Los 'poco humildes' líderes comuneros de Salamanca: los Maldonado, potentados y familiares de la Alta Nobleza

“Francisco y Pedro Maldonado, líderes comuneros de extracción popular que defendían al pueblo de la rancia nobleza y los abusos del rey-emperador Carlos V fueron ajusticiados tras la batalla de Villalar”. Esta frase, que será la más común que se pueda leer en todo lugar de los dos primos que encabezaron la revuelta de la Guerra de las Comunidades en la ciudad más importante del sur del Reino de León, Salamanca, es una completa mentira.

No es como nos lo han contado. Ni muchísimo menos. Las manipulaciones que se han dado en torno a la historia de los Comuneros han sido de tal calibre que, en el momento en que se pone sobre la mesa la biografía y la estirpe de sus cabecillas, queda absolutamente claro que de extracción humilde no era ninguno. De hecho, eran más bien ricohombres nobles emparentados todos entre sí, como una especie de clan familiar que pretendía quitar del gobierno a los otros nobles que ya estaban en él. Un 'quítate tú para ponerme yo' de libro.

Esto queda bastante claro con el Obispo Acuña de Zamora, que fue embajador en Roma y que los propios zamoranos no le dejaron entrar en la ciudad, teniendo que asediarla sin éxito, lo que deja bastante claro que Zamora comunera mucho no era. Pero en el caso de los salmantinos, lo que hoy sería la provincia más al sur del Reino de León (y no de Castilla) los comuneros sí que tuvieron más potencia y éxito. Aunque no fueran sus líderes unos burgueses humildes que sólo buscaran una revolución para los más necesitados, como se cuenta hoy.

Los Maldonado, unos potentados con ganas de poder

Pese a lo que cuentan los apasionados castellanistas de los líderes comuneros, una mirada a quienes eran dan el punto de vista adecuado a lo que ocurrió de verdad. Si bien es cierto que los que lucharon por las Comunidades defendían los derechos adquiridos por las ciudades, éstos procuraban defender la legislación foral leonesa, que había sido cread hace 500 años. Pero el problema es que fue un procés similar al catalán de 2017 con una división enorme entre la población.

En el caso de Salamanca, que sí fue muy comunera (no tanto León, donde el ayuntamiento sí lo era, pero las murallas quedaron en el bando realista; o Zamora, que como se ha explicado antes no dio rédito a uno de sus grandes líderes como el Obispo Acuña), Francisco Maldonado –ejecutado en Villalar– no era un noble de alta alcurnia, pero sí un potentado cuyo padre había sido corregidor de la ciudad. Pero la cuestión es que no era tampoco un humilde burgués, sino que estaba casado con la hija del conde de Monteagudo, y él mismo era nieto del conde de Benavente.

Entre los comuneros salmantinos, destaca también su primo Pedro Maldonado y Pimentel, sobrino del conde de Benavente, Alonso Pimentel y Pacheco, y además emparentado con figuras clave del momento como María Pacheco —de quien era primo—, así como familiares de linajes tan influyentes como los Velasco, los Acuña y los Mendoza. Resulta significativo que durante el conflicto comunero se incendiara su castillo de Cigales, defendido por Juan de Acuña, también pariente suyo, lo que pone de relieve la compleja red de vínculos familiares entre los protagonistas. Todo ello sugiere que la Guerra de las Comunidades estuvo en gran medida marcada por disputas internas de la nobleza por el poder, más que por una simple confrontación en defensa de las clases populares.

Francisco Maldonado, finalmente fue ejecutado en Villalar. Este pertenecía a una familia de alto rango: su madre, María de Mendoza, era hija del conde de Monteagudo y sobrina del cardenal Mendoza, lo que lo vinculaba directamente con María Pacheco, esposa de Juan de Padilla. Lejos de una imagen humilde, Francisco Maldonado residía en la emblemática Casa de las Conchas de Salamanca, reflejo del peso social y económico de su linaje.

