INVESTIGACIÓN
El sacerdote leonés reconocido como abusador en Estados Unidos y que cuenta con una calle y un edificio en León
Durante una década la Diócesis de Fairbanks, la segunda ciudad del estado de Alaska en Estados Unidos, tuvo que hacer pública una lista “de todas las personas conocidas, incluidos sacerdotes, religiosos, empleados laicos y voluntarios, contra quienes una o más personas han presentado una denuncia por abuso sexual. La lista incluye a perpetradores de abuso sexual admitidos, probados o acusados de manera creíble”. En ella figura el sacerdote jesuita leonés Segundo Llorente, que dejó su provincia natal para asentarse en este inhóspito territorio norteamericano durante cuatro décadas.
Esta publicación era un paso más del proceso de reconocimiento de abusos a la que se vio obligada la diócesis alasqueña por las múltiples denuncias recibidas por abusos sexuales en su territorio, que le llevó a declararse en bancarrota en el año 2008 ante la incapacidad para asumir las indemnizaciones a las casi 300 personas que denunciaron violaciones por miembros de la Iglesia católica desde los años 50.
Entre los abusadores que esta diócesis católica ha reconocido figuran 50 personas, de las que 30 son sacerdotes, incluyendo al leonés Padre Llorente, como era conocido, y del que se consideran creíbles tres denuncias de abusos sexuales, según la documentación del obispado norteamericano consultada por este periódico.
El Padre Llorente, nacido en Mansilla Mayor en 1906 y fallecido en 1989, es una figura que ha gozado hasta este momento de un gran reconocimiento dentro de la Iglesia católica por varios motivos. El principal fue por su labor evangelizadora con las tribus nativas de Alaska y en segundo lugar por ser el primer sacerdote católico en ser diputado en un congreso estatal de Estados Unidos, además de acumular una importante obra literaria.
Su caso ha pasado desapercibido en España hasta que la investigación de El País sobre los abusos en la Iglesia sacó a la luz su nombre en el año 2023, junto al de otros sacerdotes españoles denunciados por abusos en el país norteamericano. Pero desde entonces hasta hoy nada ha sucedido pese a causar un notable estupor en su comarca de origen, donde es muy reconocido.
El Padre Llorente da nombre a una calle en la ciudad de León, ubicada en el barrio de Eras de Renueva al lado del museo de arte contemporáneo Musac, y aprobada por el pleno del Ayuntamiento de León en 1996 como homenaje al sacerdote, fallecido siete años antes. En su localidad natal de Mansilla Mayor también cuenta con una calle y una placa homenaje, que datan de 1963, en la que fue su única visita a España desde que se fue a Estados Unidos para animar las vocaciones entre sus paisanos.
Además, en el año 2011 el Obispado de León daba nombre de Padre Llorente a un edificio que había restaurado en la ciudad, Centro Diocesano Padre Llorente, y que acoge actualmente las dependencias de Cáritas Diocesana y de otras organizaciones católicas de carácter social. Justificaba el obispo de entonces, Julián López, la decisión de poner este nombre al edificio por ser una “figura emblemática”, al que definió como “representante de los miles de misioneros leoneses” repartidos por el mundo.
Segundo Llorente falleció en 1989 y las primeras denuncias contra su persona aparecen registradas en el año 2004, en pleno apogeo de denuncias contra los Jesuitas y la Diócesis de Fairbanks. Cuando el Ayuntamiento de León decidió ponerle la calle se desconocían estos hechos, pero cuando la Diócesis leonesa lo hizo ya estaban en manos de la Iglesia católica norteamericana.
Los abusos en Alaska
En el proceso de quiebra de la Diócesis de Fairbanks esta se vio obligada a publicar durante una década la llamada 'List or Perpetrators', desde el año 2010 hasta el año 2020, donde figura el Padre Llorente. Son personas vinculadas a la Iglesias cuyos denuncias son, como poco, “creíbles” para la Iglesia y han conllevado los pertinentes procesos de reconocimiento e indemnización si procedía. La lista sigue publicada en su web dentro de un apartado dedicado a las víctimas de abusos.
La diócesis puso en marcha a la vez un proceso de justicia restaurativa, “un esfuerzo de ayuda para reparar el daño causado por el abuso”. La Diócesis de Fairbanks expresa “disculpas por el abuso y por cualquier respuesta que hayan recibido que no haya sido acogedora ni compasiva”, reconociendo que “esto jamás debió haberles sucedido”.
