¿Existe una identidad leonesa?

Según la RAE, 'identidad' es el conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás. También es la conciencia que una persona o colectividad tiene de ser ella misma y que la hace sentirse diferente a las demás. La identidad de un pueblo se conforma con los diferentes aspectos de su cultura y su historia que la singularizan de otras: un pasado sociopolítico común; la lengua; las costumbres o comportamientos colectivos; la gastronomía y cualquier otro elemento que configura una etnografía propia. Para poder afirmar que existe una identidad leonesa, hay que reconocer elementos propios y diferentes de los de otras regiones de España. 

Las características etnográficas entre los diferentes pueblos celtas se diluyeron bajo el Imperio Romano y luego visigodo. Así, por ejemplo, de las lenguas prerromanas de la península, solo se conserva el euskera. Pero esa presumible mayor uniformidad se rompió en la alta Edad Media, un periodo de la historia quizá menos oscuro de lo que imaginamos, pero con un mayor aislamiento entre los habitantes de unas comarcas y otras. Así surgieron las diferentes lenguas romances y sus variantes: el catalán, el castellano y el leonés, del que hay constancia escrita desde el año 974-980 (Nodicia de Kesos). Y también otros elementos culturales de todo tipo que aún se conservan y que en los últimos años todas las regiones tratan de potenciar: gastronomía, folclore, deportes autóctonos… buscando tanto señas de identidad propias como singularidades rentabilizables económica y turísticamente (otra característica globalizada del mundo actual).

Un mundo global

En un mundo cada vez más globalizado, hay aspectos culturales ya mundiales, como muchos alimentos, prendas de vestir, música o deportes. Antes de traspasar fronteras entre países, también se fueron transmitiendo elementos etnográficos de unas regiones a otras dentro de un mismo país, que dejan de ser exclusivos de una zona para extenderse a otras. Los movimientos migratorios internos y externos también han contribuido a desdibujar diferencias, como la cultura gitana, común a todo el país, el traspaso de millones de habitantes de las regiones con menor desarrollo industrial hacia las más industrializadas, la escolarización, la televisión y ahora las redes sociales. En España, la extensión del castellano es un elemento de uniformidad cultural, como la baraja española, pero aún lo es más la tortilla de patata, pues no hay ningún punto del país donde no se consuma de forma muy habitual, y sin embargo no ha traspasado nuestras fronteras, casi ni hacia Portugal. Y las singularidades socioculturales se difuminan en las zonas limítrofes: los hábitos y costumbres de la Tierra de Campos leonesa son más similares a los de sus vecinos palentinos o vallisoletanos que a los bercianos; lo mismo sucede en la Sierra de Francia entre avulenses y salmantinos; o entre los Ancares lucenses y leoneses; o sanabreses y trasmontanos. 

Una España pluricultural

Aun así, se reconoce unánimemente que España es un país pluricultural, con una variedad gastronómica, quizá inigualable en el mundo, lenguas y tradiciones muy arraigadas en unas regiones e inexistentes en las vecinas, que identificamos perfectamente como propias de cada una de ellas. Una riqueza cultural que nos enriquece a todos, de la que, en algunos aspectos, disfrutamos, como la gastronomía, aunque en otras ha sido motivo de enfrentamiento al menos político, como la lengua.

Diferencias que han llevado a que también se hable de diferentes 'nacionalidades' en la Constitución de 1978, aunque no se admite unánimemente que existan diferentes 'naciones' dentro de España: diferentes “conjuntos de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común” (tercera acepción del sustantivo 'nación' en el diccionario de la Real Academia Española).

¿Una cultura leonesa?

Nos preguntamos –y se pregunta a veces a los partidos leonesistas– si existe una cultura leonesa, si hay unos elementos socioculturales, etnográficos, propios y singulares de la Región Leonesa, del País Leonés y, por lo tanto, si existe un pueblo leonés diferente del castellano, asturiano, gallego o portugués, territorios todos ellos que, recordamos, fueron parte del Reino de León. Evidentemente eso no nos hace ni mejores ni peores a unos que a otros, simplemente un poco diferentes. Unas diferencias que deben enriquecernos, nunca enfrentarnos.

