Los números por los que el Frente Amplio puede obtener un senador por León y Vox, no

Papeletas en las elecciones generales del 10N en 2019; las ocres son al Senado.

Matemáticas. Los políticos hacen muchas matemáticas electorales. Aunque parezcan relativamente fáciles, porque siempre tienden a calcular así por encima qué ocurrirá en las elecciones, pero con la experiencia de medio siglo de resultados saben que lo del Congreso y el Senado es otra historia. En realidad para la Cámara Alta es un 'no es tan así pero algo de eso hay': los políticos saben, pero casi nunca lo tienen en cuenta los votantes, que las cuentas para entrar en el salón de sesiones de la calle de Bailén en Madrid son diferentes. Aparentemente fáciles, pero distintas. Y si en un escenario normal siempre hay que contar con un poco de fortuna, en uno de empate en una circunscripción se convierten en endiabladas.

Eso ocurrió en León en las segundas elecciones de 2019 del 10 de noviembre, en las que se produjo un extraño caso de reparto a pachas entre PSOE y PP de dos y dos senadores porque lo habitual es que el partido ganador al Congreso (la Cámara Baja) se lleve tres, y el segundo uno a la Cámara Alta; ya que viene a coincidir más o menos que el primero que gana más diputados se lleva tres de cuatro senadores. Bueno, no es que suela coincidir: es que en la mayoría de las elecciones generales así ha pasado en León.

Pero hay que reconocer que en momentos de incertidumbre la votación del Senado es algo distinta. El sistema de voto directo, pero con lista abierta, permite a los votantes escoger quién puede ir... y quién no. De hecho, en la papeleta ocre se puede llegar a votar a uno solo, a dos de un partido, poner dos cruces en dos formaciones diferentes o directamente a tres completamente distintas. Porque sólo se pueden marcar como máximo tres casillas.

Incluso pueden llegar a no votar a un candidato... porque no les guste personalmente.

Hay que explicar cómo funcionan las 60 circunscripciones en las Elecciones Generales para elegir a 188 senadores (el resto, hasta 266 son de elección de cada parlamento autonómico entre sus representantes). En la gran mayoría, que son las provincias peninsulares, se eligen cuatro candidatos.

Sí, incluso en circunscripciones tan grandes en población como Madrid o Barcelona no se eligen más de cuatro representantes para la Camara Alta. Hay excepciones por población: en las islas mayores (Gran Canaria, Mallorca y Tenerife) se eligen tres, dos en Ceuta y dos en Melilla y uno por cada una de otras islas pequeñas o agrupaciones. (Ibiza-Formentera, Menorca, Fuerteventura, La Gomera, El Hierro, Lanzarote y La Palma). Y siempre el votante puede elegir un número menos que los representantes que puedan salir de la elección, es decir, tres donde son cuatro. Y donde se eligen tres sólo pueden marcar dos casillas. Y donde se eligen dos o menos, pues sólo se puede señalar una. Así se garantiza que haya siempre senadores de dos partidos, al menos en cada provincia peninsular.

El extraño caso de las segundas elecciones de 2019 en León

En la circunscripción de León (donde se eligen cuatro al ser provincial peninsular) el resultado en el Senado siempre ha sido un reparto de 3 a 1 a favor del más votado, salvo en las segundas del 10N de 2019. Es el único caso en que esto ha ocurrido en toda la democracia (desde 1977) y con los dos del PP colándose en segunda y tercera posición hace siete años, habiendo ganado el PSOE las elecciones al Congreso.

Unas elecciones al Senado muy extrañas las de la segunda vuelta de 2019, porque pese a que vencieron claramente los socialistas a los populares por más de trece mil votos en el Congreso... algo pasó para que los dos primeros de la lista del PP en la Cámara Alta sacaran nada menos que diez mil votos más que su propia lista popular al hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. La clave es que la elección a la Cámara Alta no se reparte por listas de partidos como en la Baja, sino por votos directos a cada candidato o candidata. En el Congreso la lista es cerrada y los escaños se reparten proporcionalmente a los votos de cada partido. En el Senado cada elector puede marcar hasta tres nombres y se eligen los cuatro candidatos con más votos, sea cual sea su formación. La ventaja de votos del PSOE en el Congreso ese 10N no contó en el Senado, porque aquí lo que sirve es cuántos votos suma cada candidato por separado. Incluso el PP coló a los dos suyos en segunda posición, y el tercer candidato del PSOE (que en una situación normal hubiera sido siempre senador) se quedó a solo 2.465 votos del cuarto puesto, que es lo que separó el 3-1 del 2-2.

La 'tradicional' voto de una monja votando al Senado en las Elecciones Generales del 10 de noviembre de 2019.

