Esperanza Martín: el reto de ilustrar la visión de género en el paleolítico cantábrico de Altamira

Dibujar es recrear mundos. No sólo imaginarios, sino también pasados. Y también la forma de enseñar a los demás conceptos de investigación muy complejos y novedosos. La ilustración histórica, hoy amenazada por monstruos de IA, es una de las herramientas más poderososas para transportar cómo era la antigüedad a día de hoy. Y abrir una ventana a como eran aquellas tierras lejanas en el tiempo, de hace miles de años, que hoy pisamos en la actualidad.

Este es el objetivo del Museo Nacional de Altamira, y también, desde principios de siglo, de la arqueóloga leonesa Esperanza Martín. El mostrar una serie de imágenes que acerquen a los humanos de la prehistoria a los ojos de los del siglo XXI dentro de su programa colaborativo 'Redibujando Altamira: Más allá del relato único'. Una iniciativa basada en la perspectiva de género en la que superar las viejas concepciones de los hombres cazando y las mujeres en las cuevas, mostrando la vida cotidiana de todos los seres humanos de los grupos del paleolítico. Humanizar más si cabe la Historia.

Quién le iba a decir a Esperanza Martín que su afición de niña, dibujar mundos, iba a darle la oportunidad de que sus ilustraciones se expongan en los mejores museos de España –también tuvo el inmenso honor de ilustrar la exposición 'Alas para la guerra' de los cascos íberos de Aratis en el Museo Arqueológico Nacional (MAN) el año pasado–, y en este caso el encargo de Altamira, una serie de ilustraciones históricas rigurosas para mostrar de forma cercana el paleolítico a los visitantes representando las cuatro estaciones del año, ha comenzado rememorando precisamente la infancia.

La arqueóloga e ilustradora leonesa, especializada en las excavaciones de campamentos romanos en la vía de La Carisa –la línea de ataque romana a los astures en las Guerras Astur-Cántabras de Augusto con posiciones fortificadas a más de 1.500 metros de altura– y con un espectacular descubrimiento antropológico en el yacimiento de Lucus Asturum (Lugo de Llanera, que el Principado de Asturias pretende protegerlo como Bien de Interés Cultural), ha iniciado su colaboración con el Museo de Altamira con una preciosa estampa del invierno, en la que un grupo de niños y adolescentes se divierten viendo nevar falampos [como se llama en asturleonés a los trapos de nieve, los copos más grandes] en la costa Cantábrica entre sonrisas y jugando con ellas. La recreación del invierno paleolítico está ahora mismo expuesta en gran formato en la entrada del museo.

“Con esto quería mostrar las emociones humanas ante un hecho como una nevada, que siempre hace mucha ilusión en los críos, porque si te fijas en las demás ilustraciones de la antigüedad sale la gente muy seria”, explica Esperanza Martín. “Se trata de representar la vida en la antigüedad siempre con perspectiva de género, claro, y mi intención es pues eso, que se vean emociones, pero siempre representando el pasado con el máximo rigor trabajando con dos investigadores de Altamira. Es una visión bastante personal nuestra, mía y de los científicos del museo. Si te fijas la mayoría de las ilustraciones que hay del paleolítico la gente está muy seria siempre, con un halo de seriedad que yo creo que no es lo más correcto, porque el ser humano una de las cosas que lo define es que tiene muchas emociones”.

La cuestión es que la imagen de la nevada impacta, precisamente por eso, porque se ve en primer plano a un niño sonriendo extasiado con los grandes copos de nieve y los demás jugando alrededor. Algo que ocurriría hoy, y que es perfectamente trasladable al pasado de los seres humanos si cualquier persona recuerda la ilusión que hacía levantarse y ver todo nevado. No es presentismo, es ese residuo histórico que se traslada al presente por la misma esencia de las emociones humanas ancestrales.

“Yo entiendo que cuando unos niños ven la nieve se ponen así. No sé los demás, pero yo siempre me alegro un montón porque es una cosa que mola mucho bien. Sirve para jugar, sirve para revolcarse... Entonces, lo que hicimos fue representar un momento puntual en la costa cántabra en en este momento. Y en realidad el aporte cronológico lo ponen, pues eso, los colgantes que llevan los críos y tal”, confiesa la ilustradora refiriéndose al final que el niño protagonista lleva un colgante magdaleniense que se ha encontrado en excavaciones arqueológicas y que se reproduce con exactitud. Aunque no todo es certificado científicamente, pero sí por lógica, que es como se trabaja preferentemente al interpretar una época como la prehistoria (de la que Esperanza Martín reconoce que no es especialista, pero que se ha tenido que informar mucho para realizar este trabajo) en la que no hay fuentes escritas y sólo objetos antiquísimos que hay que interpretar: “Hay unas cuantas cosas que evidentemente me las saco del coleto. Quiero decir, ponerle al crío un abrigo que es mucho más grande y que está roto es porque estoy segura que en la antigüedad pasaba igual que ahora, que tú heredabas la ropa de tus padres y de tus hermanos”.

