La política en España es un cachondeo

La escasamente edificante labor de los partidos políticos en España no tiene visos de adecuarse a la seriedad que de ella cabría esperar. Por si fuera poco las agrupaciones judiciales no tienen prurito alguno en mostrar sus preferencias por una u otra ideología, supeditando su función jurisdiccional a intereses no siempre acorde con su cacareada divisa de justicia equitativa. Este aquelarre es de tal naturaleza que ni la Conferencia Episcopal –a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César– se ha sustraído a la tentación de meter baza.

El clima de pasarse la legalidad y la ética por el arco del triunfo no queda relegado a España, la justicia internacional y hasta la discrecionalidad en el fútbol, han llegado a las más altas cotas (retirada de tarjetas rojas a petición de prebostes, pitar a favor de los países de más relumbrón futbolístico y un largo etcétera). Con este panorama, Y aquí, que somos muy aventajados en lo que saltarnos a la torera se nos antoje, rápidamente alcanzamos los primeros puestos del ranking. Y ya tenemos políticos, jueces y hasta el clero disputándose el podio.

De cualquier modo, en la piel de toro nos vemos más afectados por los asuntos domésticos que por los internacionales, aunque los primeros parezcan y de hecho estén incardinados en los segundos. En España somos aventajados defensores del latinismo homo sum et nihil humani a me alienum (soy hombre y nada de lo humano me es ajeno) que en versión libre podría traducirse como: somos como los demás y hacemos igual que los demás. La cuestión es que los poderes fácticos, las fuerzas vivas del país, perdida ya toda noción de lo que es la vergüenza, nos la hacen pasar a los administrados en su nombre.

Imagen lamentable de los partidos grandes

Los partidos de gobierno como son el PSOE y el PP están dando una imagen lamentable que trasciende nuestras fronteras. El PSOE se ve acogotado día sí día también por querellas, imputaciones y juicios que se sustancian con resultados descorazonadores. Raro es el día que egregias figuras del partido de los cien años de honradez no se las hayan de ver con el banquillo, no el de los suplentes, sino de los acusados. La justicia asedia a un gobierno que no ha conocido tregua desde el día siguiente a su conformación. Antes se escuchaban lemas como 'Santiago y cierra España', ahora el que pueda hacer que haga.

Al Partido Socialista le crecen los enanos en el circo, pero lo ha perseguido con ahínco. Desde las categóricas afirmaciones de Sánchez de que no podría nunca pactar con Bildu, que le quitaría el sueño llegar a acuerdos con Pablo Iglesias, el ridículo histórico de dejar al pueblo saharaui colgado de la brocha o el descubrimiento de que informaciones íntimas de este caballero habían sido espiadas por los servicios secretos israelíes, hasta la posible implicación de sus familiares más próximos y personal de su extrema confianza en el partido, salpicados por una corrupción rampante que no acaba de tocar fondo.

Frente al puño y la rosa, se postula como recambio natural un Partido Popular que parte con un candidato que se fotografió en varias ocasiones con un conocido narcotraficante –así lo declaró la justicia– de la Isla de Arosa, pilotando el yate de este último, como si fuera lo más habitual que te dejen hacer tal maniobra si no eres plenamente conocido o se te debe –o se espera– algún gran favor. Este partido se ve espoleado por un Vox emergente que le impone su criterio en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Y así, un partido cuya sede en Génova 13 fue reformada con dinero B, hecho ratificado por el Tribunal Supremo en 2024, tacha a su adversario de corrupto, putero, desleal y un rosario de descalificaciones más.

Los que ya somos mayorcitos aún recordamos como hace muchos años, en un programa vespertino de Onda Cero, se dio la noticia de que un parlamentario salmantino había olvidado en un bar de esa ciudad un sobre con una gruesa suma de dinero, y se coligió que no era dinero muy limpio y que como después confesaría un tal Bárcenas, era moneda común en ese partido. Un consejero de la Presidencia de la comunidad madrileña verbalizó ante sus amigos que de salir bien una operación traerían un volquete de putas para celebrarlo. Un alcalde de Benalmádena, de apellido Bolín, perjudicado por la coca y el alcohol, acompañado de efebos, colisionó con su yate en Gibraltar, lo que originó un conflicto diplomático allá por 1989.

¿Integridad en PP y PSOE?

Como se puede comprobar, la integridad en ambos partidos es manifiestamente mejorable y el déficit de probidad ya viene de lejos. El circo mediático que se escenifica en los medios de comunicación con jueces justicieros que más que justicia parecen vengadores, como ha evidenciado el caso de la retirada del carné de la esposa del presidente del gobierno, tiene su contrapunto en que la hija de éste se gradúa en Inglaterra, como pasó con varios miembros de la familia real española años atrás. Y claro, surgen dudas: ¿Acaso los colegios españoles no sirven para los hijos de nuestros gobernantes? ¿Tan malos profesores tenemos en España? ¿Falta financiación para tenerlos mejores? ¿Poco patriotismo, no, en las altas esferas?

Y no puedo dejar de hacer las odiosas comparaciones que inevitablemente he de hacer con mi terruño. Reitero la misma pregunta. ¿Estos son los partidos cuyos representantes han de guiar nuestro destino y nuestro futuro en León? Como prueba del nueve de la contraindicación severa que supone poner partidos estatales al frente de las tareas gubernativas en esta tierra, está la reiterada incompetencia de la Junta de Castilla y León –regentada por el Partido Popular desde tiempos inmemoriales– que logra, tal como profetizamos artículos atrás, que el monte vuelva a arder este año como el año pasado. En el incendio de Caboalles de Arriba se está volviendo a consagrar.

¡Ánimo votantes leoneses de partidos estatales, ya queda menos monte que quemar, menos población que expulsar, menos quejas que soportar, menos pueblos que atender, menos inversiones que hacer!

¡Puede parecer paradójico, pero estamos que nos salimos!

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata