'Las chimeneas de Green Knowe'

Al volver la vista atrás, posiblemente desearíamos corregir aquello que consideramos impropio y descabellado en nuestro pasado. Y aunque estemos convencidos de que ‘agua pasada no mueve molinos’, pretenderíamos –inúltilmente, por supuesto– borrar ciertas ‘etapas oscuras’ que no nos condujeron más que a situaciones problemáticas y a conflictos presentes.

En tal sentido, aunque borrar o hacer desaparecer un hecho vivido resulta –hasta ahora– imposible (incluso desde el punto de vista de la Física cuántica, ciencia que por estar aún ‘en pañales’ no lo ha dicho todo y le queda mucho por experimentar y descubrir), sí podríamos cambiar el significado que para nosotros tiene, en el presente, un acontecimiento del ayer.

Hay observaciones a favor de la posibilidad de poder actuar sobre el pasado. Entre los años setenta y ochenta, el físico norteamericano John Archibald Weeler realizó el experimento mental conocido como 'acción retardada', con el que llegaría a la conclusión de que en el cosmos ‘no existen fenómenos elementales hasta que son fenómenos observados’. De acuerdo con esta afirmación, cabría dar por hecho de que solo la presencia de un observador podría asegurar la existencia de los elementos físicos que observa, constatando, también, la existencia de sí mismo.

La valoración de Weeler podría parecernos un juego fantástico en el que, si quisiéramos cambiar el pasado, sería suficiente mover los imperceptibles hilos del pensamiento y maniobrar sobre los recuerdos. Tal consideración parece demencial ante los ojos del materialismo y de buen número de científicos, mientras que para algunos filósofos y no pocos chamanes (para quienes el Universo es un ejambre de hilos de energía y nuestra conciencia uno de ellos), la posibilidad de manipular el pensamiento es obvia y el salto a otras dimensiones del espacio-tiempo, una capacidad natural de la mente humana. 

‘Tejer hacia atrás’ en el tiempo

Recapitular nuestro pasado sin juzgar los hechos, actuar como observadores imparciales de un camino realizado que no podemos borrar, pero sí modificar (el camino de nuestra propia vida) ha sido, desde tiempos remotos, un ejercicio para el autoconocimiento.

Supongamos, pues, que nuestro pensamiento tiene manos y que con ellas podemos asir uno de los hilos energéticos llamado 'memoria'. Esta metáfora nos permite imaginar la acción de ‘tejer hacia atrás en el tiempo’ para llegar a los reductos más antiguos de nuestra existencia física. De esta forma, seríamos capaces de conocer nuestra identidad, llegando, en muchos casos, a percibir ‘nuestra historia cuántica personal’ antes del nacimiento e incluso –desde la óptica de determinadas escuelas religiosas y filosóficas– la historia de nuestras ‘vidas pasadas’.

Pero la ‘observación consciente’ no atañe solamente a los estudios metafísicos. Nohora M. Parga (literata, diseñadora y comunicadora social colombiana) es autora de un libro titulado El gozo de existir: La felicidad tras superar ‘moobing’ e ictus (autopublicación de 2016). En esta obra, la escritora relata cómo tras un largo período en coma, al recuperar la memoria, pudo reconocer quién era. Desde su experiencia, recapitular su historia pasada la salvó del olvido de sí misma, además de ayudarla a curar los traumas que el acoso laboral y la enfermedad habían dejado en ella como secuela.

'Las chimeneas de Green Knowe': viajar al pasado

No puedo negar que, de cuando en cuando, me dedico a recomponer mi historia personal hilvanando recuerdos (soy de los que creen que viajar en el pasado es posible). 

Hace algunos días vi De una época a otra (From time to time), una película de 2009 dirigida por Julian Fellowes y basada en la novela clásica infantil de Lucy M. Boston The Chimneys of Green Knowe (1958). Ambientada a finales de la Segunda Guerra Mundial, el filme narra las experiencias extra-sensoriales de un niño que visita a su abuela en Green Knowe, mansión inglesa, vetusta y ruinosa, en la que se conserva la historia de generaciones y se esconde un secreto. Esta obra cinematográfica (que cuenta con la espectacular actuación de Maggie Smith en el rol de Mrs. Oldknow y la estupenda interpretación del joven actor Alex Etel como su nieto Tolly Oldknow) nos remonta a una dimensión en la que el pasado semeja a un cortinaje deteriorado, pero siempre accesible a cualquier técnica de restauración.

A pesar de que las terroríficas ‘escenas de miedo’ que esperaba no llegaron nunca, sí se me quedó grabada la imagen de lo imperceptible y veloz que le resulta a Tolly pasar del presente al pasado y viceversa, coincidiendo con personajes de otra época (los espectros) e interactuando con ellos. Las chimeneas de la mansión son el espacio en el que los fantasmas de Green Knowe se esconden, para desde ahí salir a transitar, libremente, por las habitaciones del inmueble. Pocos pueden verlos: solo el niño, la abuela y algunos sirvientes, que son esos que viajan utilizando el poder de la imaginación. Pero… ¿Acaso no es la imaginación esa linterna que nos libera de las fronteras del rígido presente?

En resumen, una historia fantástica de corte filosófico que invitamos a ver, en la que la vieja mansión simboliza la memoria y donde los fantasmas, atrapados en la nebulosa del espacio-tiempo invisible, son nuestros recuerdos que no mueren. Escalando por las chimeneas de nuestra mente podríamos, sí, viajar al pasado; podríamos, incluso, descubrir tesoros escondidos en nuestra mente. Posiblemente no exista una mejor propuesta para nuestros ratos de ocio que recapitular el ayer. Entonces: ¡Manos a la obra!