Y con dientes caídos. “Como es lo que le ocurriría a los niños de seis o siete años en el cambio dental. Aunque en este caso también he pretendido ponerle uno mellado, porque yo entiendo que estos críos y los humanos de la época tenían bastantes problemas con la dentadura”, puntualiza.

Los personajes representados son Homo sapiens, no neandertales. En esencia aunque parezca una familia disfrutando de la nieve, unos niños con una cuidadora mayor, es algo más complicado. Algo que tiene que ver con la perspectiva de género, pero no centrada exclusivamente en las mujeres. La vida en el paleolítico era complicada, de supervivencia, no muy distinta de las personas que vivían en el siglo XIX en zonas tan poco pobladas como la comarca de La Cabrera en León, en la cual todos los miembros de un grupo tenían que hacer de todo para sobrevivir al invierno.

“Bueno, en realidad hay que tener en cuenta que en esta época el constructo ideológico que tenemos ahora mismo de familia no existía –especifica Martín– porque posiblemente al final todos tenían que estar copulando con todos. No existía la monogamia de la que hoy hacemos gala o por lo menos no lo sabemos. Habría que ver estudios paleantropológicos, pero yo entiendo que la monogamia no sería lo común [Nota del autor de este artículo: a día de hoy tampoco es que la gente sea fiel en el matrimonio]. O sea, en todo momento hemos entendido que la monogamia no se daba como tal en aquella época. Entonces, más que hablar de familias, en este caso habría que hablar de grupos, personas que evidentemente, conviven juntas. Y en la escena posiblemente no todos sean hermanos ni muchísimo menos, pero se vivía en grupo, se defendía el grupo. Hay gente que habla de clanes, pero a mí me gusta la me gusta hablar de grupos. Entonces, familia creo que es un término un poquito más actual que nos sirve para componernos una explicación rápida, pero el concepto es mucho más profundo. Se trata de repensar las circunstancias humanas, y es el objetivo de mostrar momentos distintos a lo que en los libros salen del paleolítico, para que la gente pueda reflexionar sobre ello”.

En el fondo lo que se pretende es destacar que no es que seamos los seres humanos actuales, en lo básico, muy distintos emocionalmente a nuestros antepasados –algo que influye en nuestros actos en sociedad– y esto es lo que se quiere divulgar con este programa de género en el Centro de Interpretación de Altamira con el objetivo de que los visitantes piensen de otra manera más extensa y comprender así que se puede estudiar la historia de forma inclusiva de todo tipo de personas y situaciones.

Las técnicas usadas para ilustrar una nevada en la prehistoria

Esperanza Martín no sólo es una dibujante excepcional, sino que también es modelista de piezas arqueológicas e históricas. Tiene una capacidad de comprensión de la naturaleza de los objetos notoria; aparte de una inmensa capacidad de trabajo, siendo directora de varias excavaciones en el Principado de Asturias, especializada en la arqueología de tiempos de los romanos. Concretamente la campamental de los legionarios que conquistaron a los astures siguiendo la Vía Carisa.

Con el tiempo, su afición le sirvió para encargarse también de los dibujos arqueológicos de sus informes, pero poco a poco fue colocando ilustraciones divulgativas en varias exposiciones hasta llegar al Museo Arqueológico Nacional en la temporal de los cascos de Aratis. Sus estampas históricas, de una gran calidad artística y rigurosidad documental, la han convertido en una de las mejores ilustradoras históricas de España. Las de la exposición del MAN lo confirman. En este caso de Altamira, ha utilizado una técnica mixta analógica-digital que ha ido destilando a lo largo de los años. La carrera de un dibujante ha cambiado mucho en el uso de las técnicas, desde los lápices a los rotuladores y las distintas imprimaciones de color, ya que este mundillo de la pintura ha avanzado en este siglo cosa fina. También los programas de ilustración, sobre todo con las Apps de las tabletas. Y todo eso ha confluido en su trabajo artístico.