Hemos de buscar esa identidad leonesa en la cultura en sentido amplio, en rasgos etnográficos singulares, y también elementos de la organización sociopolítica.

Legado jurídico del Reino de León

Empezando por estos últimos, creemos que parte del legado jurídico, político y social del Reino de León pervive en la Región Leonesa. El parlamentarismo participativo o la igualdad jurídica entre las personas de distinta clase social y sexo, incluso cierta libertad religiosa, son aspectos identitarios del Reino de León. Ya cuando los romanos conquistan lo que hoy es León, dejaron escrito que los astures decidían sus asuntos públicos en asambleas y que en ellas votaban las mujeres. Esa forma de gobierno ha seguido existiendo hasta nuestros días en el concejo abierto de los pequeños pueblos, jurídicamente reconocido en la Ley de bases del Régimen Local de 1985 (aunque ciertamente no es exclusivo de la Región Leonesa, sí es donde está más extendido). Quizá por ello a Alfonso IX no le resultó difícil convocar unas Cortes de León con asistencia del pueblo llano en 1188. En los Decreta emanados de esas Cortes se reconocía el derecho a resolver los litigios ante un juez o el mismo rey (en el locus apellationis de la catedral de León); y ya en el Fuero de León de 1017 se reconocía a las mujeres el derecho a la herencia, cuyo hito más conocido fue el ejercicio de ese derecho por la Reina Urraca I de León. Quizá de ahí los pleitos documentados de la Edad Moderna en los archivos diocesanos y de la Real Cancillería de mujeres leonesas que reclamaron judicialmente el derecho a administrar sus bienes, a elegir marido o a divorciarse de éste cuando las maltrataba o era impotente. O la habitual administración de la economía familiar por las mujeres de nuestros pueblos. Ese bagaje jurídico leonés puede estar en la base de la escolástica salmantina, el Derecho de Gentes y la defensa de los pueblos indígenas de América por los que tanto luchó la Universidad de Salamanca fundada, como Estudio Superior, por Alfonso IX de León en 1218. 

En el campo de la organización jurídico-administrativa, las entidades locales menores, y su forma de gobierno, las juntas vecinales, son también propias de la Región Leonesa, aunque no exclusivas de ésta (Burgos es después de León la provincia con mayor número de juntas vecinales (647 frente a las 1.230 de León), pero en Zamora y Salamanca hay pocas entidades locales menores, en concreto 14 y 19 respectivamente.

Los campos comunales son también una singularidad leonesa, que permitían disponer de terreno para cultivar o pastorear a todos los vecinos en condiciones de igualdad. Son diferentes de los montes vecinales en mano común o las mancomunidades de villa y tierra, quizá más propios de la región castellana.

Arquitectura y tradiciones leonesas

La arquitectura tradicional de las zonas de la montaña desde Salamanca a El Bierzo, pasando por la Carballeda o la Cabrera, tiene en los corredores exteriores y la cubierta de pizarra una identidad propia. Como lo tuvo el románico zamorano, singularizado en las cúpulas gallonadas de Toro, Zamora y la catedral vieja de Salamanca.

La enseña de los pueblos leoneses, los pendones y pendonetas, son sin duda un elemento muy característico de la etnografía leonesa, presentes en la mayoría de los pueblos de la provincia de León, gracias a la asociación que lucha por su preservación y al apoyo económico del Instituto Leonés de Cultura de la Diputación. Se conservan también en Zamora, sobre todo en la comarca de Sayago, y perviven en algunos pueblos de las Arribes salmantinas y de la Sierra de Francia. Fueron declarados Bien de Interés Cultural por el BOE como los Pendones Concejiles del Reino de León y así lo reconoce el Ministerio de Cultura en su web oficial.

