Los mayores, guardianes de la memoria: una fórmula para preservar el patrimonio de Castilla y León
Castilla y León atesora una de las mayores riquezas patrimoniales de España, pero también uno de los índices de envejecimiento más elevados del país. Frente a quienes ven ambos fenómenos como retos separados, una investigación vinculada a la Universidad de Valladolid plantea una idea sencilla pero complicada de llevar a la práctica: unirlos.
Que las personas mayores dejen de ser únicamente visitantes o espectadoras de las actividades culturales para convertirse en narradoras de la historia, guardianas de la memoria colectiva y protagonistas de la transmisión del patrimonio, plantea la tesis doctoral de Cinthya Battafarano, con la participación de Verónica Velasco y Claudia Möller.
Esta investigación, consultada por EFE, tiene como objetivo analizar cómo la participación activa de los mayores en iniciativas relacionadas con el patrimonio cultural puede contribuir a mejorar su bienestar emocional, reforzar los vínculos comunitarios y favorecer un envejecimiento más saludable.
La idea surge en una comunidad autónoma donde el envejecimiento es una de las principales realidades demográficas, especialmente en el medio rural.
Contra la soledad
Según recoge el trabajo, la dispersión poblacional, la pérdida de habitantes y el aumento de personas mayores hacen necesario buscar fórmulas que favorezcan la participación social y reduzcan situaciones como la soledad no deseada o el aislamiento.
Pero la propuesta va más allá de las actividades habituales destinadas a este colectivo. Los investigadores plantean aprovechar el conocimiento acumulado durante décadas por quienes han vivido las transformaciones de pueblos y ciudades para incorporarlo a proyectos turísticos y culturales basados en relatos personales, experiencias de vida y memoria oral.
Porque detrás de cada calle, de cada celebración popular o de cada oficio desaparecido existe alguien que todavía puede contarlo.
“Las historias de vida desempeñan un papel fundamental en la preservación y transmisión del patrimonio cultural inmaterial”, sostienen las autoras, que consideran que muchos conocimientos vinculados a tradiciones, costumbres o formas de vida no aparecen recogidos en documentos oficiales y corren el riesgo de desaparecer si no se transmiten.
Reunir experiencias
En este sentido, la investigación -que fue presentada en la sesión 'Discriminación por edad' del XI Congreso Internacional El tiempo de los derechos celebrado en mayo- propone la realización de entrevistas, grupos focales y otras herramientas participativas para recoger experiencias de las personas mayores y convertirlas posteriormente en recursos de divulgación cultural.
Entre las posibilidades figuran rutas narrativas, encuentros intergeneracionales o experiencias turísticas en las que sean los propios vecinos quienes expliquen la evolución de sus localidades.
La iniciativa conecta además con una tendencia cada vez más presente en el sector turístico: la búsqueda de experiencias auténticas frente a las visitas convencionales.
En lugar de limitarse a contemplar un monumento o recorrer un casco histórico, la propuesta invita a conocer los territorios a través de quienes los han habitado durante décadas y conservan recuerdos de modos de vida que ya han desaparecido o están a punto de hacerlo.
Para las investigadoras, esta participación puede tener efectos positivos tanto para los visitantes como para los propios mayores. Por un lado, permite reforzar la autoestima, el reconocimiento social y el sentimiento de utilidad de un colectivo frecuentemente asociado a visiones ligadas a la dependencia o la pérdida de capacidades.
Por otro, favorece la construcción de vínculos comunitarios y la permanencia de conocimientos que forman parte de la identidad de los territorios.
La tesis se apoya en el concepto de envejecimiento activo impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que defiende la importancia de promover la salud, la participación y la seguridad para mejorar la calidad de vida a medida que avanzan los años.
También incorpora el enfoque denominado One Health, que relaciona la salud humana con el entorno social, cultural y ambiental. Desde esta perspectiva, el bienestar no depende únicamente de la ausencia de enfermedad, sino también de factores como la participación social, las relaciones personales o el vínculo con el territorio.
Transmisores de conocimiento y nexo entre generaciones
En una comunidad con miles de pueblos y un vasto patrimonio material e inmaterial, los investigadores consideran que los mayores pueden desempeñar un papel relevante como transmisores de conocimiento y como nexo entre generaciones. No se trata únicamente de conservar recuerdos, sino de darles un uso contemporáneo y convertirlos en una herramienta para dinamizar la vida comunitaria.
La propuesta aún se encuentra en fase de investigación, pero apunta a una posibilidad sugerente para Castilla y León: que quienes durante años han sido considerados receptores de servicios pasen a ocupar un lugar central en la construcción del relato de sus pueblos y ciudades.
Al fin y al cabo, en una comunidad donde la memoria forma parte esencial de la identidad, nadie conoce mejor la historia que quienes la han vivido.