Normalmente el partido que gana en diputados saca sus tres candidatos senatoriales con votos parecidos, porque sus electores marcan los tres nombres de su lista. Pero en las segundas de 2019 (en las anteriores de abril de 2019 fueron 3 PP y 1 PSOE) pasaron cosas realmente extrañas. Porque los dos candidatos del PP (Javier Santiago Vélez y Antonio Silván) sacaron más de diez mil votos que la lista popular al Congreso. De hecho, quedaron casi empatados (solo 39 votos de diferencia entre ellos, ganando Vélez). Es decir, los dos nombres eran realmente conocidos. La tercera popular, Mar González Pereda, se quedó unos 10.000 votos por debajo... sacando casi 5.000 votos menos que el socialista Vidal, el que ganó las elecciones de la papeleta ocre. Lo que significó directamente que una notoria cantidad de votantes socialistas no marcó los tres nombres (mil quinientos menos al segundo de la lista, sólo el primero sacó 173 más, y hasta casi cinco mil menos al tercero) aquel 10N.

Además, el PP sacó en el Senado unos 11.000 votos más que en el Congreso, mientras que el PSOE casi se quedó igual. Con los datos no se puede saber de dónde vinieron, pero es verosímil que parte de ellos fueran de votantes de otros partidos. Una explicación sería la transferencia del voto de Ciudadanos, que se hundió respecto a la elección de abril en el Congreso (de 50.612 a 16.731 votos) y es muy posible que parte de sus electores votaran a candidatos del PP en el Senado.

Así, entre abril y noviembre el PSOE perdió fuerza en su tercer candidato (bajó unos seis mil) y el PP ganó en su segundo (aumentó unos veinte mil), con lo que las fuerzas se equilibraron y con una pequeña diferencia los socialistas no llegaron a alcanzar el tercer senador como habría sido lo normal. Fueron al final, haciendo la cuenta de estas subidas y bajadas, 2.465 votos menos del tercer socialista respecto al segundo popular (Silván) en el resultado final por los que lo que el cuarto escaño pasó al PP en las segundas elecciones de 2019 y se produjo el reparto por igual.

Por qué el tercer partido en el Congreso nunca llega a tener senador

Otra de las cuestiones del voto en el Senado, es que es hartamente complicado que el tercer partido pueda tener opción de obtener un escaño salvo que hubiera un empate entre los tres en un pañuelo. Cosa que nunca ha ocurrido en la circunscripción leonesa. Es decir, que da igual marcarse 45.000 votos en el Congreso si el segundo tiene 80.000 (recordemos que al PSOE también le pueden votar los leonesistas y va a estar difícil que estos lo hagan hacia Vox) y el primero 100.000 (que bien podría ser el escenario en las próximas generales en León del PP); porque al ser voto directo en la Cámara Alta, aquí cuentan los cuatro primeros puestos; aunque sea por una papeleta por encima del quinto.

Así que es realmente difícil que ningún candidato de una tercera formación que sí puede disputar un diputado nacional por el sistema de reparto D'Hondt (que no Ley como la llama mal todo el mundo), como bien pudiera ser el caso de Vox el 29N, pueda llegar a tener unos cuarenta mil votos más para superar ampliamente los ochenta mil del segundo partido; que vendría a ser el PSOE hipotéticamente hablando. Es decir, necesitaría el doble de papeletas casi para permitirle superar a los tres candidatos de la formación en segundo puesto en las urnas, concretamente en la anaranjada.

Esto de que los candidatos al Senado de los dos primeros partidos tengan similares votos que al Congreso ocurre, indefectiblemente, por el efecto de mandar las papeletas por correo a casa de los votantes: con las del Senado ya tachadas en los tres puestos de cada formación, hace que muy pocas personas escojan la papeleta en la cabina electoral y marquen los que le apetecen. La gran mayoría ya van con el voto puesto de casa.

Por eso, tener cuanto más presupuesto para la campaña beneficia a los partidos grandes. Porque los pequeños no disponen de dinero para buzonear por completo la provincia. Y eso es lo que marca la diferencia. Se pueden observar en la tabla de arriba esas sutiles diferencias, que no siempre ocurren, porque se puede comprobar que la fama de uno de ellos puede hacer que saque diez mil papeletas más que su partido. Eso ocurrió con Javier Callado como primer candidato a la UPL en 2023, mientras que otros pierdan votos, como pasó con Carlos Pollán, hoy líder autonómico, que se dejó en la segunda vuelta de 2019 casi cinco mil menos; pese a presentarse en solitario el tener un buzoneo imperfecto (no había dinero para llegar a ciertos pueblos), le perjudicó. Peor les fue a los de Abascal en 2023 como se ve en la tabla de arriba.

