La Nasa fija el 6 de marzo para el histórico regreso del ser humano a la órbita lunar con Artemis 2

Tras posponer la fecha inicial del 8 de febrero para el lanzamiento del cohete SLS que lanzará la cápsula Orión hacia la Luna, será casi un mes después, el 6 de marzo, dentro de poco más de dos semanas, cuando comience la misión que devolverá, después de más de medio siglo al ser humano a orbitar la Luna.

La Nasa anunció este viernes 20 de febrero que el 6 de marzo será el último día de la última ventana de lanzamiento disponible para Artemis 2 (un periodo que se abre el 27 de marzo y se extiende hasta el 10 de abril, con oportunidades concretas los días 1, 3, 4, 5 y 6). Ese día está llamado a marcar un antes y un después: supondrá el regreso de una tripulación humana a las inmediaciones de la Luna por primera vez desde 1972, en un vuelo de prueba que debe validar la tecnología que sostendrá el futuro de la exploración lunar y, más adelante, de los viajes tripulados a Marte. La fecha queda aún condicionada a las últimas revisiones técnicas y a la reunión de revisión de alistamiento para el vuelo, pero la agencia espacial ha dejado claro que su objetivo es aprovechar esta última oportunidad de la ventana.

Artemis 2: un vuelo de prueba con sabor a regreso histórico

Artemis 2 es el segundo vuelo del programa lunar Artemis y el primero con tripulación a bordo, heredero de las misiones Apolo pero con una filosofía diferente: ya no se trata de “ir y volver”, sino de construir una presencia duradera en la Luna que sirva como laboratorio y trampolín hacia Marte. Durante unos diez días, la cápsula Orion realizará primero varias órbitas alrededor de la Tierra, después se dirigirá hacia nuestro satélite, lo sobrevolará siguiendo una trayectoria de retorno libre y, finalmente, regresará a casa para amerizar en el océano.

No habrá alunizaje: el objetivo principal es poner a prueba, con personas a bordo, el conjunto completo de sistemas que sostendrán misiones mucho más ambiciosas en los próximos años. El vuelo permitirá validar el rendimiento del cohete Space Launch System (SLS), la cápsula Orion como nave espacial alrededor de la Luna, los sistemas de soporte vital y las comunicaciones en el entorno de espacio profundo. Todo ello, bajo un perfil de misión diseñado para maximizar la seguridad, aprovechando la gravedad de la Luna para “enviar de vuelta” la nave a la Tierra incluso en caso de problemas de propulsión mayores.

Un cohete sin fugas y una cápsula lista para ir más lejos

El despegue se realizará desde la plataforma del Centro Espacial Kennedy, en Florida, utilizando el SLS, el cohete más potente desarrollado por la Nasa en décadas. En los últimos ensayos, los ingenieros han llenado sus depósitos con más de 700.000 galones de propelentes criogénicos y han ejecutado dos cuentas atrás terminales en un ensayo general en húmedo que simuló, paso a paso, las operaciones del día del lanzamiento.

Los problemas en pruebas anteriores habían puesto el foco sobre el hidrógeno líquido, extremadamente difícil de manejar por su temperatura y su tendencia a filtrarse por la más mínima fuga. En respuesta, la Nasa reemplazó sellos en la interfaz de desconexión rápida —el punto donde las líneas de combustible se conectan al cohete— y cambió filtros en el sistema de tierra. En la última prueba, las concentraciones de hidrógeno se mantuvieron por debajo de los límites permitidos, lo que ha dado a los ingenieros la confianza necesaria para mantener la fecha del 6 de marzo como objetivo. Al mismo tiempo, se han validado las operaciones de cierre del módulo de la tripulación y la cuenta atrás completa, con solo incidencias menores que no alteran el calendario.

La cápsula Orion, que ya voló sin tripulación en Artemis I, es la nave espacial que llevará a los cuatro astronautas en su viaje alrededor de la Luna. Integrada en la punta del SLS, cuenta con un módulo de tripulación presurizado, un módulo de servicio con paneles solares y sistemas de propulsión propios, y un escudo térmico diseñado para soportar las altísimas temperaturas del reingreso desde velocidades de espacio profundo. En Artemis 2, Orion se someterá a una prueba definitiva: operar durante días en el entorno interplanetario con humanos a bordo, demostrando que puede mantener condiciones de vida seguras y estables.

La tripulación: diversidad, experiencia y un guiño a Canadá

La misión estará tripulada por cuatro astronautas que encarnan el enfoque internacional y diverso del programa Artemis. Al mando irá Reid Wiseman, astronauta de la Nasa y ex piloto de la Marina estadounidense, que ha volado previamente a la Estación Espacial Internacional. Junto a él viajan los también estadounidenses Victor Glover y Christina Koch, ambos de la agencia espacial estadouniense, y el canadiense Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense (CSA).

Glover se convertirá en el primer astronauta afroamericano en volar hacia la órbita lunar, mientras que Koch será la primera mujer en acercarse a la Luna en una misión tripulada. Hansen, por su parte, será el primer canadiense en participar en un vuelo alrededor de nuestro satélite, fruto del acuerdo de colaboración de Canadá en el programa Artemis, especialmente en el futuro Gateway, la estación orbital que se instalará alrededor de la Luna. Esta composición de la tripulación convierte a Artemis 2 en un símbolo de apertura internacional y de ampliación de los perfiles humanos que participan en la exploración del espacio profundo.

