El universo digital: ¿Verdadero o falso?

Las redes sociales se han convertido en un cúmulo de desinformación.

‘Tengo cuatro mil amigos en Facebook... ¿Y tú?’

‘Pues yo pasé de los cinco mil y ya no puedo aceptar a nadie más, eso sin contar los doscientos mil seguidores en Instagram. Vamos, que soy una influencer…’

Fue esta la conversación que escuché entre dos amigas que se disputaban la ‘medalla al valor’ en las olimpiadas de quién socializa más; la segunda, ostentando evidentemente el primer premio a la… ¿Necedad?. ¿Sería demasiado ofensivo llamar así a quienes se consideran genios o grandes personas por el mero hecho de tener miles de seguidores en las redes sociales?

Sería pertinente saber si la cantidad de admiradores alcanzados en las plataformas digitales –en las que de tanto creer en los elogios, llegamos a concebirnos estrellas de Hollywood– garantiza nuestro éxito en la vida o si, por el contrario, termina afectando negativamente nuestras expectativas de lograr siempre más y más simpatizantes. Posiblemente, a fin de obtener una respuesta, ‘entraría en escena’ la definición del éxito en su acepción de ‘buena aceptación que tiene alguien o algo’. Así, quien más seguidores tiene, más aceptado es, aun a sabiendas de que ser célebres en las redes sociales es una cualidad que tarde o temprano termina y que el verdadero prestigio humano no requiere torrenciales alabanzas. Identificamos, sin embargo, el talento con la atracción viral producida por esas fotos y vídeos que hoy son prácticamente imprescindibles para mitificar, a gran escala, nuestra imagen.

Claro, nuestra imagen nada tiene que ver con la esencia o con lo que realmente somos. No obstante, queramos o no, el martillo emocional de tomar parte del imaginario fenómeno de la apariencia nos golpea. ¿Es cuestión de la época histórica a la que pertenecemos? Sí, aunque hay quienes se niegan a convivir con el universo de las ‘redes sociales’, quedando, por consecuencia, al margen de la apoteósica realidad.

Por supuesto, las redes sociales tienen su lado positivo: ¿Quién lo niega?

En el portal Solidaridad Intergeneracional (página web de la homónima organización estatal de servicios sociales en España) se exponen las ventajas que aporta el uso de las plataformas digitales; por ejemplo, poder conectarnos con familiares y amigos que se hallan kilómetros distantes, actualizarnos con las noticias más recientes del entorno nacional e internacional y afrontar la soledad, entre otras.

No obstante, la posibilidad de conectar con un gran número de personas no evita del todo que en ocasiones nos sintamos solos o que –en el peor de los casos– podamos llegar a ser estafados por ‘falsas identidades’ que, tras ofrecernos su ‘agradable compañía’, terminan destruyendo no solo nuestra autoestima, sino nuestro bolsillo y hasta –literalmente hablando– nuestra existencia.

Por otra parte, las noticias que vemos en Internet no siempre son reales (quien no haya caído en las redes de un bulo, ¡que tire la primera piedra!) y muchas veces suelen ser información manipulada.

Las redes sociales y las 'Fake News'

‘Las redes sociales permiten que los usuarios sean productores y consumidores de contenidos a la vez, y han facilitado la difusión de contenido engañoso, falso o fabricado. Así se genera un circuito vicioso, y una noticia falsa se replica miles de veces en cuestión de segundos’, esto leemos en un documento de la Federación Internacional de Periodistas (véase ¿Qué son las 'Fake News'?) que se refiere a las llamadas fake news o noticias manipuladas ‘pertenecientes a la era de la posverdad’ (para más información del término ‘postverdad’, podemos remitirnos al Diccionario de la Real Academia Española, donde el mismo queda definido como ‘distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales’).

Las 'Fake News' son un grave problema social.

Pero igual que sucede con el contenido engañoso, las redes sociales también facilitan, en gran medida, que entremos en relación personal con ‘fantasmas informáticos’ creados aposta para manipularnos.

Caer en la trampa de una ‘falsa identidad digital’

A finales del pasado mes de julio, Facebook implementó oficialmente un nuevo sistema para verificar la identidad de los usuarios, incorporando una insignia que identifica a las ‘personas reales’ y diferenciándolas de las ‘falsas identidades’ generadas o controladas por inteligencia artificial. Esta nueva forma de verificación no es la de pago (conocida como Meta Verifier), sino el proceso automático conocido como Facebook Verifier al que nos somete la plataforma, pidiéndonos un documento de identidad o un selfie de vídeo, a fin de confirmar si la cuenta a la que deseamos acceder es la nuestra. Pero... ¡Líbrennos las circunstancias de quedarnos sin acceso a nuestra cuenta por haber perdido la password! Porque tanto en este caso, como en otros similares (para los que la plataforma pone en marcha su tremebunda supervisión automática) nos veríamos sometidos a un espeluznante proceso del cual muchos usuarios actualmente se quejan, sobre todo teniendo en cuenta las deficiencias técnicas del mismo.

Luego, lo peor es que Facebook Verifier no garantiza la estricta comprobación de la identidad de una persona antes de crear una cuenta. Ello significa que pueden seguir pidiéndonos contacto ‘personas no reales’ en cuyos perfiles, o no aparece fotografía alguna, o en su lugar se muestra la imagen de un gato o de un perro o de un canario, tal vez como muestra del profundo amor hacia sus mascotas o tal vez escondiendo intencionalmente la cara.

En fin, que podemos siempre ser ‘atacados’ por los catfishing que crean un perfil con datos de otra persona para engañarnos en el ámbito romántico, o por cuentas automatizadas bajo programas informáticos (bots) para difundir spam, o por alguien que ha suplantado nuestra personalidad copiando nuestra foto y datos personales con el fin de desprestigiarnos o estafarnos.

Ojo, pues, con el uso de las ‘amigables’ redes.

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