En el caso de la ilustración del invierno de Altamira, comenzó con un boceto a lápiz, que entinta, escanea y pasa a la tableta. “Empiezo así y luego lo que hago es un lápiz escaneado porque yo ahora para colorear lo hago en digital: dibujo a lápiz, paso a tinta y luego coloreado en digital. Entonces, poco a poco voy añadiendo cosas y luego primero haces acuarela, una acuarela por delante y luego la digitalizas porque es muchísimo más fácil, pero infinitamente más fácil dibujar en digital por la muy sencilla circunstancia de que se puede corregir, echar para atrás el coloreado si algo no te satisface”, reconoce. Y también que esto fue un proceso de aprendizaje y algo de humildad con lo de la tecnología. “Que yo al principio y me negaba de manera rotunda, pero claro, es que luego no sabes cantidad de tiempo que se ahorra.

Al final, el uso de la tecnología –también es experta en fotogrametría digital, el escaneo 3D digital de sus yacimientos arqueológicos por pura necesidad al principio para adelantar trabajo con puntos digitales XYZ generados por escáneres láser y, por tanto, en manejo de software de procesamiento de nubes de puntos– hace que estas técnicas confluyan con la ilustración histórica de forma natural. Si bien es cierto que los dibujantes valoran mucho las habilidades analógicas (pintar a mano, vaya), la realidad profesional lleva a considerar que el uso de la tecnología para cierto tipo de trabajos es más que adecuada, hoy imprescindible. La cuestión no es la pureza de la imagen mostrada, sino el resultado a conseguir.

El debate de las mujeres en la prehistoria

No hay que olvidar que el encargo del Museo de Altamira tiene que ver con la visión de género en la Historia. En esto Esperanza Martín trabaja mucho desde casi el principio de su carrera como arqueóloga e ilustradora. Y ha tenido varias críticas por representar, por ejemplo, mujeres cazando o realizando actividades considerados por la historiografía tradicional –completamente copada por hombres hasta no hace mucho– de esencia puramente masculina. No es el concepto total de lo que quiere transmitir en el museo de Cantabria, magnificar sólo a las mujeres “sino también a niños, jóvenes, ancianos, la visión de género es intentar reflejar la igualdad de todos, incluso de los hombres adultos, en la Historia”, opina.

Gracias a la investigación histórica que se ha realizado durante todos estos años la historia ha cambiado bastante, aunque la mayoría del público se ha quedado atrasado en lo que estudió en el colegio y el instituto. La cuestión es que los estudios históricos de los últimos 25 años han permitido reflexionar sobre ciertos descubrimientos que han cambiado esa imagen tradicional del hombre cazando y la mujer en la cueva. En el paleolítico vivían en grupo y como tales tenían que sobrevivir como podían, no necesariamente tenía que haber una estructura de clan muy cerrada, sino que sería el grupo, pues haría lo que tendría que hacer. Y cada individuo realizaría sus cosas específicas por su capacidad natural personal, pero al final en momentos difíciles todos arrimarían el hombro en todo tipo de actividades. Es un “me cambian la Historia” que mucha gente no acepta. Que las mujeres no podían cazar en la prehistoria no tiene mucho sentido en circunstancias de supervivencia pura, pero como hasta ahora la prehistoria la habían estudiado hombres preferentemente nunca se había pensado en este tipo de cosas.

“Lo que es la perspectiva de género en este sentido nos puede ayudar a avanzar en el estudio de estos grupos humanos del paleolítico. Porque cuando estamos haciendo ahora investigación, y de hecho hay mucha gente muy buena trabajando en el tema, vemos que lo de la mujer con un papel pasivo y el hombre activo no es así porque no hay más que ver las propias representaciones prehistóricas en la antigüedad. Lo de la ilustración del siglo veinte con la mujer dibujada siempre quedándose en la cueva y demás no cuadra con lo que se está descubriendo, cuando en realidad hay que considerar el papel del grupo femenino como completamente activo”, apunta la arqueóloga leonesa. “No solamente como madres y supervisoras de todo lo que es el grupo humano, porque aparte de las que paren son las que cuidan siempre o casi siempre, y de hecho se las dibujado, representado muchas veces como las controladoras del saber médico y demás, porque hacía falta. Pero lo que no tenía sentido es que se las desplazara de otras actividades productivas del de tipo cazador y recolector, cuando en realidad tiene lógica que realmente al trabajar como un grupo hay algunas actividades que realmente se tenían que estar haciendo en conjunto”.

Esperanza Martín dibuja mujeres cazando porque “resulta que los estudios antropogenéticos y paleoantropológicos que se están llevando a cabo en algunos en algunos yacimientos donde se pueden recuperar restos demuestran que las mujeres son, por ejemplo, enterradas con toda una serie de elementos que nos hace pensar no en matriarcados duros, pero sí en un papel realmente preponderante de la mujer. Avanzando un poco más en el tiempo, pero también en la prehistoria, si miras, pues eso, yacimientos como Panoría y también Cerrillo Blanco, y muchos otros, se encuentra que las que las tumbas dominantes son las de mujeres. Dominantes me refiero porque son las más grandes y ricas”, arguye.

