Un estudio de la ULE destaca el renacer de los antruejos: de rito ancestral a motor de identidad y turismo sostenible

Agencia EFE

Los antruejos de León, una de las manifestaciones de carnaval más antiguas y singulares de España, viven hoy un momento de expansión sin precedentes.

Así lo refleja un estudio de la Universidad de León (ULE) publicado recientemente en la revista científica Tourism and Hospitality, que analiza desde una perspectiva antropológica cómo estas mascaradas invernales, arraigadas durante siglos en pequeños pueblos rurales, se han convertido en un ejemplo de revitalización cultural, orgullo comunitario y atractivo turístico emergente.

La investigación —basada en trabajo de campo, entrevistas y análisis documental realizado en 24 localidades de Castilla y León, doce de ellas leonesas— concluye que los antruejos han pasado de estar en riesgo de desaparición en los años 80 a convertirse, en pleno siglo XXI, en un fenómeno identitario en auge que combina tradición, reinterpretación y nuevas formas de gestión cultural.

Desde 2023 las mascaradas de Castilla y León cuentan con la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC), un reconocimiento que ha impulsado su protección, documentación y visibilidad pública.

Según el artículo, esta catalogación ha permitido consolidar procesos de salvaguarda y facilitar recursos para inventarios, publicaciones y exposiciones, además de reforzar la transmisión intergeneracional en los pueblos que las celebran.

Las mascaradas se caracterizan por la presencia de personajes arquetípicos —diablos, guirrios, zamarrones, jurrus, madamas— que, mediante máscaras de madera, pieles, cencerros y utensilios rituales, encarnan figuras que simbolizan el caos, la inversión del orden y la renovación comunitaria propia del ciclo de carnaval.

Se trata de ritos liminales, según los autores, que “suspenden por unas horas las jerarquías y permiten una transformación simbólica de la identidad individual y colectiva”.

El estudio destaca el protagonismo de asociaciones culturales, juntas vecinales y grupos de jóvenes que, desde la década de 1980, han rescatado personajes, trajes y rituales a punto de extinguirse y han devuelto a estas fiestas su papel central como elemento de cohesión social. Hoy existen 24 celebraciones activas en la provincia, muchas de ellas con continuidad histórica y otras recuperadas tras décadas de interrupción.

Casos como Llamas de la Ribera, Alija del Infantado, Carrizo de la Ribera, Velilla de la Reina o Tremor de Arriba se han convertido en referentes por su capacidad de combinar tradición, participación vecinal y una creciente proyección exterior.

Temor a la folclorización

La expansión turística es uno de los fenómenos recientes más destacados. Algunas mascaradas se exhiben hoy en desfiles urbanos —como el que reúne cada año a cientos de participantes en la ciudad de León—, lo que ha multiplicado la asistencia de visitantes. Sin embargo, esta apertura plantea dilemas.

El artículo advierte que sacar los ritos de su contexto original puede generar tensiones entre autenticidad y espectáculo. Muchos vecinos temen que la tradición se folclorice si se convierte en un producto exclusivamente turístico, mientras que otros ven en ello una oportunidad para dinamizar la economía local, atraer visitantes en temporada baja y dar visibilidad a pueblos amenazados por la despoblación.

Aunque aún no existen datos económicos oficiales, el estudio confirma que estas celebraciones generan un impacto “visible” en hostelería, alojamiento y comercio local durante los fines de semana de fiesta.

La proyección internacional es otro fenómeno en crecimiento. Exposiciones como Masks: Symbols of Identity, organizadas en colaboración con Portugal y América Latina, y los Congresos Internacionales de Mascaradas, celebrados desde 2021, están situando a León dentro de un circuito ibérico y global dedicado a la investigación y difusión de estas tradiciones.

Los autores señalan cinco retos clave para el futuro: asegurar una gestión turística ética y sostenible, reforzar la educación patrimonial en escuelas rurales, continuar digitalizando los fondos documentales, ampliar la cooperación internacional y fomentar estudios de impacto que permitan diseñar políticas de conservación más eficaces.

Pese a los desafíos, la investigación concluye que los antruejos atraviesan “un momento de madurez y expansión”, en el que conviven la ritualidad ancestral, la creatividad contemporánea y un creciente interés social. Un equilibrio delicado, pero que convierte al antruejo en ejemplo de cómo una tradición local puede seguir viva, transformarse y seguir hablando al presente.