Las 'autopistas' ganaderas de siglos que León protagoniza con más de 3.000 kilómetros y que ahora blinda el Gobierno

Típica estampa de la trashumancia ganadera por las Cañadas Reales, pastor y perro incluidos.

Carlos J. Domínguez

31 de octubre de 2026 10:02 h

Mucho antes de que el hombre soñara con la imprenta, las máquinas de vapor o los aviones, fruto de una tradición de siglos que superar con creces incluso la misma concepción de España tal y como se la conoce, el ganado, los perros y los pastores ya habían inventado lo que con el tiempo serían las carreteras, las autovías y las líneas ferroviarias.

Miles de cabezas recorría distancias entonces casi interminables siguiendo una red de caminos que conectaba los pastos del norte con las dehesas del sur de la Península, al estilo de como lo hicieran para el resto de actividades humanas las calzadas romanas. La diferencia es que por esas rutas ganaderas viajaban cada año, siguiendo el palpitar de las estaciones, rebaños enteros, con un itinerario repleto de sabiduría natural y transmitido de generación en generación.

La trashumancia hizo economía pero también transmitió cultural y ayudó a coser territorios separados por cientos de kilómetros. En esta épica historia, el León que fue Reino y hoy provincia, ocupa un lugar privilegiado. Y ese lugar acaba de recibir, al menos sobre el papel, la protección máxima que se merece.

Tiene un nombre farragoso y gris: Se llama Real Decreto 925/2026. Lo ha impulsado el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco). Pero esconde muchas novedades. Lo primero es que establece, por primera vez de manera formal, una Red Nacional de Vías Pecuarias, y por fin concreta qué itinerarios forman parte de ella.

La suma en toda España es mareante, de 11.390 kilómetros, suma de cañadas reales, ramales y rutas que atraviesan distintas comunidades autónomas e incluso conectan territorios de Portugal o Francia. El Gobierno pone así en un mapa oficial esta histórica logística ganadera, una referencia cartográfica oficial. Lo que es casi más importante: pone las herramientas jurídicas para defender estos caminos como patrimonio público.

Ya gozaba la trashumancia en sí misma del más alto grado de protección desde que en 2023 la Unesco la reconoció como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, afectando no sólo a España sino a otras latitudes como Albania, Andorra, Austria, Croacia, Francia, Grecia, Italia, Luxemburgo o Rumanía. Pero ahora España toma conciencia formal de la trascendencia de esta red histórica, de las autovías que siguen haciendo posible la trashumancia.

Por eso, la trascendencia va más allá de la ganadería. Se valora su papel vital como auténticos caminos de biodiversidad, corredores naturales que permiten conectar hábitats, facilitar el desplazamiento de especies y el intercambio genético entre animales, vegetales y poblaciones. Incluso el paso del ganado lanar o de otro tipo contribuye a controlar la vegetación y así prevenir los incendios forestales. Son joyas de miles de kilómetros que ahora alcanzan, por fin, la máxima protección.

Pastoreo, trashumancia y vías pecuarias ganan ahora, después de siglos, un plus de protección.

Tres de las grandes cañadas nacen en León

La importancia histórica de la provincia queda reflejada en tres de los principales itinerarios incluidos en la red. La Cañada Real Leonesa Occidental parte de Soto y Amío y se prolonga hasta Encinasola (Huelva). La Cañada Real Leonesa Oriental tiene su origen la Montaña Oriental, en los pastos cantábricos de Maraña, y alcanza Montemolín (Badajoz). Y la Cañada Real de la Plata, también conocida como Zamorana, comienza en Riello y termina en Herreruela (Cáceres).

Sus dimensiones dan una idea del peso de León en este patrimonio. Según las longitudes recogidas en el nuevo inventario nacional, las tres cañadas rozan los 1.000 kilómetros de recorrido cada una: la Real Leonesa Occidental exactamente 1.079,88 kilómetros, ramales incluidos; la Cañada Real de la Plata o Zamorana suma 1.043,90 kilómetros; y la Leonesa Oriental, 919,57 kilómetros. En conjunto, las tres vías superan los 3.000 kilómetros de recorrido en España.

Los municipios de la trashumancia

Sus trazados dibujan, además, un mapa que también conecta buena parte de la provincia. La Cañada Real Leonesa Occidental atraviesa municipios como Soto y Amío, Carrocera, Cuadros, Sariegos, San Andrés del Rabanedo, la capital de la provincia, León, Valdefresno, Villaturiel, Mansilla de las Mulas y Santas Martas, antes de continuar hacia el sur por Villamoratiel de las Matas, Santa Cristina de Valmadrigal, Matadeón de los Oteros, Valverde-Enrique y penetrar en Valladolid en Izagre.

