Descubren en La Ercina el primer campamento de asedio romano de las Guerras Cántabras en la provincia de León
Un equipo de investigadores de la Universidad de León (ULE) anunció hoy el descubrimiento de un campamento militar romano de 1,7 hectáreas vinculado al asedio y conquista de La Peña del Castro, un poblado de la Edad del Hierro situado en el municipio leonés de La Ercina.
El recinto, localizado a unos 500 metros del asentamiento, habría sido utilizado por las tropas romanas durante las Guerras Cántabras (del 29 al 19 antes de Cristo) y constituye “una nueva pieza para reconstruir cómo se desarrolló la conquista del territorio” de la actual Montaña Oriental Leonesa, según se desveló en una rueda de prensa sobre la última campaña de excavación del lugar, realizada por Carlos Fernández, director del grupo de investigación de Historia y Arqueología de la ULE y el coordinador de los trabajos, el profesor Eduardo González Gómez de Aguero. El hallazgo de una fuerte estructura rodeando, con un zócalo de un muro de piedra de un metro de ancho, un perímetro de 1,7 hectáreas con una entrada en clavícula, permite según ellos “establecer una relación directa entre una instalación militar romana de asedio y un castro indígena cántabro, algo de lo que hasta ahora existían escasas evidencias arqueológicas en esta zona de la provincia de León”.
Es decir, sería la primera fortificación romana de este tipo dedicada a hostigar y preparar el asedio y asalto de un castro cántabro localizada en la provincia de León. Los restos de las operaciones de la cohorte romana (cabrían unos cuatrocientos o quinientos legionarios en unas dos hectáreas y serían bastantes más que los guerreros cántabros dentro de una población amurallada de más o menos la misma extensión pero con ancianos, mujeres y niños dentro) en los terrenos hoy de La Ercina serían similares a los del Castro de La Loma en Santibáñez de la Peña (Palencia) excavados por Eduardo Peralta también en el frente cántabro, pero el leonés en una escala mucho más pequeña.
Fernández explicó que la excavación de este año –los trabajos arqueológicos en la Peña del Castro comenzaron en 2013, cuando ya sus primeros arqueólogos, Gómez de Agüero, Víctor Bejega y Fernando Muñoz Villarejo conjeturaron sobre un fin violento del poblado fortificado indígena– es la segunda temporada de una fase en la que se han centrado en el campamento romano (posiblemente con capacidad para cuatrocientas y pico soldados; lo que vendría a ser una cohorte) tras haberse detectado en la de 2025 una estructura notoriamente potente y no natural gracias al sistema LiDAR.
“Lo que se ha hecho, además de la excavación del Castro, ha sido una prospección, una prospección del entorno, con distintos medios y se había detectado una estructura que podría corresponder a un a un posible campamento romano que estaría relacionado con esa fase de asedio y de destrucción del poblado en principio”, explica el director del grupo de investigación, “con el objetivo de esta campaña de reconocer el terreno y comprobar las evidencias que había de esta estructura y si realmente podría identificarse con un campamento romano”.
El asalto final, al norte del poblado
Los trabajos también han permitido confirmar, según los arqueólogos, que el ataque romano “se produjo por la ladera norte del poblado” y abren nuevas hipótesis sobre la destrucción de sus construcciones “y las posibles estrategias de sometimiento de la población local”. También se han encontrado numerosos materiales bélicos como multitud de clavos de caligae [las botas militares de los legionarios] dentro del castro y puntas de flecha, regatones y puntas de lanza en una de las explanadas frente a las murallas del poblado indígena. También se han encontrado fíbulas excepcionalmente conservadas.
Uno de los objetivos de esta campaña de 2026 “era detectar cómo se había producido ese ataque romano al poblado y prospectamos las laderas de yacimiento, localizando también que este ataque se había producido por la ladera norte, algo que ya teníamos indicios y que hemos podido confirmar en esta campaña”, apunta el coordinador de la excavación, que señala que ha sido posible al localizarse también el lienzo derribado de la muralla del castro por los arietes romanos.
La existencia del campamento comenzó a perfilarse gracias a las prospecciones realizadas durante la primavera, mientras que las excavaciones desarrolladas este verano han confirmado su origen militar romano. Según explica Eduardo González Gómez de Agüero, codirector de la intervención arqueológica, “el recinto presenta una planta cuadrangular y una entrada en clavícula, un acceso característico de los campamentos romanos relacionados con la conquista de la cornisa cantábrica. Su posición estratégica permitía vigilar tanto el castro como las principales vías de acceso”.
“Pese a tratarse de una instalación militar temporal, el campamento disponía de un importante sistema defensivo. Su perímetro estaba protegido por una muralla de piedra local de aproximadamente 1,5 metros de anchura, que actualmente conserva menos de medio metro de altura”, aunque los arqueólogos calculan que originalmente podría haber alcanzado cerca de un metro“, afirma el arqueólogo.
“En el interior se levantó una plataforma de tierra de unos 12 metros de anchura, construida con materiales extraídos del propio terreno, tras producirse un gran movimiento de tierra, una gran una gran obra para esta esta construcción”, relata el experto. “Esta estructura servía como espacio de circulación para los soldados, reforzaba la muralla y permitía elevar la superficie del recinto respecto a la pendiente natural. Los investigadores también han identificado posibles restos de construcciones interiores realizadas con materiales perecederos”.
“Uno de los aspectos relevantes es su estado de conservación. No es fácil encontrar un campamento relacionado con un castro con este nivel de conservación”, destacó.