Es tal la cantidad de yacimientos, más allá de los ejemplos que pone la ilustradora leonesa, que “realmente demuestran el tratamiento de la mujer,como un individuo de alta importancia que se comprende ahora que estaba muy, muy arriba en la sociedad. O sea, no estamos hablando de la mujer como un elemento secundario dentro de la cadena productiva, sino, como realmente una parte tan importante como los hombres en ella”. Pero la pregunta que todos tenemos para desmontar esta aparente visión woke de la prehistoria es obvia: ¿Quién se encargaba del el cuidado de la familia? Esperanza Martín responde con calma y visión didáctica, nada de wokismo: “Sin ningún tipo de duda en las mujeres. O sea, ahí no me cabe ni la más mínima duda –reconoce–, pero es que hay muchísimas otras actividades que incluso hoy están ligadas ahora mismo a la mujer. Se han hecho estudios, por ejemplo, de las mujeres de El Argar por el desgaste que tienen de las rodillas y de las caderas y demás... y se ve que eran las que estaban encargándose de todo lo que es el producto de consumo (las harinas y demás), por las posturas que tenían que adquirir y demás, aparecen enterradas siempre con ajuares que incluyen también agujas y demás, por lo cual todo lo que es el elemento textil lo están tejiendo ellas... y además hay algunas mujeres que son claramente cazadoras, porque han sido enterradas y descubiertas con toda su impedimenta cazadora, que hasta ahora siempre se había creído propia del sexo masculino. Entonces, no sé, desvirtuar la historia, dándole un papel secundario extrapolándola al momento actual, de ama de casa no parece correcto. No deja de ser minusvalorar un poco todo ese todo ese trabajo que realizar el sector femenino en la antigüedad, que era mucho y variado”.

Pero las críticas son constantes, aunque van bajando y mucha gente se va dando cuenta de que todos los seres humanos en situaciones de subsistencia se apoyan entre sí sin mirar sexo y condición. Pero hay ejemplos de protestas que tienden a ser completamente absurdos: sólo hay que observar la historia que compartió en Facebook por la ilustración de justo aquí abajo. ¿En qué cabeza cabe que dibujar tres mujeres en un ritual pudiera considerarse sexista? Ella misma lo explica en esta entrada con mejores palabras.

No es cuestión, con los datos arqueológicos en la mano, de decir que lo hacían todo las mujeres. Es cierto que había actividades propias masculinas como la guerra generalmente (aunque en algunas ocasiones se puedan encontrar mujeres guerreras), pero la división del trabajo productivo por sexos como la agricultura y la ganadería no era ni siquiera común hace un siglo en España. Las mujeres y los niños trabajaban en el campo al igual que los hombres, y eso todos lo tenemos presente todavía de nuestros abuelos. La cuestión es que no se debe de interpretar que se restringía la actividad de la mujer con el presentismo de nuestras costumbres contemporáneas y, además, que no se debe perder de vista que el desconocer el cincuenta por ciento del conocimiento humano no es una buena política. El trabajo en la Historia de las Mujeres es fundamental para recuperar el conocimiento, nada menos, que de la mitad de la humanidad y darle el reconocimiento debido a sus avances y descubrimientos.

“De hecho, cuando hablamos de la 'tercera mano' –que son los dientes– si uno se fija en el desgaste interdental que han sufrido gran parte de las mujeres que se encuentran en los yacimientos paleolíticos, eso te indica que estaban cortando el cuero y las cuerdas con los dientes, lo que implica que eran ellas las que estaban haciendo toda esa toda esa cadena productiva”, remacha la arqueóloga.

En todo caso por mucho que la algunos protesten no es nada descabellado que las mujeres cazaran, sobre todo animales pequeños, o llevaran un arco (un arma a distancia) o pequeños cuchillos. Y que de vez en cuando participaran en la caza de animales grandes como grupo de apoyo para dirigir a la presa a un una trampa, llevando armas ligeras para intentar defenderse en caso de que se desbocaran, y que allí los hombres los mataran con lanzas cuerpo a cuerpo.

