Las fiestas cívicas, motor del Liberalismo decimonónico en León y en Castilla entre 1833 y 1841

Agencia EFE

29 de marzo de 2026 20:00 h

El historiador zaragozano Daniel Aquillué –experto en el siglo XIX español con su magna obra España con Honra en la que desmiente que aquel momento fuera tan desastroso en comparación con los demás estados nacionales europeos como se ha venido indicando por la historiografía tradicional– ha realizado un nuevo estudio en el que da valor a las fiestas cívicas del Liberalismo decimonónico en las ciudades de León, Zamora y Salamanca en la Región Leonesa y en las de Castilla La Vieja.

Las ciudades del Viejo Reino de León y de Castilla La Vieja –agrupadas militarmente en la Capitanía de Castilla La Vieja– se convirtieron en espacios clave para la politización popular y la consolidación del liberalismo durante la regencia de María Cristina y la Primera Guerra Carlista, según un estudio recientemente publicado en la revista histórica editada en la Universidad de Salamanca El Futuro del Pasado.

Su autor, el Daniel Aquillué Domínguez (Zaragoza, 1989), historiador especializado en el siglo XIX –que se hizo un hueco en la esfera de historiadores españoles en 2021 con su interesante libro Guerra y Cuchillo en el que describe los sitios de Zaragoza durante la Guerra de Independencia Española– y uno de los jóvenes investigadores más activos en el análisis de la cultura política liberal, sostiene que las fiestas cívicas celebradas entre 1833 y 1841 desempeñaron un papel decisivo en la construcción simbólica del nuevo régimen.

El trabajo consultado por la Agencia EFE analiza celebraciones en Burgos, Valladolid, Zamora, Segovia, León, Palencia, Ávila y Salamanca y concluye que proclamaciones reales, ceremonias constitucionales, juras de banderas, funerales por mártires y recepciones militares constituyeron “una auténtica maquinaria de movilización emocional y política”.

Según Aquillué, estas festividades “transformaron el paisaje urbano y la experiencia política de miles de habitantes”.

Las plazas mayores se convirtieron en epicentros del liberalismo donde se levantaban tablados, se descubrían lápidas constitucionales y se exhibían retratos de Isabel II. Iluminaciones, repiques de campanas, desfiles de la Milicia Nacional y música creaban un ambiente que buscaba conmover y unir al vecindario en torno al nuevo sistema.

Valladolid celebró la proclamación de Isabel II en noviembre de 1833 con un recorrido ceremonial y un sorteo de dotes para huérfanas, mientras que Zamora erigió un monumento al Estatuto Real en la plaza de la Hierba.

En Segovia o Burgos, las fiestas constitucionales llenaron las calles de desfiles, banderas, cohetes y bailes.

Rituales públicos y cultura inmateral

El estudio destaca el papel de la Milicia Nacional como símbolo de ciudadanía armada. Sus juras de bandera, cargadas de solemnidad y emoción, reforzaron la idea de un pueblo dispuesto a defender la libertad “con las armas si era necesario”.

También cobraron especial relevancia las exequias por los caídos en el sitio de Bilbao (1836), concebidas como “funerales políticos” en los que la muerte se sacralizaba para alimentar la cohesión del bando liberal.

Estos rituales, según Aquillué, trasladaron al espacio público ceremonias antes exclusivas de reyes y nobles y las pusieron al servicio de nuevos héroes: milicianos, generales progresistas como Espartero o víctimas de la represión absolutista.

El artículo revela la importancia de la cultura material en estas celebraciones: obeliscos, lápidas, colgaduras, carrozas alegóricas, banderas nacionales y retratos oficiales.

El “azul cristino”, popularizado por la reina gobernadora, se convirtió en color político; mientras que las cintas verdes con el lema “Constitución o muerte” reaparecieron con fuerza tras el verano de 1836.

Las canciones patrióticas, con el Himno de Riego al frente, resonaban en teatros, desfiles y plazas. En muchos casos, las celebraciones combinaban momentos solemnes -tedeums, discursos y juramentos- con bailes públicos, corridas de novillos y fuegos artificiales.

Cuatro tipos de fiestas cívicas

 Aquillué propone una clasificación de las fiestas cívicas en cuatro grandes categorías, empezando por las monárquicas tradicionales, como la proclamación de Isabel II en 1833, herederas de los ceremoniales del Antiguo Régimen.

En segundo lugar estarían las monárquico‑liberales, vinculadas al Estatuto Real y a la figura de la reina gobernadora, que buscaban legitimar la nueva monarquía constitucionalizada.

Las fiestas constitucionales, centradas en la promulgación, jura y difusión de la Carta Magna. Y, por último, las de ciudadanía combativa, destinadas a exaltar a la Milicia Nacional, a los mártires liberales y a los aliados portugueses que combatieron en defensa del régimen isabelino.

El estudio concluye que estas celebraciones fueron “fundamentales para la difusión emocional, simbólica y social del liberalismo”, y permitieron que la población interior de España asumiera los valores del nuevo régimen durante su construcción.

Referencia: Daniel Aquillué Domínguez — 'Fiestas cívicas en España a través de las ciudades de Castilla y de León' (1833-1841). Revista El Futuro Del Pasado (2026) | DOI: 10.14201/fdp.31716.