Sara Lombas

12 de marzo de 2026 08:41 h

El libro ‘Entre hojas escondido’, de David Muñoz Mateos (Zamora, 1988), entremezcla realidad y ficción en una misteriosa historia que protagoniza Samuel, quien fue abandonado de niño en la Sierra de la Culebra, en la comarca zamorana de Sanabria, que tantos factores culturales comparte con León. El paisaje de la sierra es también protagonista de esta historia, con sus lobos y tradiciones como las mascaradas de invierno, tan vivas en la mentalidad leonesa como la sanabresa. Un paisaje que quedó reflejado para siempre entre sus páginas, ambientadas entre el año 2018 y 2019, poco antes de que grandes incendios forestales desatados en 2022 asolaran gran parte de la Sierra de la Culebra, que aún hoy en día no se ha terminado de recuperar. David Muñoz Mateos presenta esta novela el jueves 12 de marzo en la librería Sputnik de la provincia de León.

La historia de Samuel es contada por un narrador que se asemeja lo suficiente al autor como para que el lector se pregunte si de verdad en Santa Cruz de Cuérragos existe un hombre que fue criado por la naturaleza que impregna la comarca. Un narrador que, como el propio Muñoz Mateos, regresa a su hogar para reencontrarse con sus raíces, después de sus viajes y unos años viviendo en París. Esta es, en parte, la historia de Muñoz Mateos, quien después de haberse criado en la ciudad de Zamora y terminar sus estudios superiores, sale de España para acabar trabajando de profesor en la Universidad de La Sorbona de la capital francesa.

Es también la realidad de toda una generación de jóvenes que cargan con el desarraigo impuesto por una tierra cada vez más escasa en oportunidades. “Es un conflicto muy generacional nuestro”, explica Muñoz Mateos: “Acabé la carrera en 2010 y luego hice un máster en 2012, salí a un mundo laboral en el que no había nada. Fue un momento de tremenda crisis en España y muchísimos de nosotros nos marchamos. Es una sensación de desarraigo que para mucha gente ha sido un drama”. 

Así como el narrador de la novela regresa a Santa Cruz de Cuérragos, Muñoz Mateos (cuya familia es originaria del Valle del Tera) escogió Puebla de Sanabria para asentarse durante cinco años y escribir esta novela que ha tomado su forma final después de una década de trabajo. En ella, el narrador arrastra un desarraigo que es una versión exagerada del sentimiento del propio autor y que encuentra consuelo en Samuel, que es casi uno con la tierra: “Es el ejemplo de arraigo perfecto porque es alguien criado por la sierra misma. El narrador siente hacia Samuel una especie de envidia y fascinación que es lo que le lleva a querer contar su historia, pero al mismo tiempo esa envidia es algo perverso, porque Samuel necesita de tanta ayuda, ha fracasado en tantas cosas y no ha conseguido llevar una vida normal”. 

Durante sus cinco años en Puebla, Muñoz Mateos construye a su personaje principal con unos rasgos sintácticos que recuerdan al leonés: “Muchas de las palabras que utiliza yo las he escuchado de pequeño. Son palabras del antiguo leonés, del sanabrés y asturleonés. También rasgos sintácticos que a veces nos decían que estaban mal, pero que en realidad allí se habla así”. De esta forma, Samuel se convierte en una alegoría de la propia naturaleza y de los habitantes de la comarca: “Al ser un hombre criado en la naturaleza, esa relación que tiene con el entorno es mucho más directa e íntima. Dice ‘me llueve’, en vez de llueve, porque todo pasa a través de él”. 

La educación como factor integrador en el mundo rural

Pero no solo la naturaleza cría a Samuel, sobre el que pesa la incógnita de si es diferente al resto de la sociedad desde que nació o si es ‘víctima’ de sus circunstancias. Muñoz Mateos usa su experiencia en un colegio de la periferia de la ciudad de Zamora en el que compartían pupitre niños de todo tipo de contexto social, incluyendo niños de necesidades educativas especiales, después de la implantación de la LOGSE (del que formaba parte el programa de integración escolar, que por primera vez consolidó la escolarización de alumnos con necesidades educativas especiales en ‘centros ordinarios’). 

“Había una gran mezcla de niños de todas las clases sociales y de diferentes condiciones neurológicas”, rememora Muñoz Mateos, que reafirma su teoría de que, en realidad, esta inclusión ya se hacía de manera más natural en los pueblos, aunque tardó más en llegar a las aulas: “Yo siempre he pensado que en los pueblos nunca ha habido segregación porque se juntaban todos los niños fueran de la clase social que fuesen e incluso de edades diferentes, dentro de las enormes desventajas que tiene la educación rural, eso me parece maravilloso”. 