“Si tú te pones a mirar un pueblo de La Cabrera en el siglo pasado, las mujeres hacen de todo porque es que es necesario porque es supervivencia y aquí el individuo importa. Es que yo no sé por qué razón la mujer la consideramos siempre como ama de casa. ¿Nunca nos imaginamos a una mujer ganadera en el pasado? Pues en la actualidad no hay problema, y tampoco debería ser así pensarlo en la Antigüedad. Al final todos los individuos del grupo tenían que estar realizando todas las actividades. Y de hecho en ese cuando te digo que no sé, imaginamos siempre a las mujeres como médicas y demás, es precisamente porque bueno, al estar al cuidado de la de los de lo que es el grupo humano, evidentemente la lógica te lleva a pensar que es la mujer la que cuida y la que aprende, ¿no? Y sobre todo, la encargada, que nos olvidamos de esto y es hiperimportante, la encargada de la transmisión oral de conocimientos”, continúa argumentando la arqueóloga.

De hecho, lo que más le satisface de su visión de que “todos hacían de todo” y de que “las mujeres también” es, se congratula, “de poder trabajar y ver cómo las niñas se dan cuenta de que pueden hacer lo mismo que los niños, que antes que ellas hay otras chicas que lo han hecho y, claro, si ellas pudieron, por qué no ellas. Pero no sólo eso, que es muy importante para que cojan confianza de que pueden proponerse lo que sea, sino también que los niños lo vean igual, que no piensen que ellas no pueden, que lo vean natural”. “Es que ese es el verdadero camino para la igualdad, que todos respeten a todos el deseo de hacer lo que quieran en la vida, sin que nadie les diga qué pueden o no por ser de un lugar o de un sexo determinado”, esgrime la arqueóloga e ilustradora.

“ O sea, tú piensas ahora mismo en el paleolítico. ¿A que te imaginas a un montón de cazadores cazando un mamut, por ejemplo? Porque el rollo es que no se ha representado ninguna otra actividad de manera prioritaria. Y siempre dicen, pues eso, 'un montón de cazadores transportando un ciervo que acaban de cazar o cazando un mamut o peleando contra el lobo y tal'. Y como mucho en segundo plano dibujas a una mujer en la cueva cuidando de los niños. Eso suponiendo que aparezca la mujer. Entonces, muchas veces el centrar el protagonismo de una imagen en determinadas figuras, lo que hace es trastocar de una manera bastante notable la percepción que los que hemos investigado en yacimientos tenemos de la de la de la realidad y de la Antigüedad. Entonces, si yo te hablo de si yo te hablo de Roma, si tú le pides a un niño que te dibuje Roma, posiblemente te dibuje el circo romano con las cuadrigas y los gladiadores. Y van a ser siempre señores, evidentemente. Si tú a un niño le pides que te dibuje un astronauta, va a dibujar un señor que sea astronauta. Si tú le pides a un niño que dibuje un medieval, te va a dibujar a un cruzado medieval. Bajo ninguna circunstancia te va a dibujar una mujer”, pormenoriza la ilustradora sobre este asunto. “Bueno, igual en España ahora mismo sí dibujan una astronauta”, reconoce sonriendo tras darse cuenta de que su paisana leonesa Sara García Alonso es la más conocida en el país por sus charlas científicas motivadoras debido a que el otro paisano que irá al Espacio, Pablo Álvarez, está en entrenamiento.

¿Esto quiere decir que se le tenga que echar la culpa a los hombres de esta visión masculina del pasado? No pretende Esperanza Martín acusarles de ello. Es de entender que centrados en su trabajo y viviendo en tiempos pasados más machistas no pensaran en las mujeres, porque al desconocer sus circunstancias y sus capacidades los hombres tienden a no pensar en lo que realmente no conocen. “Eso sí, todo lo que se va descubriendo debe de hacer reflexionar a los señores que hay otras formas de vivir la vida y de realizar actividades y que también estamos las mujeres, y que sabemos hacer de todo”, reivindica.

Más allá de polémicas vanas –“En realidad quienes protestan por una ilustración de una mujer prehistórica cazando son pocos, muy gritones, pero sólo en las redes porque en los museos la gente se maravilla porque les hace pensar”, puntualiza— Esperanza Martín pretende contar la Historia de forma visual como algo que es común a todos los seres humanos, incluso de la actualidad. Mostrar las emociones humanas para explicar al hombre digital que sus antepasados vivían las cuestiones cotidianas como él.

— ¿Tú ves en lo que he dibujado una imagen del paleolítico? Yo veo unos niños pasándoselo en grande viendo nevar. Nada distinto de lo que sería hoy. En el fondo somos los mismos pero con móviles y electricidad, pero nuestra esencia a la hora de sentir emociones y vivir esos momentos de la vida es igual en todos los seres humanos. Los de hoy y los del pasado.