda: comisario regio de arbitrios de aguardientes y licores de la provincia de León y de la subdelegación de Asturias. De recaudador saltará al despacho encargado de agilizar los trámites y ventas de bienes desamortizados en la provincia, durante el Gobierno de Godoy, oficina que le familiarizó con un proceso clave para incrementar el patrimonio familiar. 

Por encargo de la Academia de la Historia, elaboró también el listado de los monumentos de la provincia leonesa. Todos sus cometidos van formando una predisposición personal para crear una administración ágil y eficiente, especialmente en la aplicación de subastas de tierras desamortizadas. En 1807 se convertía en contador principal de la provincia de León.

Se implicó en la Guerra de Independencia (1808-1814), a la vez que se alejaba de Godoy, de quien conservaba un retrato que arrojó por el balcón de su casa en señal de repulsa y que los leoneses quemaron tras rodear su domicilio, después de haber protagonizado una algarada callejera. La lucha contra los invasores le llevó a formar parte de la Junta Suprema de León para organizar la resistencia en la provincia. Ante el avance francés, permanecerá en Villablino, zona libre de la ocupación, asistiendo a las reuniones de la Junta en Villafranca del Bierzo. Fue nombrado intendente de Palencia y luego de León, y más tarde fiscal del Tribunal de Vigilancia y Seguridad Pública, además de contador interino de rentas de León, hasta casi acabar la guerra. 

La vuelta al absolutismo al regresar Fernando VII le mantendrá tres años en el ostracismo político, hasta que en 1817 es nombrado intendente de Canarias, territorio donde, con eficacia, duplicó la recaudación de ejercicios anteriores. Pero la etapa de su mejor labor política estaba por llegar: será el Trienio Liberal, cuando los liberales toman el poder, desempeñando en ese corto período de tiempo varios cargos, todos en línea ascendente. Miembro de diversas comisiones, destacó en las Cortes por su labor hacendística, figurando sus intervenciones en un centenar de páginas. 

Urgía solucionar el grave problema de las finanzas estatales para dinamizar la Administración y evitar el colapso del sector público. Urgía, en resumen, incrementar ingresos y reducir gastos, ante una situación nacional que él analizó de forma puntillosa tras la pérdida de las rentas que llegaban de la América colonial. España atravesaba una nefasta gestión en su fiscalidad, un débil sistema de recaudación y un enorme montante de la deuda, además de cargas tributarias al límite en el campesinado y deterioro del crédito público.

Felipe Sierra Pambley fue intendente de Segovia, director de Contribuciones Directas, director general de Hacienda Pública, diputado a Cortes por León, secretario del Despacho de Hacienda (con Martínez de la Rosa de titular) y ministro de Hacienda del Trienio Liberal, aunque la cartera, con la inestabilidad política de la época, le duró poco tiempo, del 28 de febrero al 6 de agosto de 1822.

En su credo defendió medidas para limitar el poder de la Iglesia, apoyó la expulsión de los jesuitas, impulsó la abolición del diezmo y la desamortización eclesiástica. «Los cuerpos inmortales no deben de poseer bienes raíces» -decía. También se mostró sensible al estado financiero de los pueblos y ciudades, para los que defendió un plan de contribuciones nuevo. No descuidó los intereses personales ni los vinculados a León, de hecho, veló por los derechos tradicionales de la cabaña lanar trashumante, en la que se asentaba parte de su patrimonio.

¿Fue masón Felipe Sierra Pambley? Las logias estuvieron muy activas en el Trienio Liberal, pero desorganizadas. Los informes policiales –de dudosa veracidad– señalaban a 1.753 masones de esa época con cargo público. En algún documento, Felipe figuraba bajo el seudónimo de Nékar, nombre de extraño significado. En la tradición árabe, se refiere al hombre que conduce los bueyes, aunque también pudiera tratarse del nombre de una estrella de una constelación cercana. 

Falleció en Madrid en 1823. Fue un hombre de Estado, pragmático en el ensayo del liberalismo económico, un exponente de la liberalización económica del Trienio Liberal. La suya fue una muerte prematura tras una enfermedad que le libraría de la represión que sufrieron los liberales tras la vuelta al absolutismo. No vivió para ver la confiscación de los bienes que había adquirido en las subastas de la desamortización, siendo obligada su familia a vender otras propiedades para sobrevivir. Su hijo Segundo contaba 16 años cuando él murió. Habría que esperar mejores tiempos para recuperar poder e influencia.

Segundo Sierra Pambley

Nació en León (1807), estudió leyes como su padre Felipe y fue admitido como abogado de los Reales Consejos; aquel era un puesto deseado por cualquier hombre de Derecho.