En ‘Entre hojas escondido’, Muñoz Mateos quiere darle al narrador ese papel de pedagogo que existe en los colegios. Sin embargo, no se puede negar que hoy en día los colegios e institutos lugares sufren de carencias muy acusadas a la hora de prestar servicio a niños de necesidades educativas especiales, a los que se adjudica especialistas por ratio, por lo que en algunos casos los pequeños carecen del todo de esta atención: “Lo que yo narro es un ejemplo casi utópico de lo que existió y que, como toda utopía, tuvo sus éxitos y fracasos. Creo que hoy en día hay profesores deseosos de hacer lo máximo posible por estos niños, algunos tienen éxito y al mismo tiempo fracasan porque la dimensión del problema escapa de sus manos”. 

La frontera entre lo animal y humano que refleja el protagonista y las mascaradas

La sociedad no da del todo la espalda a Samuel, y los vecinos de la Sierra de la Culebra tratan de incluirle de la mejor forma que se les ocurre: mediante las mascaradas. Se trata de celebraciones antiguas, paganas, que celebraban el solsticio de invierno mediante rituales en los que, a menudo, los habitantes interpretaban a figuras animales como la burra o el toro en mascaradas leonesas; o como en este caso, al ‘diablo grande’ de las mascaradas de Riofrío de Aliste (que, junto con Sanabria y La Carballeda, comparte territorio en la Sierra de la Culebra). 

Es Samuel quien interpreta a este personaje de las mascaradas que tiene un papel malévolo en las celebraciones a quien hay que ‘matar’ cada año para asegurar buenas cosechas u otras necesidades para las sociedades agrícolas rurales. “Este personaje de Riofrío de Aliste representa las fuerzas de la naturaleza. Hay un poco de compasión hacia Samuel a la hora de permitirle vestir esa máscara, pero también creen que nadie puede hacerlo mejor que él porque es una especie de diablo. Samuel quiere ser aceptado, pero eso genera una serie de problemas porque se apropia demasiado de ese personaje”, cuenta el autor. 

Todavía hoy se recrean estos ritos, en parte como una oferta turística para las zonas más rurales y remotas de la Región Leonesa, pero también como sentimiento de unidad y comunidad que aún permanece en el instinto de los habitantes. “Las máscaras hablan de cómo somos más de lo que creemos ser. Desde el pasado, desde algo ancestral, nos llega esa idea de que el ser humano antes se relacionaba de otra manera con la naturaleza y la comunidad. Son algo que ensanchan la experiencia humana”. 

“Hay algo no domesticado en esas criaturas salvajes, diabólicas, de miles de colores. Hay algo ahí de salirse de lo establecido, pero es mucho más que alegría y fiesta. Difumina la frontera entre lo humano y lo animal; y lo humano y natural. Me parece enorme que eso se haya podido mantener hasta hoy”, reflexiona Muñoz Mateos. 

Una fotografía literaria de un paisaje calcinado

El primer borrador de ‘Entre hojas escondido’ se terminó al pasar los incendios del año 2022 y ahora el libro ve la luz después de otra oleada de grandes incendios forestales (la mayor de la historia en Castilla y León) que ha arrasado gran parte de la comarca zamorana de La Carballeda, de la Sierra de Porto (en Sanabria) y en varios puntos de la provincia de León. 

La novela, ambientada entre los años 2018 y 2019, se convierte así en una fotografía fija de los paisajes que antes existían en la Sierra de la Culebra, como si de un personaje más se tratase: “El libro habla mucho del paisaje porque para mí era muy importante describir el lugar de manera más concreta y precisa posible. Me di cuenta de que hablaba sobre un paisaje que ya no existía y que el libro se había convertido en una especie de elegía a algo que se había perdido”. 

¿Existe Samuel? David Muñoz Mateos desea que esa sea la pregunta que se haga el lector al cerrar ‘Entre hojas escondido’. Si, quizá, en un pueblo remoto de la comarca de Sanabria (o de alguna otra perteneciente a la Región Leonesa) existe un hombre que, de niño, se vio obligado a criarse solo entre la naturaleza. “Es más divertido creer que sí”, sugiere Muñoz Mateos, quien estará presentando su novela el jueves desde las 19.30 horas en la librería Sputnik de León, acompañado por Violeta Serrano.