En realidad, por mucho que se le ponga como un hombre del pueblo, Francisco Maldonado –ajusticiadoen Villalar tras el fiasco de las Comunidades–, pertenecía a una influyente familia vinculada al ámbito universitario, como nietos del doctor Rodrigo Arias Maldonado, conocido como Rodrigo Maldonado de Talavera, catedrático de la Universidad de Salamanca, negociador de la paz con Portugal en 1479 y miembro del Consejo Real entre 1480 y 1482. Desde el inicio del conflicto, Francisco Maldonado, regidor de Salamanca, se alineó con el movimiento comunero, actuando como procurador en la Junta y como capitán de las milicias salmantinas, destacando además por su postura firme y radical.

Desde la fortaleza de Toro acudió en apoyo de Juan de Padilla y Juan Bravo en la preparación de la toma de Torrelobatón. Sin embargo, tras la derrota comunera en Villalar el 23 de abril de 1521 a manos de las tropas reales dirigidas por el conde de Haro, los dirigentes rebeldes fueron apresados. Aunque en un primer momento se decidió ejecutar a los tres principales capitanes, Padilla, Bravo y Pedro Maldonado, la intervención del conde de Benavente logró aplazar el juicio de este último por su condición de sobrino. En contraste, Francisco Maldonado, que se encontraba preso en Tordesillas, fue ejecutado por orden de los gobernadores al día siguiente, el 24 de abril. Como señaló Manuel Azaña, murió no tanto por su oposición política, sino por carecer de protección influyente.

Su cuerpo fue enterrado en la iglesia de Villalar y permaneció allí hasta finales de junio de ese mismo año, cuando su familia obtuvo permiso para trasladarlo a Salamanca. Para evitar cualquier alteración del orden público, el corregidor dispuso que el traslado se realizara de noche y sin solemnidad. Sus bienes fueron confiscados y vendidos en octubre de 1521 por cuatro mil ducados, una cifra muy inferior a su valor real, aunque meses después sus herederos, su hijo Rodrigo Arias Maldonado y su viuda Ana Abarca, lograron autorización para recuperarlos.

El otro líder comunero salmantino –Pedro Maldonado, el primo de Francisco–, era hijo de Arias Maldonado, comendador de Estriana, y de Juana Pimentel, hermana de Bernardino Pimentel, nada menos que el conde de Benavente. Por línea paterna descendía del doctor Rodrigo Maldonado de Talavera, catedrático de la Universidad de Salamanca, negociador de la paz con Portugal en 1479 y miembro del Consejo Real entre 1480 y 1482, a quien se atribuye la reedificación de la conocida Casa de las Conchas. Maldonado heredó un notable patrimonio, con unas veinte casas en Salamanca destinadas al alquiler, además del señorío de Babilafuente y Avedillo, mayorazgo fundado por su abuelo.

En 1520 fue nombrado procurador de Salamanca en las Cortes convocadas por Carlos I en Santiago, aunque se le negó el acceso al considerar que su designación procedía de un Cabildo Abierto en el que participaron frailes y gente del común, y no del regimiento. A partir de ese momento se convirtió en una figura destacada del movimiento comunero en la ciudad, llegando a ser nombrado corregidor en agosto de 1520 y jefe de la milicia salmantina dentro del ejército de la Santa Junta. Tras la marcha de Pedro Girón del bando comunero en diciembre de ese año, recayeron sospechas sobre algunos dirigentes, entre ellos Maldonado, debido a su parentesco con el conde de Benavente. Afectado por estas dudas, renunció temporalmente a su cargo en favor de su primo Francisco Maldonado, aunque poco después, y a instancias de Juan de Padilla, recuperó el mando.

