‘La espera’, el cómic nacido en Riaño que transforma el lobo feroz de los cuentos con moraleja: “Hace falta pedagogía”

Viñeta del cómic sobre los lobos 'La espera', de Mario Trigo.

César Fernández

12 de julio de 2026 08:11 h

Mario Trigo (Torrelavega, Cantabria, 1980) viajó en 2015 a Riaño para hacer un reportaje sobre el lobo. Pero la realidad ya se había encargado de escribir un guion más largo. Llegaba marcado por su propia biografía: un árbol genealógico con ramas en lugares tocados por la naturaleza, familiares ganaderos incluso con guiños en la antroponimia, una infancia con la banda sonora de El hombre y la tierra y la voz y las inflexiones en la narración de Félix Rodríguez de la Fuente de fondo, y su mujer a punto de salir de cuentas. Y se encontró con un entorno con su propia historia: la de una población resistente y un pasado anegado. El trabajo periodístico quedó en un cajón y emergió un proyecto literario que tomó por género el cómic y por título La espera con una triple explicación: por la aparición de los cachorros, el nacimiento de su hija y la incertidumbre de vecinos que vivieron décadas bajo la amenaza de una inundación que se hizo efectiva sin miramientos ya en plena democracia. El resultado es, además, una forma de darle la vuelta a los lobos feroces de los cuentos hasta reivindicar el futuro de la especie.

Los paralelismos se suceden en la historia íntima del proyecto. Mario Trigo nació justo después de la muerte en accidente en 1980 de Félix Rodríguez de la Fuente, el divulgador que le hacía de niño rebobinar las cintas y el naturalista cuya labor propició la primera regulación de la caza del lobo. La primera hija de Trigo, Emilia, vino al mundo al poco del regreso de su padre de aquella expedición por encargo de la revista de viajes Altaïr Magazine para documentar el avistamiento de una camada de lobos en la Montaña de Riaño. Él creció con los documentales de Rodríguez de la Fuente y los cuentos que le narraban sus padres. “Y en esos cuentos el lobo daba miedo, pero no era necesariamente malo. Lo que me generaba era fascinación”, expone Mario Trigo, que aplicó la misma premisa a su hija, quien ya se crio en una época de resignificación de este tipo de animales en la literatura infantil. “Hoy el lobo simpático bate por goleada a los lobos clásicos en los cuentos”, subraya. Y Emilia tiene una cuota de protagonismo en su cómic.

La propia historia experimentó giros de guion que confirman aquel aforismo de que a veces la realidad supera a la ficción. La estancia de Mario Trigo en Riaño se produjo entre finales de agosto y principios de septiembre de 2015. Había llegado procedente de Barcelona. Y estaría acompañado por miembros de la empresa de viajes y fotografía de naturaleza Wildwatching, radicada en esa localidad de la Montaña Oriental Leonesa. El objetivo era avistar cachorros de lobo en puntos de reunión fácilmente localizables a la salida de la madriguera en un plazo de cuatro días. Cada jornada comenzaba muy temprano y se dividía en dos partes: varias horas desde la madrugada hasta la primera luz del día; y otras tantas desde el atardecer hasta la entrada de la noche. La espera resultó infructuosa hasta que finalmente, en la cuarta y última ocasión, aparecieron los lobos. “Fue un golpe de suerte. Podría parecer que hubo una intención narrativa. Pero realmente fue así”, reconoce el autor. Su hija también puso de su parte. Y esperó a nacer a su regreso de Riaño.

Mario Trigo y la portada de su cómic sobre lobos 'La espera'.

Aunque el resultado fue redondo desde el punto de vista narrativo, Trigo recalca el valor de la experiencia con independencia de que aquel cuarto día acabaran apareciendo los lobos. “No sólo contaba el premio de ver al animal, sino que gran parte del interés pasaba por comprobar cómo en la observación hay un aprendizaje de la paciencia. Y a mí me permitió ver otras especies o ver cómo el bosque cambia con los cambios de luz”, señala para hacer ver una sensación que expone con igual filosofía y en otras palabras en el propio título de la obra, La espera. Algunas cosas que aprendí sobre la paciencia, la memoria, la naturaleza y ser padre mientras intentaba ver un lobo en las montañas de León, editada por el sello Garbuix Books en febrero de 2026.