Una pieza que faltaba de la conquista romana de Hispania
El descubrimiento tiene especial relevancia, según González Gómez de Agüero “porque contribuye a cubrir uno de los vacíos existentes en el registro arqueológico de la provincia leonesa”. Aunque las investigaciones sobre las Guerras Cántabras han permitido localizar numerosos campamentos romanos en territorios como Asturias, Cantabria o Palencia, en la vertiente cantábrica leonesa todavía faltaban evidencias que relacionaran estas instalaciones militares con los asentamientos indígenas de la Edad del Hierro en la provincia de León.
“Es un paso importante para conocer cómo se realizó la conquista en la vertiente cantábrica leonesa, una zona en la que faltaba relacionar los campamentos romanos con los poblados de la Edad del Hierro”, señala Carlos Fernández, director del grupo de investigación Historia y Arqueología de la ULE.
Eso sí, hay que especificar que en este contexto se habla exclusivamente del frente de los cántabros de las Guerras Astur-Cántabras de Augusto que fueron de las últimas en la conquista total de Hispania, oficialmente entre los años 29 y 19; porque sí se han detectado campamentos de asedio en las postrimerías de Lancia (mucho más grandes porque son de legiones mientras el de La Ercina podría ser para una cohorte), en el frente de los astures.
“Este hallazgo es es relevante, es importante por varios motivos. Uno por su estado de conservación, no es fácil encontrar este tipo de relación de campamento castro con este nivel de conservación que hemos podido detectar nosotros y por otro lado también porque rellenamos un vacío que había en la provincia de León”, asegura González de Agüero, que recordó que en el frente cántabro de la Guerra de Augusto contra esta tribu y los astures, “ya hace 30 años que empezaron las investigaciones de estas guerras cántabras en Cantabria, en Palencia, con investigadores como Peralta; también en Asturias se han hecho labores, pero León había un poco ese vacío. Sí hay compañeros que han detectado zonas de la meseta del sur de la provincia de la provincia de León restos de campamentos de este tipo en la zona astur, pero nos faltaba encontrar uno en la provincia similar para la zona del noreste de la provincia perteneciente a los cántabros.
La Peña del Castro, vértice entre astures, vacceos y cántabros
La ubicación del nuevo espacio fortificado romano también permite establecer posibles conexiones con otros enclaves documentados en el valle del Porma. Estas relaciones podrían ayudar a reconstruir los desplazamientos de las legiones romanas a través de los valles que atraviesan la cordillera Cantábrica de norte a sur, desde Castra Legio (el campamento de la Legio VI Victrix que dio lugar posteriormente a la actual ciudad de León) así como las estrategias empleadas para conquistar y controlar el territorio. También destaca que La Peña del Castro se sitúa justo en un vértice de las fronteras difusas entre los cántabros (que eran los pobladores de este poblado indígena de la Edad del Hierro en La Ercina) y los astures al sur y los vacceos al este a pocos kilómetros de distancia; indicando la importancia estratégica de este enclave para las tribus al norte en la denominada Cantabria según los romanos.
El proyecto arqueológico de La Peña del Castro comenzó en 2013, aunque sufrió una interrupción durante la pandemia. Tras la reanudación de las investigaciones, el análisis del entorno mediante fotografía aérea, tecnología LiDAR y otras técnicas de prospección permitió identificar una estructura anómala que no parecía responder a una formación geológica natural.
Las posteriores investigaciones sobre el terreno y las excavaciones de este verano han confirmado que se trataba de un campamento militar romano y han permitido comenzar a documentar tanto sus características constructivas como su relación con el castro.
La implicación de los vecinos de La Ercina
Las excavaciones forman parte del proyecto 'Territorio y Patrimonio. Los pilares de un turismo cultural sostenible en el medio rural' (Terpat Plus 2E), integrado en el programa europeo Interreg VI-Ade Cooperación Transfronteriza España-Portugal (dentro del programa Poctep 2021-2027), con financiación de la Junta de Castilla y León. La investigación cuenta también con el apoyo económico y material del Ayuntamiento de La Ercina.
El alcalde del municipio, Ignacio Robles, destacó especialmente la implicación de los habitantes de la zona en las excavaciones y el vínculo establecido durante más de una década entre los investigadores y la población local. “Lo más importante quizás es la simbiosis que se ha producido entre los arqueólogos y la población”, asegura el regidor, que destaca el interés de los vecinos por seguir los descubrimientos y conocer los materiales recuperados.
La participación de voluntarios y habitantes del municipio durante las campañas permite acercar los resultados de la investigación a la sociedad y contribuir a la conservación y divulgación del patrimonio arqueológico. Una colaboración que el alcalde resume con una frase: “Lo que se desconoce no se ama”.
Eduardo González Gómez de Agüero quiso también agradecer la labor de los voluntarios en la excavación “que son los que levantan este este proyecto y por supuesto a la gente de del municipio de La Ercina y alrededores, que son el auténtico alma del proyecto. Es un proyecto de abajo para arriba y sin ellos esto no tendría sentido y bueno, también agradecerles siempre el apoyo que nos brindan y que siempre estén ahí con con nosotros”, terminó.
Referencia: Eduardo González Gómez de Agüero y Diego Herrero Alonso — 'La conquista romana de la zona central cantábrica: el caso de La Peña del Castro (La Ercina, León, España), nuevos aportes para su conocimiento' ~ Revista Sagvntvm (2024) | DOI: 10.7203/SAGVNTVM.56.25953.