Cuarentena y cuenta atrás para el despegue

Los cuatro astronautas han iniciado el periodo de cuarentena en Houston, una fase habitual pero crucial en este tipo de misiones. Durante aproximadamente 14 días limitarán al máximo el contacto con otras personas, se someterán a un seguimiento médico constante y mantendrán un régimen estricto de entrenamientos y simulaciones. El objetivo es reducir al mínimo la posibilidad de que una enfermedad contagiosa afecte a la tripulación o obligue a retrasar el lanzamiento en el último momento.

Poco antes del despegue, los cuatro volarán al Centro Espacial Kennedy para afrontar los últimos ensayos de la secuencia de subida al cohete, la entrada en la cápsula Orion y las comprobaciones finales de trajes, comunicaciones y sistemas de seguridad. La agencia calcula que dentro del periodo de oportunidades de la ventana de lanzamiento se pueden intentar hasta cuatro despegues, siempre que la meteorología, la logística de la base y la coordinación con otros usuarios del espacio aéreo y el rango de lanzamiento lo permitan. Sin embargo, la presión es máxima: el 6 de marzo es el último cartucho de esta ventana; si se agota, habrá que esperar a la siguiente oportunidad, semanas después.

La compleja mecánica de elegir un día para volar a la Luna

Elegir la fecha de un lanzamiento lunar no es simplemente “buscar un hueco en la agenda”. La mecánica orbital impone un puzle de condiciones. Para Artemis 2, la primera exigencia es que el SLS pueda situar a Orion en una órbita terrestre alta que permita a la tripulación y a los equipos de tierra verificar a fondo los sistemas de soporte vital antes de encender los motores hacia la Luna.

Una vez en esa órbita, la geometría entre la Tierra, la nave y la Luna debe ser la idónea para que el encendido de inyección translunar coloque a Orion en la trayectoria prevista de sobrevuelo y retorno libre. Además, la trayectoria diaria seleccionada no puede dejar a la nave más de 90 minutos seguidos en la oscuridad: los paneles solares necesitan luz para producir electricidad y los sistemas térmicos dependen de ese aporte energético para mantener la cabina dentro de un rango confortable. Todas las opciones que impliquen eclipses prolongados se descartan.

Por último, la fecha elegida debe permitir que el regreso a la Tierra siga el perfil de reentrada planificado, con un ángulo de entrada que limite el estrés térmico y mecánico sobre el escudo térmico y la estructura de la cápsula. Ese conjunto de condiciones reduce, en la práctica, los días útiles de cada mes a una especie de “ventanas” de alrededor de una semana, seguidas de periodos de tres semanas sin oportunidades de lanzamiento. La ventana que culmina el 6 de marzo es la última del tramo definido hasta comienzos de abril, de ahí la importancia de exprimir al máximo esta fecha.

Ciencia, salud y el paso hacia una presencia permanente en la Luna

Aunque Artemis 2 es ante todo una misión de prueba de sistemas, la ciencia y la medicina espacial jugarán un papel central. Los cuatro astronautas volarán equipados con sensores y dispositivos que monitorizarán constantes vitales, patrones de sueño, niveles de estrés y capacidades cognitivas a lo largo de todo el viaje. Con ello se busca refinar modelos sobre cómo responde el organismo humano a la radiación y a la microgravedad prolongada lejos del entorno protector de la órbita baja.

En paralelo, en la nave viajarán experimentos biológicos en miniatura, como los llamados “chips de órganos”, pequeños dispositivos que contienen tejidos humanos que imitan el funcionamiento de órganos clave y se exponen a las condiciones del espacio. Su comportamiento permitirá diseñar mejores contramedidas para futuras misiones más largas, en las que los astronautas pasarán semanas o meses en la superficie lunar. La radiación será objeto de una vigilancia constante: dosimetría dentro y fuera de la cápsula, monitorización de la carga de partículas energéticas y ensayos de blindajes optimizados serán esenciales para dimensionar los riesgos de misiones todavía más ambiciosas.

Camino a Artemis 2I y a Marte

Artemis 2 enlaza directamente con las misiones venideras. Si todo sale como está previsto, los datos de este vuelo alimentarán el diseño final de Artemis 2I, la misión que está llamada a devolver a los humanos a la superficie de la Luna y a inaugurar una nueva etapa de presencia sostenida. Sobre la base de estas primeras experiencias se construirá la estación orbital lunar Gateway, se desplegarán hábitats de larga duración y se ensayarán tecnologías de utilización de recursos in situ, como la obtención de agua o combustible a partir del hielo lunar.

En ese contexto, el vuelo de diez días de Orion alrededor del satélite puede parecer modesto si se compara con la épica de un alunizaje, pero su importancia es estratégica: es el ensayo general de la infraestructura que deberá sostener toda una generación de exploración tripulada más allá de la órbita terrestre. El 6 de marzo, último día de la ventana de lanzamiento, no es solo una fecha marcada en rojo en el calendario de la Nasa; es, potencialmente, el día en que la humanidad retoma, con nueva tecnología y nuevas metas, el camino que dejó en suspenso en 1972.