Conclusión: Vox lo tiene realmente complicado y el Frente Amplio, menos

Como se ve, lo de las matemáticas electorales del Senado son cosa complicá, sobre todo para el tercero en liza. Y como PP y los de Abascal no han llegado a un acuerdo en León (aunque sí en otras circunscripciones de España), lo de Vox aquí es casi imposible. Sus candidatos en la papeleta de colorín ocre tendrían que sacar unos 30.000 o 40.000 votos más que al Congreso para poder alcanzar al tercero del PSOE, no digamos al primero. Y en el mejor escenario posible en el que el PSOE baje de los noventa mil que sacó en 2013 a unos 70.000 a la Cámara Baja, si Vox sacara 50.000 al Congreso (lo cual parece demasiado), necesitaría de unos 25.000 más para garantizar un puesto en la Cámara Alta senatorial. Y eso sería un reparto de 2 PP, 1 PSOE y 1 Vox que jamás se ha dado en la provincia.

Así y todo, el pacto entre el PSOE y el Frente Amplio sí puede provocar un reparto así, aunque de dos listas. Dos el PP, uno el PSOE y otro Laura Fernández (IU) al ir en segunda posición en la lista de 'Senado de Progreso'. La cuestión es si consiguen agrupar los votos de IU y Podemos junto con los socialistas. Incluso cayendo el PSOE a 70.000 votos en el Senado, si unos veinte o veinticinco mil votantes de las formaciones de izquierdas apoyaran a su candidata... incluso podría salir por encima de Salvador Vidal en tercera posición.

¿Y esto sería posible? Pues teniendo en cuenta que en las últimas de 2023 votaron de media a la más exitosa candidata al Senado de Sumar 19.000 personas, en noviembre de 2019 unos 23.500, y en abril de 2019 unos 30.000... no sería descabellado conseguir veinte mil a mayores... si es que los socialistas votan a Laura Fernández, que bien pueden elegir meterse en la cabina electoral para votar sólo a sus dos candidatos asegurando que salgan ellos... y ella no.

Una urna electoral para las elecciones al Senado.

Y, por supuesto queda todavía algo que no es fácil, que la gente de IU vote a los socialistas. Ya no sólo saliendo de casa al colegio electoral, que cuando no vas a gusto cuesta bastante y el abstencionismo puede ser grande (minusvalorando al menos en un 30% esos veinte mil votos dejándolos sobre 15.000), sino con algo mucho peor: ya se dio un caso tremendo entre los de IU de no voto ni de coña al que no es de mi izquierda en las elecciones de 2016. En esos comicios se unieron finalmente con los entonces rebautizados 'comunes' para garantizar el diputado de Podemos en las de 2015 en las que había sacado 50.000 votos. En 2015 Unidad Popular en Común sacó casi 14.000 votos, con lo cual lo mínimo sería haber esperar unos 65.000 en la lista de Unidos Podemos. ¿El resultado? La candidatura unificada sacó 48.000 votos. O sea, lejos de subir palmó dos mil votos. Es decir, podría colegirse que la gente de IU se negó a votar a otra izquierda distinta de la suya, castigando a sus propios líderes para dejarles habían dejado bien claro que con aquellos no.

En conclusión y a la vista de las encuestas publicadas: el PP parece que tendrá seguro dos senadores con una victoria en la provincia, el PSOE garantiza uno, Vox parece tener cero coma posibilidades (con lo cual el PP mantiene parte de las suyas para conseguir finalmente el tercero) y el Frente Amplio tiene algunas más (si logra sumar parte de su resultado de 2023, unos quince mil votos, y unos más que muy hipotéticos ocho mil leonesistas con unos setenta mil socialistas salen... 93.000 en casi 'máximos' y con eso les podrían faltar cinco mil para conseguirlo); pero las matemáticas electorales no son sólo cosa de fortuna sino también de psicología, porque también hay que tener en cuenta la popularidad interna que tenga su candidata vistas las tirrias que existen entre los que se suponen suyos.

Aunque puedan no llegar, lo que está claro es que sin este acuerdo para el 'Senado de Progreso' la realidad es que sería aún más imposible para el Frente Amplio conseguir ese puesto que para Vox. Pero ojo... que no se puede olvidar nunca que en estos casos de los apoyos pactados entre las izquierdas verdaderas, las cuentas finales de los comicios se convierten generalmente en algo muy cruel.

Y bien puede ser, como manda la puñetera tradición matemática electoral española, que termine en León para las de más allá de la socialdemocracia 'como siempre': PSOEizados y en una nueva 'derrota hasta la victoria final'.

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