Fue capturado tras la derrota de Villalar el 23 de abril de 1521. Aunque en principio debía haber sido ejecutado junto a Padilla y Bravo, la intervención de su tío logró aplazar el proceso a la espera del regreso del rey. Sin embargo, Maldonado fue trasladado al castillo de Simancas el 20 de mayo de 1521. Según la tradición, pudo haber escapado durante el traslado, pero decidió no hacerlo confiando en la clemencia real. En agosto de ese mismo año, la corte ordenó reforzar su vigilancia, y finalmente, un año después, el Consejo Real lo juzgó en Palencia y lo condenó a muerte. El 14 de agosto de 1522 fue ejecutado en la plaza pública de Simancas, siendo degollado.

Su cuerpo fue enterrado inicialmente en la iglesia de Simancas y trasladado en 1526 a la catedral de Salamanca por deseo de su madre, para reposar en el panteón familiar. En 1523, la villa de Babilafuente, de su propiedad, fue vendida por el fisco real junto con sus rentas y jurisdicción, mientras que el resto de sus bienes fue entregado a su madre.

Una red familiar de nobleza y riqueza

Otros líderes comuneros no eran precisamente hombres del pueblo. En León fue Ramiro Núñez de Guzmán, de los Guzmanes, quien lideró la revuelta con intención de conseguir de nuevo la primacía política que su familia había perdido al no ser rey Fernando, el hermano de Carlos I de España y V de Alemania como se pensaba en un principio.

En Zamora, el obispo Acuña –Antonio Osorio de Acuña, como se llamaba en realidad–, pertenecía a un linaje de gran peso en la nobleza castellana, siendo miembro tanto de la casa de los Osorio como de los Guzmán. Formaba parte de una de las facciones que se alzaron contra Carlos I, vinculadas al entorno del infante Fernando, a quien consideraban legítimo heredero. Por vía materna estaba emparentado con el comunero leonés Ramiro Núñez de Guzmán, y, de forma significativa, era hermano de Diego de Osorio, uno de los más destacados partidarios del bando realista durante la Guerra de las Comunidades. Esta dualidad familiar fue subrayada por fray Antonio de Guevara, quien describía a Diego como “un dechado de virtudes”, en contraste con el carácter inquieto del obispo rebelde. Entre sus parientes también figuraba su tía Inés de Osorio, conocida benefactora de la Catedral de Palencia, y mantenía un vínculo cercano con el núcleo comunero al ser primo segundo de María Pacheco, esposa de Juan de Padilla.

Hijo del obispo de Burgos Luis Vázquez de Acuña y Osorio, miembro de una familia de antiguo abolengo vinculada a los condes de Carrión y de Valencia de Don Juan, y descendiente por línea materna de la casa de Manuel —con raíces en la realeza castellana a través de don Juan Manuel, hijo de Alfonso X—, Antonio de Acuña creció en un entorno de alta nobleza. Aunque se formó en el ámbito eclesiástico, pronto destacó más por su participación en intrigas políticas que por su vocación religiosa.

En este mismo contexto de parentescos y alianzas se sitúa Juan Bravo de Lagunas y Mendoza –que como indica el historiador Arturo Rodríguez Lopez-Abadía “cuando se sabe su nombre entero no parece precisamente un pobre hombre al verse que es familia de los condes de Tendilla–, uno de los principales líderes comuneros en Segovia, también primo de María Pacheco –hija de Íñigo López de Mendoza y Quiñones, primer marqués de Mondéjar y segundo conde de Tendilla – y esposo de su hermana Francisca Pacheco, por tanto, relacionado con el propio Acuña. Algo que vuelve a poner de relieve la densa red familiar que unía a muchos de los protagonistas del conflicto.

Con estas familias y con estos linajes, queda bastante claro que lo que se cuenta de los comuneros no es precisamente una revuelta de gentes humildes –ni siquiera es la primera revolución de la Edad Moderna, ya que antes están los Irmandiños en 1474 y las Germanías en 1519, un año antes de los comuneros– y con ello queda evidente que la historia que se ha contado desde los años setenta, con una fiesta popular de izquierdas contra Franco celebrando una ignominiosa derrota que devino en celebración de una comunidad autónoma que los leoneses rechazan fuertemente, necesita de una importante revisión histórica.