La Fundación Cepa celebra su cuarto homenaje a los emigrantes leoneses

Cuarto homenaje a la Emigración Leonesa de la Fundación Cepa.

Redacción ILEÓN

El Homenaje anual al Emigrante Leonés de la la Fundación Cepa González Díez en el Museo de la Emigración Leonesa se convirtió en su cuarta edición en un viaje íntimo a la memoria de quienes cruzaron el Atlántico con una maleta pequeña y una vida entera por construir, personificado en las historias de la familia Maraña Alonso y de Vidal Díaz Fernández. En el evento no solo se entregaron placas: se cosieron, otra vez, los hilos que unen la montaña leonesa con la Ciudad de México.

Un acto cargado de emoción que reivindicó las historias concretas detrás de las cifras de la emigración. Este año el reconocimiento, a título póstumo, recayó en el babiano Vidal Díaz Fernández y en el matrimonio formado por Francisco Maraña Alonso y Saturnina Alonso Diez, representados por sus hijos ante un auditorio lleno de familiares, autoridades y representantes del tejido social y cultural leonés.

Francisco y Saturnina: de Maraña a México y vuelta a casa

La vida de Francisco Maraña Alonso y Saturnina Alonso Diez nació en la dureza de la montaña oriental leonesa y maduró al otro lado del océano, en una Ciudad de México que les acogió durante 36 años. Él, el menor de doce hermanos, huérfano desde niño y formado en el Seminario Menor de los Carmelitas Descalzos de Calahorra, y ella, criada por sus abuelos en Maraña tras quedar huérfana de madre, compartían una misma escuela de resistencia antes siquiera de conocerse.

Tras estudiar Magisterio en León y Derecho en Oviedo, Francisco tomó en 1949 una decisión que marcaría a toda la familia: con dinero prestado, compró un billete de avión en Madrid rumbo a México, siguiendo la estela de sus hermanos emigrados. Los comienzos fueron ásperos, entre trabajos temporales como contable en Cervecería Modelo y un puesto de pasante con un prestigioso abogado y diputado nacional que acabaría abriéndole de lleno las puertas al ejercicio del Derecho en su nuevo país.

La historia de amor de Francisco y Saturnina también lleva el sello de la emigración: se casaron en 1953 “por poderes”, él desde México y ella en el antiguo templo de la Virgen del Camino, representados por apoderados separados por más de 9.000 kilómetros. Dos meses después, Saturnina embarcó hacia la Ciudad de México y comenzó una vida compartida que les daría cuatro hijos y una identidad repartida entre Maraña y la gran urbe americana.

La familia Maraña Alonso recibiendo un aplauso.

En pocos años, Francisco se convirtió en una referencia jurídica para la colonia española en México, especialmente para quienes buscaban regularizar su situación migratoria y para la Agrupación Leonesa de México, de la que fue miembro destacado. Su compromiso con León se concretó también en el primer hermanamiento de la provincia y la ciudad con el Estado de Puebla y su capital, Puebla de los Ángeles, destino histórico de muchos emigrantes leoneses desde finales del siglo XIX.

El terremoto que sacudió México el 19 de septiembre de 1985 supuso un punto de inflexión: Francisco y Saturnina decidieron regresar definitivamente a León después de más de tres décadas construyendo vida y comunidad al otro lado del océano. Murieron en su tierra hace ya más de veinte años, pero sus hijos subrayan hoy el legado de amor, cultura y entrega incondicional que dejaron como herencia silenciosa a su familia y a la comunidad emigrante.

Vidal Díaz: del pastoreo en Babia a pionero en la informática mexicana

El otro gran nombre del homenaje, Vidal Díaz Fernández, nació en Torre de Babia en 1930, en una España de escasas oportunidades donde la infancia transcurría entre el pastoreo y la trashumancia. Aquellas jornadas siguiendo el ganado marcaron su carácter sencillo, trabajador y resistente, un equipaje vital que llevaría consigo cuando, como tantos jóvenes de su generación, decidió cruzar el Atlántico hacia la Ciudad de México en la década de los cincuenta.

Sus primeros pasos profesionales los dio junto a su primo en Casa Díaz, empresa dedicada a las máquinas de coser, antes de participar en la construcción del Hotel Emporio de Veracruz y, más tarde, emprender su propio negocio con una cadena de vidrierías que llegó a ser un referente en la capital mexicana. Su trayectoria no se detuvo ahí: trabajó en Marian, Galletas de Calidad, en Industrial Marinera Mexicana y, ya en una etapa más avanzada de su vida, se sumó a BPM de México, una de las primeras compañías dedicadas a la informática en el país.

