Ruta Trasatlántica & Ruta de las Ratas
En un hecho histórico, el pasado mes de marzo la Asamblea General de las Naciones Unidasaprobó una resolución que calificaba la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como “el crimen de lesa humanidad más grave” de la historia.
Esta noticia que por otra parte pasó desapercibida para la mayoría de los medios de comunicación salido adelante con un amplio respaldo internacional, aunque no exento de divisiones, ya que, aunque 123 países votaron a favor, por su parte Estados Unidos, Israel y Argentina se posicionaron en contra y un total de 52 Estados, entre ellos el Reino Unido y la mayoría de miembros de la Unión Europea, optaron por la abstención.
La iniciativa, presentada por una coalición de 60 países africanos, caribeños y latinoamericanos, reconocía que este sistema de explotación, que se prolongó durante más de cuatro siglos, constituye una violación del derecho internacional que no prescribe y que sus consecuencias siguen afectando a millones de personas en todo el mundo.
La resolución recuerda los instrumentos legales que legitimaron esta atrocidad: desde las bulas papales de 1452 y 1455 que autorizaban la reducción de africanos a “esclavitud perpetua”, hasta el Código de Esclavos de Barbados de 1661 y el Código Negro francés de 1685, que definían jurídicamente a los africanos esclavizados como “bienes muebles”. También menciona el principio legal de partus sequitur ventrem (“lo que nace sigue al vientre”), adoptado en Virginia en 1662, que estableció que la condición de esclavo se heredaba biológicamente a través de las madres africanas.
En un punto clave, la Asamblea General reafirma que “los delitos relacionados con la trata de africanos esclavizados y la esclavitud racializada de africanos no están sujetos a prescripción”, en consonancia con un principio fundamental presente en todas las tradiciones jurídicas y morales africanas: “los delitos no prescriben”.
La resolución subraya que los Estados son responsables de los hechos internacionalmente ilícitos y tienen la obligación de reparar íntegramente el perjuicio causado.
Por ello, exhorta a los Estados miembros a entablar “un diálogo inclusivo y de buena fe en materia de justicia reparadora” frente a tal execrable hecho histórico y que podía ayudarnos a entender bastantes de los acontecimientos imperialistas actuales.
Huida de los nazis por las Rutas de las Ratas
Otro tipo de rutas fue la considerada 'ruta de las ratas' o ratlines; que fueron redes clandestinas utilizadas por miles de jerarcas y colaboradores nazis para huir de Europa tras la Segunda Guerra Mundial (1945) hacia Suramérica, principalmente Argentina. Estas rutas fueron organizadas con el apoyo de sectores de la Iglesia católica, la Cruz Roja y la complicidad de gobiernos, facilitando documentos falsos y transporte a criminales de guerra.
Las tres ratlines más utilizadas eran vías que atravesaban distintos países europeos con un solo fin: llegar hasta un puerto y allí escapar en barco.
La llamada 'ruta nórdica' pasaba por Dinamarca con destino a Suecia, donde se embarcaba.
La 'ruta ibérica' era coordinada por colaboradores nazis que vivían en España y utilizaba puertos como los de Galicia, presuntamente con el visto bueno del general Franco.
Pero se cree que hasta el 90% de los nazis que huyeron de Europa continental lo hicieron a través de Italia, el principal aliado de Alemania durante la guerra, siendo El Vaticano (con el Papa Pío XII) el canalizador de los visados para estos criminales de guerra.
Estas 'rutas de las ratas' no fueron escapes improvisados de fugitivos desesperados. Fueron trayectos planificados y organizados por personas de poder, dedicadas a proteger a prófugos no solo alemanes sino también croatas, eslovacos y austríacos. Existía una gran colaboración entre los países de huida y los países de llegada.
De ellos, unos cinco mil se quedaron en Argentina, el lugar al que el famoso cazador de nazis Simon Wiesenthal llamaba el 'Cabo de Última Esperanza' para los nazis.
Muchos de los que terminaron en otros países, como Brasil (que albergó a entre 1.500 y 2.000 criminales de guerra), Chile (que recibió a entre 500 y 1.000) y otras naciones con cifras menores como Paraguay, Bolivia y Ecuador, viajaron allí tras haber arribado a Argentina.
Es curioso como a lo largo de la historia se ha blanqueado dos hechos que han atentado contra los derechos fundamentales de las personas.
No quiero ni pensar como se va a blanquear el genocidio de Gaza y el imperialismo de Donald Trump & Benjamin Netanyahu.