El autor había viajado hasta Riaño con la intención de ilustrar el reportaje con sus propios dibujos. “Pero no llegué a realizarlo”, cuenta para relatar cómo a su regreso la vida lo fue atropellando: iba a nacer su hija y las responsabilidades como redactor jefe de la revista acabaron relegando aquel contenido. Pronto fue consciente también de que la historia se salía de los límites de un reportaje. Había muchos hilos por ir enhebrando. “Fue creciendo como una bola de nieve”, apunta. El proyecto, tal vez para brindar otro argumento a la elección del título, se hizo de rogar hasta que ocho años después de la experiencia en Riaño llegó el momento oportuno, gracias en este caso a una subvención del Ministerio de Cultura a la creación cultural.

Traductor, periodista, ilustrador y diseñador, Trigo jugaba con un material que iba mucho más allá de aquellos cuatro días en Riaño. Descendiente por rama materna de Labarces (Valdáliga, Cantabria) y por rama paterna de Pol (Lugo), el lobo no era ni mucho menos algo ajeno en su familia. “Los lobos están en el acervo familiar. Mi padre subía al monte y se encontraba con ellos”, rescata. Uno de sus tíos por la parte cántabra se llama Ataúlfo, cuyo nombre, el primero en la interminable lista de los reyes godos, procede del germánico y vendría a significar lobo noble. También es ganadero, representante por lo tanto de uno de los colectivos que batallan por establecer un control de la especie a través de la caza para poner coto a los ataques a las reses. Trigo, que afronta su propia disyuntiva entre una “sensibilidad ecologista” y una “familia ganadera”, considera “muy discutible” la situación actual del lobo derivada de su salida del Lespre (Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial), lo que implica que el levantamiento de la prohibición de su caza al norte del Duero. Y destaca también la oportunidad de acogerse a ayudas para limitar el impacto de los ataques al ganado a través de perros mastines o alambrados eléctricos. “Y yo creo que el lobo tiene que seguir estando protegido”, remacha.

Fragmento del cómic 'La espera', de Mario Trigo.

Además, Mario Trigo encontró otro elemento literario en el propio escenario. Había estado previamente sólo de paso en Riaño, cuya historia de resistencia ante el embalse conocía también de manera superficial. La espera, en este caso, también es la de vecinos sometidos durante décadas, desde principios del siglo XX hasta 1987, a la espada de Damocles de la inundación de sus pueblos. El episodio redobló su importancia para este libro en la medida en que la oposición al embalse también “movilizó al movimiento ecologista de un modo muy potente”. “Y luego”, añade, “he visto cómo hay personas que comparten una experiencia común de lo que pasó en Riaño, una postura después llevada a su práctica como activistas del ecologismo y de otras especies de la cordillera (Cantábrica)”.

Los testimonios de este tipo afloran ahora que la novela gráfica ha comenzado una ronda de presentaciones que lo ha llevado ya a plazas como Riaño, Torrelavega, Gijón, Pontevedra y Lugo. El recorrido promocional se detiene ahora hasta después del verano, cuando se reabrirá la posibilidad de regresar a la provincia de León, donde germinó un proyecto que le ha permitido reflexionar a fondo sobre la historia (“los humanos no viven tanto con criaturas biológicas como con seres construidos dentro de los marcos culturales humanos”, escribió la historiadora Erica Fudge) y sobre la problemática actual de la especie. “El tema es muy complejo. Hace falta una pedagogía y un trabajo didáctico que los políticos no están afrontando. Y ahora es más necesario ante el cambio climático y ante la cuestión de qué pasa con el campo en este contexto”, concluye Mario Trigo para dejar una moraleja sobre cuánto ha cambiado el lobo en el cuento.

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