Vidal no solo levantó empresas, también sostuvo comunidades: formó parte desde el primer día de la Agrupación Leonesa de México, primero como bailarín y luego como directivo, y ocupó durante años responsabilidades clave en el Casino Español, donde fue tesorero y pieza activa de la vida social española en la capital. Sus hijos crecieron entre bailes, reuniones y tradiciones leonesas, aprendiendo que las raíces, cuando se cuidan, pueden extenderse sin romperse.

Los hijos de Vidal Díaz Fernández recibieron la placa de reconocimiento a su padre.

En México encontró a Dolores Trincado, Lolita, antigua Princesa del Centro Gallego y Reina de Covadonga, con quien se casó en 1958 y tuvo tres hijos: Vidal, José Pedro y Ernesto. Gracias al esfuerzo de sus padres, todos pudieron acceder a estudios superiores y diseñar sus propios caminos, y dos de ellos residen hoy en España, manteniendo vivo ese puente que su padre tendió entre León y México.

Vidal falleció el 26 de junio de 2016, pero sus hijos recuerdan de él la nobleza, la honestidad, la generosidad y, sobre todo, la lección de amar por igual a León, a España y a México. En sus palabras, ese amor compartido se ha traducido en una identidad de “dos patrias” que ahora se transmite a los nietos, con acentos mezclados y recuerdos que saltan del Babia nevado a las avenidas de la capital mexicana.

Algo muy parecido late en la memoria de los Maraña Alonso, cuya vida familiar se tejió entre las montañas leonesas y las calles de Ciudad de México antes de desembocar, décadas después, en un regreso definitivo a la tierra que los vio nacer. En ambos casos, la emigración aparece como una travesía extensa, llena de renuncias y oportunidades, que nunca termina de borrarse del todo ni en quienes se fueron ni en quienes se quedaron esperándolos.

La Virgen del Camino, la música y la palabra

En el acto, las familias recibieron una placa conmemorativa presidida por la Virgen del Camino, símbolo que ha acompañado a generaciones de emigrantes leoneses en la despedida, el viaje y la nostalgia. La presencia de esta imagen quiso subrayar la dimensión emocional y espiritual de quienes parten, muchas veces con la fe y los recuerdos como único equipaje seguro.

El Orfeón Leonés puso banda sonora a la tarde con La golondrina, popular canción mexicana que evoca al emigrante que abandona su patria, y con Viva la montaña, viva, himno sentimental de la montaña leonesa que hizo aflorar lágrimas entre el público.

La directora de la Fundación Cepa y el Museo de la Emigración Leonesa, Nuria Alonso, recordó que esta cita es una emotiva manera de poner en valor, rescatar de la memoria y rendir homenaje a tantas historias de emigración, sacrificio y amor a la familia y a la tierra.

Actuación del Orfeón Leonés en el cuarto homenaje a la Emigración de la Fundación Cepa.

Alonso recordó que “la historia es cíclica. Quienes antes emigraron hoy quizá son país de acogida” y que la búsqueda de oportunidades fuera de la tierra de origen es un fenómeno “tan antiguo como la propia historia de la humanidad”. La directora de la Fundación CEPA señaló que esa búsqueda de una vida mejor “es un proceso lleno de desafíos. Quien emigra ha de cargar su mochila de sacrificio, de ilusión y también de respeto. Respeto a la patria que le brinda una nueva oportunidad, a sus tradiciones, a sus códigos de conducta y a tantas cosas pequeñas que definen a un pueblo y a quien lo habita. Sólo así la emigración se convierte en un proceso pleno, como el de muchos leoneses que a lo largo de la historia buscaron fuera lo que aquí no se les pudo brindar. Hoy su corazón y el de sus descendientes se reparte entre dos patrias. Ese es el acierto”, expresó Alonso antes de concluir el acto con el tradicional himno a León. 

La ceremonia estuvo arropada además por el presidente de la Diputación de León, Gerardo Álvarez Courel, el primer teniente de alcalde de León, Vicente Canuria, y el gerente territorial de Servicios Sociales, Juan Antonio Orozco, entre otras autoridades.

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