En el momento de la bancarrota la diócesis había recibido 150 denuncias con casos que iban desde los años 50 hasta los año 80. Luego ascendieron hasta los 288 casos. Buena parte de los casos afectaron a los Jesuitas, que tenían las misiones en el territorio de la diócesis, la más grande de todo Estados Unidos en extensión, y que pagaron en el año 2007 indemnizaciones por 50 millones de dólares para resolver demandas de 110 residentes en Alaska contra 12 jesuitas y otros tres trabajadores de la Iglesia.
Las denuncias contra el Padre Llorente datan de los año 2000. La primera en el año 2004, además de otras de los años 2005, 2008 y 2009 recogidas en documentación de los Jesuitas de la provincia de Oregon, que englobaba el territorio de Alaska. Los Jesuitas de esta provincia norteamericana también se vieron obligados a ir a la quiebra por las denuncias de abusos e incluyeron al padre Segundo Llorente como denunciado, señalando en el acuerdo de indemnizaciones del 2007 como incluidos los abusos del Padre Llorente. Por eso su nombre se incluyó como con acusaciones 'creíbles' en la divulgación de los nombres implicados que hizo la Compañía de Jesús.
La primera denuncia contra Llorente tuvo lugar 15 años después de su fallecimiento y fue recogida por la prensa de Alaska porque la víctima puso una demanda denunciando al Padre Llorente y acotro sacerdote misionero, que habrían abusado de él en dos ocasiones en la remota aldea de Sheldon Point en la década de los años 50. También acusaba a los dos misioneros de haber abusado de otros menores en el mismo tiempo. En el momento de los hechos el denunciante tenía 6 y 7 años. Según la denuncia el Padre Llorente le habría invitado a su casa después de la catequesis donde abusó de él y de otros niños presentes con prácticas sexuales.
En el año 2005 otro segundo hombre acusó a Segundo Llorente de abusar sexualmente de él cuando tenía entre 4 y 11 años de forma repetida, entre 1956 y 1963. En la documentación de los Jesuitas figuran, además, otras dos denuncias adicionales de los años 2008 y 2009 sobre las que no se tiene más información.
Una vida en Alaska
Segundo Llorente llegó a Alaska en 1935, donde permaneció hasta 1975 como misionero y sacerdote. Su formación religiosa comenzó en el Seminario de León en 1919 y en 1923 pasó a la Compañía de Jesús, que ya entonces tenía misiones en Alaska para imponer el catolicismo en la remota región que Estados Unidos había comprado a Rusia a mediados del S. XIX. El joven Llorente ya manifestó pronto su deseo de ir de misiones a Alaska aunque tuvo que seguir su formación. Esta le hizo pasar por Salamanca, Granada y finalmente Estados Unidos, donde en 1934 fue ordenado sacerdote jesuita en el estado de Washington.
En 1935, ya como sacerdote, llega a Alaska con un primer destino en Alakurak, cercano al mar de Bering y la misión de evangelizar a los esquimales de la zona. Allí había 800 habitantes, en un territorio de 6.000 kilómetros cuadrados de los que todos eran esquimales salvo la población blanca, ocho católicos, nueve protestantes y seis ateos. Llorente permaneció en Alaska en diferentes lugares hasta 1975, especialmente en zonas remotas habitadas por los inuits, salvo un tiempo de estancia en la capital del estado de Alaska Unidos, Juneau.
En el año 1960 el estado de Alaska celebró elecciones tras haber obtenido el estatus de estado federado de Estados Unidos, el 49, en 1959. El Padre Llorente fue elegido miembro de la Cámara de Representantes de Alaska por el distrito electoral de Wade Hampton, donde el 90% de la población era esquimal. Los nativos le eligieron mediante voto por escrito, permitido por entonces, en lugar de los candidatos de los partidos clásicos. Ejerció durante dos años, 1961 y 1962, y se reincorporó posteriormente a la vida sacerdotal.
En 1970 fue destinado a la ciudad más poblada del estado alasqueño, Anchorange, donde permaneció hasta 1975. Entonces fue destinado a Lake Moses, estado de Washington. En 1981 se trasladó al estado de Idaho donde ejerció hasta enfermar de cáncer. Falleció en el estado de Washington donde los Jesuitas tenían una residencia pero fue enterrado en un cementerio indio de Idaho, De Smet, permitido en reconocimiento a sus años de trabajo junto a los nativos de Alaska.
El Padre Llorente dejó varias obras literarias con relatos sobre la vida en Alaska como legado, incluyendo la obra 'Cuarenta años en el círculo polar' editada familiares y amigos en el año 2001. Las denuncias de abusos contra su persona no figuran ni en edición en español ni en inglés de sus perfiles en la Wikipedia. Tampoco se recogen en los habituales artículos que vuelven sobre su figura en los medios de comunicación publicados en los últimos años. El icónico 'misionero de los esquimales' era también, según la propia Iglesia, un abusador.