Sin olvidar los carros engalanados, una tradición de la ciudad de León para celebrar la Fiesta de las Cantaderas, unas de las más antiguas de España con más de ocho siglos de celebración. Al igual que la Fiesta de las Cabezadas, con los eternos debates entre iglesia y munícipes del Foro u Oferta que nunca tienen vencedor con un empate infinito. Algo que no se da en ninguna otra ciudad española, ni desde hace tanto tiempo ni con tanta continuidad como mantiene la capital del Viejo Reino que como cabeza del Imperium Legionensis totus Hispaniae.

Dentro de los deportes o juegos autóctonos, la lucha leonesa es quizá el más singular, aunque no se practica en todas las regiones de la provincia de León. En Salamanca hay constancia de su práctica en Aldeanueva de Figueroa (La Armiña), bajo el nombre de 'lucha de la cruz'. También es singular el juego del bolo leonés, con su media bola y particulares reglas.

Música y bailes regionales leoneses

En la música, bailes regionales e indumentaria tradicional, la jota, la dulzaina y el tamboril no son exclusivos de la Región Leonesa. Aunque la gaita sí está presente en la música tradicional leonesa, que en Sanabria tiene una pieza singular que le da un sonido propio, el “roncón”. 

La indumentaria y joyería tradicional tiene un elemento común en toda la Región Leonesa, la 'faltriquera', el bolsillo colocado detrás del manteo al que se accede por un corte en éste. Quizá en las joyas tradicionales femeninas sea más identificable una herencia común entre los collares maragatos y salmantinos, aunque el botón charro es practicamente exclusivo de Salamanca.

Gastronomía del País Leonés

La gastronomía leonesa tiene también platos muy identificativos, como el botillo o la Cecina de León, si bien son más propios de comarcas concretas y no se extienden a Zamora y Salamanca, al igual que el farinato salamantino no llega hasta el Duero. La morcilla es también diferente en las tres provincias leonesas, aunque en ninguna es habitual hacerla con arroz, como la burgalesa. La presencia del pimentón de la Vera extremeña en muchos platos tradicionales, como el pulpo maragato o el bacalao al ajo arriero, es un condimento también utilizado en platos de otras regiones.

Otra seña de identidad leonesa, también gallega y del Portugal más leonés son el carnaval y su celebración opuesta, las güestes de ánimas. Las mascaradas de invierno perviven aún en las tres provincias leonesas, quizá con una mayor presencia en los pueblos de Zamora. 

La llingua llionesa

Y finalmente la lengua, el llionés (o leonés) un idioma en peligro de extinción reconocido como asturleonés por la Unesco y el Consejo de Europa, que cada año requiere por escrito al Gobierno de España y al de la Junta de Castilla y León su preservación, obligada por la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias, y que sistemáticamente incumplen ambas administraciones. El leonés, un dialecto del latín al igual que las demás lenguas de la península con excepción del euskera, era el idioma de la corte del Reino de León y en ese idioma se escribieron documentos oficiales. El dominio del castellano en la edad contemporánea lo arrinconó al ámbito más rural y familiar y la escolarización obligatoria en castellano del franquismo lo relegó casi al olvido. Pero pervive, en sus diferentes variantes, desde el nacimiento del río Sil hasta los Arribes del Duero portugués, desde Sanabria hasta la Sierra de Francia y hasta en algunos valles del norte de Cáceres. También a los leoneses nos gusta mantener algunas palabras y expresiones leonesas que suenan extrañas a los castellanohablantes y a veces nos cuesta utilizar los tiempos compuestos, simplemente porque en leonés, como en portugués apenas existen. El propio portugués conserva muchas palabras del leonés.

Así, en una visión de un ciudadano de a pie, todavía se conservan en la Región Leonesa rasgos etnográfico-culturales singulares que la diferencia de las demás regiones españolas, también de Castilla, aunque difuminadas por la uniformidad que supuso el dominio cultural del castellano, la uniformidad del sistema educativo, los medios de comunicación y ahora la globalización.

José Manuel Martínez Fernández es presidente de la Asociación León Propone