Grandes humedades amenazan con que la iglesia de Palanquinos se derrumbe sobre un preciado retablo del siglo XVI

Un retablo del siglo XVI, de gran valor artístico por pertenecer a los seguidores de la Escuela de Juan de Juni, se encuentra en peligro de destrucción debido al mal estado de las paredes y columnas que sujetan la bóveda de la iglesia de Palanquinos, una localidad del Alfoz de León.

Esto es lo que denuncian los feligreses y vecinos, alarmados por las enormes manchas de humedad y las grietas que aparecen en las paredes del enorme templo de Nuestra Señora de la Anunciación, y preocupados tras el nefasto ejemplo del derrumbe del ábside de la iglesia mudéjar de Muriel de Zapardiel (en Valladolid), que en el caso de la población aledaña a la capital leonesa puede dañar gravemente una de las joyas escultóricas y pictórica del Renacimiento Leonés: un retablo adjudicado a los seguidores de Juan de Juni; el mismo escultor que realizó el Coro de San Marcos y, en el mismo claustro de la sede central de la Orden de Santiago (hoy Parador Nacional), el relieve del Nacimiento.

Los feligreses de la parroquia de Palanquinos han advertido a la arquitecta del Obispado de la situación, pero aseguran que no han recibido contestación alguna. Según una de ellas, Mar Villamandos, en estos días de lluvia “se han producido unas enormes humedades porque el tejado está mal y se ven ríos de agua por el suelo cuando llueve fuerte”.

La vecina explica que los problemas en la iglesia de la Anunciación de Palanquinos –que se construyó en los años 60 y por lo tanto no está protegida, salvo la torre que es más antigua y que la tiene genérica por ser de hace varios siglos–, “llevan bastante tiempo” y , aunque este año pasado el Obispado de León reparó “lo que es el pórtico”, añadiendo que “la parte de atrás también la limpiaron subiendo un poco una pared, pero nada más. Pero lo que es de la de la iglesia, pues está todo sin retejar desde hace mucho tiempo y con la cantidad de lluvia que está cayendo este año las humedades han crecido de tal forma que son alarmantes”.

Asegura que se ha puesto en contacto con la diócesis leonesa “varias veces” para advertir de la “peligrosa situación”, pero que no ha recibido respuesta alguna.

Mar Villamandos muestra su preocupación “no sólo por las obras de arte que hay dentro de la iglesia, como el retablo, sino porque se puede caer encima de la gente”. Las últimas borrascas han empeorado tanto la situación que, de una gotera que daba problemas se ha pasado a ver unos manchurrones de agua en las paredes más que preocupantes. “Caer como ha caído ahora por todos los por todas las paredes no. Sí, había una gotera ahí en el centro que caía cuando llovía, pero esto que está pasando ahora no”, asegura.

La vecina de Palanquinos recuerda que no hace mucho “cayó la torre de la iglesia de Villaturiel” (en 2024) y eso lo tienen muy presente todos los feligreses, que se temen que pueda ocurrir una fatalidad. También exige a las administraciones que se impliquen en dar una solución a las humedades “antes de que ocurra una desgracia”.

Por su parte, el Obispado de León afirma que no tienen noticia de la situación, pese a la contundente repetición de la vecina a este periódico sobre que lo “ha advertido numerosas veces y no hacen ni caso”. La contestación de la Administración Diocesana a este periódico, cuando se les informó de lo que ocurría para ver qué medidas tomaban, fue que no les había llegado “ningún aviso sobre la situación de la Parroquia de Palanquinos”. Aunque para inmediatamente añadir que “recientemente se ha firmado el convenio ‘Iglesia Abierta’ entre la Diócesis y la Diputación de León para obras de emergencia en templos de pequeñas localidades, abierto a la participación de ayuntamientos y de juntas vecinales, y que en el marco de este convenio se podría afrontar esa situación de la parroquia de Palanquinos”.

Un retablo de la Escuela de Juan de Juni

Ya no sólo es que puedan peligrar los feligreses si no que se puede dañar una pieza renacentista de primer nivel del siglo XVI. El retablo es lo más valioso que hay actualmente en la iglesia, que fue en la que estuvieron las famosas tablas del Maestro de Palanquinos que ahora están en la Catedral y el Museo de León. También alberga el templo algunas esculturas religiosas del siglo XVIII, pero el retablo se conserva en un estado íntegro, y aunque tampoco está declarado Bien de Interés Cultural profesores de la Universidad de León afirman que tiene “una calidad inmensa”.

“Es además uno de los mejores ejemplos de retablos de ese momento por muchos motivos. Está documentado, hay un montón de información sobre él y es una pieza clave para entender la escuela de Juan de Juni en León”, aseguran.

La principal información sobre las fechas y la factura del retablo (entre 1562 y 1579, y para el caso de las pinturas 1584), según recogió la historiadora del Arte Aránzazu Oricheta, se extrajo de los pagos efectuados a los artífices: “En ellos se citan seis autores que intervendrían en el conjunto: Juan de Angés como imaginero; Bartolomé de Laiz y Bartolomé del Campo como entalladores; Bartolomé de Carrancejas, Alonso Lobato y Juan de Zamora como pintores5 . En cuanto a las tablas, pertenecen a dos pintores diferentes (quizás, por similitud de pagos, Bartolomé de Carrancejas y Alonso Lobato, realizando Juan de Zamora la pintura y dorado del ensamblaje y la talla, al percibir mayor cantidad de dinero) siendo imposible diferenciar qué tablas son de uno u otro, dado la falta de estudios exhaustivos sobre estos artistas”.

Ante las preguntas de ILEÓN a la Junta de Castilla y León sobre si conocían la situación, el Servicio Territorial de Cultura y Patrimonio de la Administración autonómica informó con rapidez de que se “giraría una inspección arquitectónica”, nada más observar las fotografías de las humedades, “con tal de valorar la situación y emitir un informe del retablo y actuar en consecuencia”.

Los vecinos confirmaron que un arquitecto de la Junta revisó ayer viernes el templo (se les consultó por parte de este periódico el jueves) y que consideró que las humedades eran lo suficientemente llamativas como para prestarle la atención debida al estado del edificio.