De Rosa a María, relevo de quiosqueras en León: “Lo importante es ser auténtica y hacer las cosas con el corazón”

Una quería agotar el primer trimestre del año y la otra pretendía aprovechar el tirón de la Semana Santa. Rosa María Couto cerró el quiosco de la plaza de la Inmaculada el domingo 29 de marzo, un día después de que María Rodríguez reabriese el de San Marcos. Quiso la casualidad que ni un solo día León capital se quedase huérfano de estos establecimientos de calle, un elemento en peligro de extinción desde la caída en picado de las ventas de periódicos y revistas, un factor que obliga a afrontar una reconversión que pasa por extremar el ingenio y estirar cada centímetro de este tipo de habitáculos.

Tras un cuarto de siglo manteniendo con vida al último quiosco que responde al patrón tradicional, Rosa María Couto vive en estos días en una montaña rusa emocional con cierto “vértigo” por el cambio: las lágrimas son de orgullo por haber visto “crecer generaciones” y fomentar el trato con clientes que son familia; las sonrisas, por vislumbrar un futuro mejor ahora que ha aceptado una oferta laboral en un comercio, donde seguirá trabajando de cara al público, pero ya con sus días libres y sus vacaciones. Se acabaron penitencias como los madrugones (repartía periódicos todavía de madrugada antes de abrir el quiosco a las 7.30 horas), cerrar apenas los tres días sin prensa al año (Navidad, Año Nuevo y Sábado Santo) y no disponer de aseos propios.

Tras cinco años cerrado, María Rodríguez devuelve ahora a la vida al quiosco de San Marcos, un establecimiento más moderno al que ya está empezando a dotar de chucherías, suvenires y hasta cafés personalizados. Se trata de una prolongación de la vocación comercial de esta colombiana de nacimiento que se introdujo en el ámbito de la confitería y la decoración de fiestas en Venezuela y que, tras un paréntesis de un año en Chile, llegó hace nueve años a la capital leonesa, donde trabajó en la limpieza del Hospital de León y en una agencia de cuidados paliativos. Paseando con una mujer mayor por el entorno de San Marcos, vio el quiosco, se interesó por él, concurrió a su licitación y adjudicación, y el sábado 28 afrontó el comienzo de una nueva historia.

Rosa María Couto también fue cuidadora hasta que en 1992 comenzó a repartir periódicos. Y se estableció en 2001 en el quiosco de la Inmaculada, una atalaya desde la que ha visto el declinar de la prensa entre lo circunstancial que se ha vuelto definitivo (“las peluquerías han dejado de comprar revistas desde la pandemia”, anota) y lo coyuntural que apuntala los malos augurios: no hay renovación generacional entre los compradores, por lo que cada muerte o traslado a una residencia se deja notar en la caja, expone con el ejemplo de la veintena de habituales que ha perdido ya sólo desde la última Navidad.

Consciente ya desde hace años de que no se jubilaría en el quiosco, Couto ha aprovechado ahora su propia coyuntura familiar, que le permite un mayor desahogo para no seguir estirando las jornadas: hasta la pandemia abría todo el día y desde entonces cerraba al mediodía para aprovechar las tardes limpiando domicilios. “El tren pasa sólo una vez”, se dijo para convencerse de cambiar el rumbo, aun entre el pesar de los compradores habituales. “Pero el que te quiere de verdad, estará contento”, le dicen en estos días en los que continúa afanada, ahora ya para desmontar ese viejo habitáculo que pasará a la historia. “Me decían también que era una institución, el alma de la plaza”, subraya.

Al final creas un vínculo con la gente mayor incluso que con la familia

El quiosco de la Inmaculada fue durante los últimos cinco años el único de calle abierto en la ciudad. El de San Marcos, que ahora retoma la actividad con el nombre comercial de El rinconcito de María, se queda con esa condición hasta que también reabra sus puertas el ubicado en la plaza de la Pícara Justina, sometido al mismo proceso de licitación y adjudicación por parte del Ayuntamiento de León.

María Rodríguez dice sentirse en estos primeros días “muy aceptada” por el público, que se acerca con curiosidad a comprobar esta resurrección en plena Semana Santa. Hay quien le pregunta si tendrá periódicos. Y ella, que había contactado previamente con Rosa para pedirle el contacto de empresas distribuidoras de prensa sin saber que la casualidad haría coincidir el cierre de una y la reapertura de otra, todavía lo sopesa. “Habría que ver si compensa”, dice ahora que está abriendo mañana y tarde con un breve paréntesis al mediodía y la intención de cerrar los lunes, lo que desbarataría las opciones de despachar periódicos y revistas.

Más allá de los productos, la apelación a las emociones prima en este momento de relevo simbólico. ¿Qué consejo le daría la veterana a la novel? “Que lo que hagas, lo hagas con el corazón. Que seas auténtica y empática. Que es muy importante tener una palabra amable y una sonrisa porque hay gente que carece de mucho afecto”, dice Rosa María Couto, que tenía clientes que hasta le llevaban el café para prolongar la conversación. “Y al final”, remacha, “pasas ahí todo el día y creas un vínculo con la gente mayor que con la familia”.