El llamativo otoño en pleno verano que el clima acelera en el paisaje urbano de León
- Calles y parques de la ciudad muestran un aspecto otoñal aunque aún quede un mes de estación estival, entre otras cosas por el calor sofocante o el estrés hídrico de los árboles
Falta todavía un mes para que se acabe la estación del verano. Sin embargo, el paisaje urbano de León capital sorprende ya en estas fechas con un aspecto de arranque pleno del otoño. Ese aspecto se debe, sobre todo, a la aceleración de la caída de la hoja de numerosas especies de árboles que están muy extendidos de la ciudad y que depositan sobre calles, plazas y parques, a más de una semana de terminar agosto, el abundante manto ocre que identifica el aspecto otoñal.
Los viandantes caminan estos días sobre miles y miles de hojas que han caído prematuramente de ejemplares como por ejemplo el plátano oriental, una de las especies más utilizadas en el medio urbano en el sur de Europa. Pero hay muchos más familias, habitualmente muy frondosas todavía en esta época, que están perdiendo volumen en sus copas de manera acelerada y temprana, dejando una estampa propia de la siguiente estación.
Lo habitual en el otoño leonés es que la caída de la hoja arranque con fuerza a partir de octubre o incluso noviembre, dependiendo del momento en el que desciendan de manera generalizada las temperaturas, momento en el que el operativo de limpieza viaria del Ayuntamiento intenta ir despejando las aceras y parques. Pero ahora esas hojas, con el mismo aspecto marrón en pleno agosto, se acumulan de manera muy llamativa en puntos como por ejemplo el Paseo de Papalaguinda.
Son varias las causas que explican este anómalo adelanto del paisaje urbano de la ciudad y en parte no se debe a la llegada del frío sino más a todo lo contrario. Y es que se aprecia que los árboles de numerosas especies están sufriendo también los efectos de un calor sofocante e inusual que ha vivido León a lo largo de este verano, lo cual provoca además un fuerte estrés hídrico, al no disponer de un riego que en condiciones normales no necesitan. Esto, unido al efecto de alguna tormenta con aumento considerable de la fuerza del viento, consigue multiplicar la presencia de hojas ya muy secas sobre aceras y calles, adelantando así mucho el aspecto otoñal de la capital.