Gobierno, oposición y Pero Grullo

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo.

El elemento distintivo de la democracia es la oposición. El gobierno es componente innato hasta en las tiranías. En España hay poca pedagogía de oposición. Los últimos cien años de nuestra historia, o sea cuatro generaciones, están asaltados por sistemas desequilibrados en esta necesaria ambivalencia de libertades formales. Quizá la ilusionante etapa inicial de la Transición pueda ser el periodo que mejor conjugó la dualidad necesaria de mandar y oponer. Pero llegaron los aprendices de brujos y el contrato sociopolítico básico de la democracia se desvirtuó hasta el disparate en una y otra orilla.

Que gobernar es gobernar y oponerse es oponerse es una verdad de Pero (o Pedro) Grullo que en el imaginario de la calle se llama perogrullada, feliz ocurrencia de la genial sátira quevedesca (andarase con los pies / volarase con las plumas / serán seis dos veces tres / por muy mal que hagas las sumas). La cuestión es que el debate político está tan rebasado de insensatez que parece mentira que se eche de menos la perogrullada para encarrilarlo en las vías del sentido común.

La perogrullada opera como el zasca que pone el punto y final al remedo de grillera que no hay día que los dirigentes políticos pongan a funcionar. Viene a propósito recordar el sucedido entre los filósofos Zenón de Elea y Diógenes el Cínico, cuando el primero expuso una retórica de la inmovilidad con el ejemplo de que Aquiles nunca podría alcanzar a la tortuga. El segundo no tuvo más que ponerse en pie, echar a andar y decir 'el movimiento se demuestra andando'. Cuestión zanjada.

La ciudadanía de este país asiste inerme a una relación Gobierno-Oposición que recoge el modelo dialéctico de Zenón, de encasillamientos que impiden avanzar. Con ese comportamiento emerge toda la inmovilidad propugnada por el de Elea. Aquiles y la tortuga han sido reemplazados por la resistencia numantina de belicismo medieval en la defensa del castillo, o sea, el poder, o por el asedio sin tregua en las acometidas a la plaza fortificada. La batalla se dirime sin piedad ni respeto en el campo de los parlamentos o en la calle, o en las tribunas mediáticas. Es un malsano ejemplo de política con obsesiones feudales de señoríos con derecho de pernada y levas reclutadas a la fuerza en el banderín de enganche de las redes sociales.

Toda obsesión impide visiones panorámicas. Se encela en lo angosto y oposita con éxito a la frustración colectiva. El poder se convierte de este modo en palanca de fin en sí mismo y, como tal fin, atención: perogrullada… justifica los medios.

Dos caras de una misma moneda

Lo avancé al principio. La reciente historia de España constata no estar duchos en el rol de la oposición. Obvio –sinónimo de perogrullada– que tiene que confrontar, a veces, con modales abruptos. Esto de la política tiene dosis de salón versallesco y hay que guardar formas y cortesías, pero también de cuadrilátero con doce cuerdas. La hermandad siamesa Gobierno-Oposición de las democracias tiene que poner el foco en los asuntos, no en las personas. Viene a cuento una frase atribuida a diferentes portavoces. De quien primero la leí fue de Jules Romain. Esta es la cita: 'La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de cosas, la gente mediocre habla de gente'. Buena brújula para orientar la calidad del debate parlamentario. Y aún así, la calificación de mediocre parece amable, cuando del hemiciclo, de la calle y de los medios se ha enseñoreado el insulto personal por bocazas encantados de haberse conocido en tan miserable cometido.  

En España se da por cierto que Oposición es una especie de dádiva de trigo en graciosa beneficencia. No, de ninguna manera. Es la otra cara de una misma moneda. La que equilibra al cincuenta por ciento las posibilidades del cara o cruz. La vigilante del poder que cae en manos de los gobiernos con ínfulas omnímodas. Recibe el reconocimiento de leal porque se le supone lealtad no solo a su electorado, sino al de todo el arco político, como el gobierno, pero con el matiz decisivo de ser propositiva y no ejecutiva. Oposición no es sinónimo de años sabáticos. No puede ni debe eludir el juicio, la crítica y el peso específico de sus logros y carencias en el acto de votar. Está obligada, como los gobiernos, al por sus hechos (y dichos) los conoceréis.

Encuadré esta columna en la dialéctica entre Zenón y Diógenes. La perogrullada del cerrojazo al asunto a esa dialéctica sin fruto posible, ha calado en la protesta ciudadana contra la incompetencia manifiesta de Gobierno y Oposición, en la insuficiencia sangrante para una generación que implica el imposible acceso factible a la vivienda. Ha tomado lo que es la tercera cámara parlamentaria: la calle. Aquí el debate torna a ultimátum. De ahí el enorme peligro de no cogerle el pulso desde el poder político. 

Gobierno y oposición, necesario repetirlo, son la proa de la democracia. Se han sometido a una irresponsable, ojalá no sea irreparable, confrontación de personas y no de asuntos. Han ignorado que las libertades son razón de ser para ambos. Pero han desatendido el embrión de esa libertad que supone la emancipación en su más diáfano testimonio: una vivienda digna.

Reactualicemos lo suficiente a Pero Grullo.

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