La Cañada Leonesa Oriental discurre por el entorno montañoso de Maraña, Acebedo, Burón, Riaño, Boca de Huérgano y Prioro, además de Valderrueda y Cea, continuando desde ahí por la provincia de Palencia. Por su parte, la Cañada Real de la Plata conecta Riello con localidades como Valdesamario, Quintana del Castillo, Llamas de la Ribera, Villamejil, Villaobispo de Otero, Astorga, San Justo de la Vega, Valderrey, Riego de la Vega, Santa María de la Isla, Palacios de la Valduerna, La Bañeza, Santa Elena de Jamuz, Cebrones del Río, Quintana del Marco y Alija del Infantado, en su ramal principal. Pero hay alternativas que atañen a otros municipios como Carrizo, Cimanes del Tejar, Villadangos del Páramo, Bustillo, Urdiales del Páramo, Santa María del Páramo o Laguna Dalga, Valdelafuentes del Páramo, Villazala, Regueras de Arriba, Soto de la Vega y de vuelta a La Bañeza.

El mapa oficial definitivo de las cañadas reales por la Península, con gran protagonismo de provincias como León.

Como ocurre en Madrid con gran alarde mediático, es habitual, varias veces al año, la llamativa estampa de ver atravesar miles y miles de ovejas la ciudad de León. Y es que figura en el inventario de la Cañada Real Leonesa Occidental, con un tramo de 1.698 metros que están pendiente de clasificación. Una trascendencia que hace que también aparezcan denominaciones tradicionales como “Cordel de León” y “Cañada Real Leonesa” en muchos de los municipios.

Protección más efectiva para unos caminos históricos

Desde esta semana, con el real Decreto, mucho está llamado a cambiar. Hasta ahora, la vieja Ley de Vías Pecuarias de 1995 sí contemplaba la existencia de una Red Nacional. Pero no había catálogo de los itinerarios concretos. El nuevo real proporciona una referencia común para identificar las grandes rutas, coordinar su gestión y así mejorar su protección.

Uno de los aspectos más importantes es su blindaje contra las ocupaciones y su pérdida progresiva como terreno público. La norma obliga a coordinar la cartografía de Catastro y de Registro de la Propiedad, con representaciones gráficas georreferenciadas que permitan identificar los límites de las vías pecuarias y las parcelas colindantes afectadas por los deslindes. También promueve su inscripción registral como dominio público, una herramienta que puede resultar determinante cuando surjan conflictos sobre la titularidad o los límites de los caminos.

Otro detalle es que garantiza que jamás se cortará un paso: Si una obra o una infraestructura, por ejemplo una autovía o un canal de riego, obliga a modificar el trazado de una vía pecuaria, será obligatorio habilitar una alternativa que mantenga la continuidad de la ruta.

El Estado toma las riendas

Para todo ello, el Estado toma más riendas ahora. Refuerza su papel en la coordinación de las decisiones que afectan a esta red. Porque aunque la gestión ordinaria corresponde a las comunidades autónomas, a partir de ahora el Ministerio deberá emitir un informe obligatorio y preceptivo cuando llegue cualquier ante propuestas de desafectación, cambio de trazado o de terrenos.

Paso de un rebaño de miles de ovejas por el asfalto de la ciudad de León camino de la comarca de Luna.

Incluso se crea un Comité de Vías Pecuarias, destinado a mejorar la cooperación entre las administraciones estatales y autonómicas, así como de un Fondo Documental que facilite la conservación y consulta de la información histórica y cartográfica. El ordenado caos que ha llegado a ir de boca en boca tiene los días contados.

El Ministerio defiende que la publicación de los mapas y datos en el Banco de Datos de la Naturaleza permitirá, además, que administraciones locales, investigadores, ganaderos y ciudadanos tengan acceso a información común sobre los itinerarios. Una herramienta especialmente útil en territorios donde la recuperación de caminos tradicionales, el mantenimiento de los pastos y la conservación de la actividad ganadera dependen de conocer con precisión por dónde discurren estas rutas.

Una herencia muy viva en la Montaña leonesa

La protección de las vías pecuarias no es sólo una mirada nostálgica sobre el pasado. En León, la trashumancia sigue latiendo, especialmente en comarcas de Montaña y territorios vinculados a los movimientos estacionales del ganado. No importa cuánto haya avanzado la tecnología: el deambular de los ganados ha sobrevivido a todo tipo de transformaciones económicas y sociales y protegido así ancestrales valores ambientales. Las cañadas, veredas, cordeles, abrevaderos y descansaderos son las piezas físicas que han permitido mantener la ganadería extensiva y todo lo que viaja con ella a lo largo del tiempo.

Desde ahora, las herramientas, el mapa y las normas más protectoras ya están por fin. Queda que la administración demuestre su eficacia real para que estos caminos, como arterias vitales, no se pierdan entre infraestructuras, ocupaciones ni abandono. En gran medida, además, todo el mundo rural del país que ha sobrevivido hasta aquí dependerá de ello.

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