'Marty Supreme': el buscavidas

Marty Mauser es un buscavidas errático y arribista que posee dos grandes talentos: es un genio del ping-pong y tiene una facilidad pasmosa para meterse en problemas. Lo primero se tiene o no se tiene, es ese don con el que nacen unos pocos escogidos para brillar en la práctica de algún deporte o en el desarrollo de una actividad creativa. Luego hay quien lo utiliza para convertirse en un triunfador de la disciplina para la que está especialmente dotado y quien lo derrocha con irremediable obstinación. Lo segundo, esa dudosa cualidad para estar siempre en el centro de cualquier conflicto, es algo que también suele venir de serie, que adorna a muchos tipos que únicamente son víctimas de su propio y convulso carácter. “Nuestro carácter es nuestro destino”, dejó escrito el filósofo griego Heráclito.

Nuestro protagonista aspira a jugar y ganar el campeonato del mundo de un deporte que empezaba en aquellos años 50 del siglo pasado a proyectarse de forma global. Pero cada paso que da para alcanzar ese sueño es equivocado, cada decisión que toma es la más absurda de todas, empujado por esa clase de impulsos que confunden osadía con insensatez, incapaz de coger al vuelo las oportunidades que se le aparecen en el camino y empeñado en ponerse él mismo todas las trabas posibles para conseguir su objetivo. Marty es mentiroso, egocéntrico, arrogante, ambicioso y también vulnerable. Esa forma de ser le condenará a dar unos cuantos tumbos por la vida y perder la cabeza, pero también le convertirá en un tipo genuino que finalmente encontrará la redención haciendo algo tan fácil de decir como difícil de ejecutar, haciendo lo correcto.

Marty Supreme no es una historia llena de valores, no hay tesis o edificantes doctrinas en las disparatadas y moralmente discutibles peripecias que vive este encantador de serpientes. Este es el relato de un antihéroe americano de libro, un tipo que busca el éxito a cualquier precio, que sabe que su única oportunidad para dejar atrás el barrio y los timos de poca monta es su insólito talento para jugar al ping-pong.

La estupenda película de Joshua Safdie cuenta con furiosa brillantez esta nueva versión de la cara B del sueño americano, es el turbio pero también tierno retrato de alguien que haría lo que fuera por trepar socialmente en un mundo sin reglas, en esa jungla de asfalto que convierte la vida en una sucesión de zancadillas.