Junto a Fernando de Castro, vertebra el mundillo provincial de mediados de siglo; un ambiente singular que integraban las élites políticas e intelectuales de León. Segundo Sierra Pambley fue diputado de larga presencia en las Cortes, intercalándolo con períodos de política provincial, a la que nunca olvidó mientras vivía en Madrid. Su carrera corrió pareja a la creación del Estado Liberal, integrándose no sólo en la política, sino también en los círculos económicos y los negocios de la etapa isabelina.

Se afilió al moderantismo, al Partido Moderado y -al igual que su padre- no fue proclive al favor de la Iglesia, de hecho era –si se puede decir así– poco creyente. Fue plenamente consciente de la saga a la que pertenecía e hizo honor a esa condición, convirtiéndose en un burgués de provincias con éxito en los negocios. Llegó a formar parte del círculo de amistades del marqués de Salamanca. 

Hizo negocios e inversiones en León y Zamora, practicó la trashumancia y el comercio lanar, estableció comercio con los pañeros de Béjar, a quien vendía la lana de sus ovejas, fue accionista del ferrocarril minero de Langreo, donde confluirán intereses privados de la exregente María Cristina y del marqués de Salamanca. La revuelta de 1854 en Madrid, que acabó haciendo arder las mansiones de la reina y del afamado marqués, estuvo muy relacionada con los lucrativos negocios de ambos.

Administró desde los 24 años el patrimonio familiar, parte de él obtenido en las subastas de tierras del clero en el Trienio Liberal. En 1835 fue elegido diputado por la circunscripción de Murias de Paredes, repitiendo varias veces en el escaño. Ejerció trece años como diputado y cinco como senador, alternándolos con cargos en provincias: gobernador civil de Palencia y Zamora, alcalde de León, representante en la Diputación Provincial. 

Poseía un carácter tranquilo y un talante moderado, aceptando la normas del juego político sin aspavientos. Hasta llegó a calificar los comicios que convocó Bravo Murillo en 1851 de “libres y limpios” cuando todos sabían que estaban manipulados. La Revolución de 1868 pondría fin a la monarquía de Isabel II y a la carrera política de este leonés.

¿Qué fue de su vida privada? Se conocen poco sus costumbres íntimas. Proyectó casarse con su sobrina, Victoria Fernández Blanco, dieciocho años más joven que él, además de ejercer de tutor de ella y de sus hermanos. ¿Trataba de esa manera de proteger el patrimonio familiar? ¿Estaba enamorado o le movían otras intenciones más oscuras? 

Confiando en convertir a la joven Victoria en el centro de su nuevo hogar, adquirió en 1843 el edificio que había pertenecido al Cabildo de la Catedral de León, pujando en una subasta de bienes desamortizados. El solar hacía esquina a la plaza, frente a la Seo leonesa. Don Segundo levantó una casa que hoy luce como exponente de un tiempo de esplendor, de fachada lisa, provista de balcones y miradores al gusto burgués, con un interior que respondía a criterios de racionalización, utilidad y aprovechamiento de los espacios, propio de un patricio de raigambre con solera. La casa contaba con salas de música y juegos, gabinetes, despachos, varios comedores, tocador, retrete... Lo último en aquellos tiempos. Una casa con braseros, estufas, bañera móvil y bidé. El mobiliario y decoración respondían al estilo francés. 

El conjunto respondía a una escenificación de felicidad doméstica, de hogar con estilo, propio de la burguesía liberal. Pero faltaba lo principal. Victoria dijo no al matrimonio con su tío y el sueño se rompió, de hecho, Segundo Sierra Pambley nunca llegaría a habitar la casa, hoy emblema de la saga, con casa-museo, biblioteca, archivo de la Fundación y demás dependencias. Tras el rechazo por parte de su sobrina, permanecería soltero el resto de su vida.

Segundo se volcó entonces en la política y los negocios. Gozó de una gran influencia en León, que vio aumentada por la acción de su cuñado y también parlamentario, Marcos Fernández Baeza. En las tareas de las instituciones leonesas atendió muchos asuntos, como un informe sobre la independencia de las colonias americanas o la viabilidad de crear una escuela Normal de maestros en León.

Paco Sierra

Su nombre completo, menos conocido, era Francisco Fernández Blanco y Sierra Pambley. Hombre público, continuador de la saga, montañés recio, rico hacendado, fundador de escuelas, filántropo. Nieto de Felipe, sobrino de Segundo e hijo de Marcos, noble hacendado de la ribera del Órbigo. Su madre, María, era hija de Felipe Sierra Pambley. Paco Sierra –así se le conocía– nació en Villablino (1827) y murió en Madrid (1915), ocupando su obra el último tercio del siglo XIX.

