Un estudio alerta sobre los riesgos de masificación y problemas asociados en el Camino de Santiago Francés

Agencia EFE

Un estudio alerta de que el Camino de Santiago Francés en España (Roncesvalles-Compostela) afronta un fenómeno emergente que sus autores denominan sobreperegrinación, una forma de masificación que a diferencia del turismo convencional afecta a un espacio sagrado y pone en riesgo la experiencia espiritual y la convivencia con los residentes.

Aunque los investigadores concluyen que aún no existe una crisis real, advierten de que la tendencia al alza en el número de peregrinos exige actuar con anticipación para preservar la esencia del Camino, que en España atraviesa las comunidades de Navarra, La Rioja, Castilla y León y Galicia, y evitar tensiones sociales en Santiago de Compostela y otras localidades del itinerario.

El trabajo al que ha tenido acceso la Agencia EFE, firmado por especialistas de universidades de España, Polonia y Eslovenia y recientemente publicado en la revista 'Heritage & Society', analiza casi dos décadas de observación directa sobre el terreno, datos de la Oficina de Acogida al Peregrino y estadísticas de ocupación de alojamientos.

Según sus conclusiones, la ruta jacobea vive un crecimiento sostenido que alcanzó cifras récord en 2024, con casi medio millón de peregrinos registrados, y superó por primera vez el umbral de las 530.000 personas en 2025.

Esta tendencia, según explican, no responde a una única causa, sino a la combinación de accesibilidad del transporte, difusión global de experiencias a través de redes sociales, auge del turismo espiritual y un potente efecto boca a boca entre quienes ya han recorrido el Camino.

A pesar de la magnitud de estas cifras, los autores subrayan que el Camino, en general, no está desbordado. Los datos de ocupación hotelera muestran que ni en Santiago ni en los municipios del Camino Francés se alcanzan niveles críticos, y que las plazas disponibles superan holgadamente la demanda incluso en plena temporada alta.

El problema, sin embargo, se concentra en puntos muy concretos, especialmente en la Catedral de Santiago. La capacidad del templo —unos mil visitantes simultáneos— se supera con frecuencia durante la misa del peregrino, lo que provoca largas esperas para acceder al abrazo al Apóstol o a la cripta donde se custodian las reliquias, especialmente en verano y en los meses previos y posteriores.

El estudio también constata que el aumento de visitantes no afecta solo al ámbito religioso. En barrios como San Pedro o el casco histórico de Santiago, la presencia masiva de peregrinos y turistas ha contribuido a procesos de gentrificación y a un cambio en el tejido comercial, cada vez más orientado a servicios de paso.

'Pilgrimphobia'

Los investigadores recogen testimonios de vecinos que describen una pérdida de identidad comunitaria y señalan la aparición de actitudes de cansancio o rechazo hacia los recién llegados, un fenómeno que denominan pilgrimphobia.

Aun así, recuerdan que una gran parte de los residentes continúa percibiendo el Camino como una fuente de beneficios económicos, culturales y sociales, especialmente en municipios rurales donde la llegada de peregrinos supone un impulso fundamental.

Más allá del impacto local, los autores observan transformaciones en el propio perfil de quienes recorren la ruta. Identifican dos grandes grupos: por un lado, peregrinos independientes que caminan largas distancias cargando su mochila y que suelen integrar las dificultades del trayecto —la falta ocasional de alojamiento, las colas o la convivencia en albergues— como parte de la experiencia espiritual.

Por otra parte, han detectado participantes de grupos organizados que completan únicamente los últimos cien kilómetros para obtener la 'Compostela', a menudo sin pernoctar en albergues tradicionales.

Las diferencias entre ambos modelos generan, según el estudio, fricciones puntuales en torno a las normas no escritas del Camino y a la autenticidad de la experiencia.

No a las restricciones

Pese a estos desafíos, los autores rechazan soluciones basadas en restricciones duras como límites de acceso o cuotas, que consideran incompatibles con la naturaleza abierta y descentralizada del Camino. En su lugar, proponen estrategias no invasivas que permitan mejorar la gestión sin deteriorar la identidad espiritual del itinerario.

Entre ellas mencionan la diversificación de rutas para aliviar la presión del Camino Francés, el uso de herramientas digitales para evitar aglomeraciones —como sistemas de turnos o aplicaciones que recomienden horarios alternativos—, la mejora de la convivencia mediante programas que aproximen a peregrinos y vecinos, y una revisión del enfoque promocional.

El estudio concluye que el futuro del Camino dependerá de la capacidad de anticiparse a los problemas y de reforzar tanto la sostenibilidad turística como la espiritual. Recuerda que la sobreperegrinación es ante todo un desafío cultural y humano: la necesidad de preservar un espacio sagrado en un mundo globalizado sin renunciar a su carácter acogedor.

La clave, afirman los autores, no está en frenar la afluencia, sino en gestionar su crecimiento con criterios de calidad, respeto y sentido comunitario para que la ruta jacobea pueda seguir siendo un lugar de encuentro, transformación y hospitalidad.