Con un terreno ya abonado por sus antecedentes familiares, a la muerte de su tío Segundo ocupará la vacante en la Junta Provincial de Agricultura, Industria y Comercio de León. También entró en la Junta de Ganadería. Había estudiado leyes y se sentía atraído por la política, campo en el que experimentará un acomodo cambiante: del moderantismo liberal, a la Unión Liberal de O'Donnell y luego al radicalismo monárquico de Ruiz Zorrilla, para acabar abrazando el credo republicano, acaso sostenido por un desencanto personal progresivo en el campo de la política.

En 1856 entró en la mesa de la Diputación Provincial de León por el partido judicial de Murias de Paredes. Dos años después llegaría al Parlamento, por el distrito de Murias, de la mano de su tío Segundo. En 1860 firmará como diputado la proclama contra la Guerra en África, dejando de apoyar a O'Donnell y su espíritu expansionista. No fue un parlamentario de oratoria, limitándose a escuchar en la mayoría de los debates del Congreso.

De credo democrático, don Paco apoyará en septiembre de 1868 a la Junta Revolucionaria de León, en la que figuraban hombres progresistas como Mariano Álvarez Acevedo, Felipe Fernández Llamazares, Pablo Flórez y Miguel Morán. En 1871 se encontraba en el cenit de su participación en la vida parlamentaria, saliendo elegido en la Cortes de Amadeo I diputado progresista por el distrito de la capital. Mostró talante progresista con algunas excepciones, de hecho votó en contra de la legalización de la Internacional obrera en España (la AIT), apoyando con su voto a monárquicos conservadores y carlistas. 

No termina ahí su viaje político, pues en la pugna entre los radicales de Ruiz Zorrilla y los constitucionales de Sagasta, apoyará a éste último, ahondando así en la ruptura entre ambas fracciones. Siguió al lado de Sagasta con la Primera República y, tras el golpe militar de Pavía (1874), formará parte de la gestora que gobernaría la disuelta Diputación Provincial. Siguió como diputado en la Restauración, aunque con desencanto político, pues su perfil de librepensador le acercaba a la figura en el exilio de Ruiz Zorrilla y más aún al republicanismo de su amigo Gumersindo de Azcárate.  

En 1886 se dedicará por completo a la fundación de escuelas y a la administración de su patrimonio. Ya de retirada de la vida pública, rechazó el puesto de senador. Cossío dijo de él que era una armoniosa conjunción entre liberalismo y aristocracia, defendiendo la libertad y practicando la filantropía. 

Don Paco Sierra heredó y reunió el patrimonio familiar de su tío, que abarcaba cuatro casas (en Madrid, León, Villablino y Hospital de Órbigo), terrenos en las comarcas de Laciana, Babia y Órbigo, dos dehesas en Zamora, la cría de dos mil cabezas de ganado lanar y una yeguada que pastaba en las laderas de Peña Ubiña, con sus puertos y sus cotos de pastos de verano. 

Él mismo supervisaba muchas tareas, como el esquileo de sus ovejas, los apriscos de invierno y los traslados de trashumancia. Excepto los viajes largos, realizaba los desplazamientos en coche de caballos o en mulo, nunca en automóvil, aunque en los últimos años de su vida éste era un medio muy utilizado.

Su atracción por el krausismo y su espíritu altruista le impulsan a fundar cuatro escuelas en la provincia de León y una en la de Zamora, consultando los pormenores con Gumersindo de Azcárate, Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío. Se rodeó de la punta de lanza pedagógica para poner en marcha sus proyectos educativos.

La primera de las escuelas la creó en Villablino en 1886, dedicándola a la enseñanza primaria y la adquisición de conocimientos mercantiles y agrícolas, siendo base de la benéfica Fundación Sierra Pambley. En 1907 fundó otras cuatro escuelas más, también de instrucción primaria y conocimientos de agricultura o industria: dos en León, una en Villameca y otra en la zamorana población de Moreruela de Tábara.

Soltero, desencantado de la práctica política, protector de alumnos necesitados, hacendado rico, amigo de los mejores puntales de la Institución Libre de Enseñanza, apasionado de la cría de ganado y de las temporadas de ópera en Madrid, Francisco Fernández Blanco Sierra Pambley, don Paco, cierra un ciclo singular de una familia no menos señera. Al morir, dejará la casi totalidad de su fortuna a la Fundación que llevaba su nombre. 

El resto es historia de esta tierra, tan necesitada de gestos como el suyo.