León elevará el coste a 1,4 millones al meter asfalto este verano en la calle 'de prioridad peatonal' del final de Padre Isla
La polémica reforma del tramo final de la avenida Padre Isla de León sumará este verano un nuevo capítulo y también más gasto de dinero público, todo ello para meter una carretera de puro asfalto en una calle que se remodeló por completo para que fuera oficialmente “de prioridad peatonal”.
El equipo de Gobierno del PSOE en el Ayuntamiento de León ha confirmado este viernes en el Pleno municipal que será durante el próximo mes de julio cuando se procederá a asfaltar nuevamente la parte central de la calzada destinada al tráfico rodado, una actuación a la que por primera vez le ponen coste oficial: 200.000 euros a mayores de los 1,2 millones ya gastados en su día para obtener el fatal resultado que ahora obliga a volver a actuar. De este modo, el coste final se elevará al final por encima de los 1,4 millones.
La fecha de la nueva intervención y su cuantía fueron hoy desveladas por el portavoz del equipo de Gobierno socialista, Vicente Canuria, en respuesta a una pregunta del Partido Popular (PP) en la oposición. Canuria rechazó cualquier responsabilidad “ni externa ni interna”, es decir, ni del Consistorio ni de la empresa, sobre los materiales elegidos y ahora demostrados inapropiados, escudándose en que “hay proyectos, elecciones o decisiones técnicas que algunas veces demuestran no ser acertadas”.
La decisión supone rectificar parcialmente, a causa del grave deterioro acumulado por la elección de las losas del pavimento, una intervención presentada en su día como proyecto de semipeatonalización, “calmado del tráfico”, según la terminología oficial utilizada por el propio Consistorio, y que afectó al tramo comprendido entre las calles Dama de Arintero y Obispo Vilaplana. Lo que antaño se conocía como calle 18 de julio. Las obras finalizaron en septiembre de 2023 tras varias modificaciones y polémicas sobre el diseño inicial, pero desde prácticamente el principio comenzaron las críticas por el nefasto comportamiento del pavimento elegido, el mismo que en otras calles reformadas entonces en León, pero en su caso totalmente peatonales, con menos estrés de tráfico rodado.
Ya durante la ejecución, en gran parte con financiación de fondos europeos, se advirtió de que las baldosas instaladas difícilmente soportaban el paso constante de vehículos, incluidos autobuses y tráfico pesado. La presencia de dos talleres de vehículos no ayudaba tampoco. Aunque la vía quedó limitada oficialmente a 10 kilómetros por hora, la circulación diaria terminó acelerando el deterioro del firme hasta límites hoy incluso hasta peligrosos, dado su mal estado.
Antes de cumplirse un año desde la finalización de las obras ya fue necesaria una primera reparación por roturas y hundimientos del pavimento, con un coste cercano a los 65.000 euros. Después llegaron nuevas intervenciones de mantenimiento que hicieron crecer la factura total hasta los 1,2 millones de euros, incluyendo el presupuesto original de más de un millón adjudicado a la empresa Arcor SL, vinculada a la familia del empresario José Luis Ulibarri.
La situación actual del vial ha terminado llevando al Ayuntamiento a decidir recuperar el asfalto para la zona de circulación de vehículos, en una solución que supone, en la práctica, volver a un sistema similar al existente antes de la remodelación aunque ahora teñido ese asfalto de colores, al estilo diferenciador de la céntrica avenida Ordoño II. La actuación prevista para julio afectará únicamente a la plataforma central de tráfico rodado, manteniéndose las aceras laterales y el diseño urbano implantado con la reforma.
El propio Consistorio ya reconocía meses atrás, en la documentación de los proyectos de mejora urbana aprobados por la Junta de Gobierno, que este tramo presenta un estado “muy deteriorado” y arrastra “necesidades específicas demandadas por la ciudadanía”. Vecinos y conductores llevan tiempo denunciando el mal estado del pavimento, con baldosas rotas, desniveles y zonas hundidas que han generado problemas tanto de accesibilidad como de seguridad.
La solución elegida consistirá en extender una capa de mezcla bituminosa sobre la parte central de la calle, aunque el Ayuntamiento pretende conservar una apariencia visual semejante a la actual mediante un acabado coloreado e impreso. Los trabajos incluirán además el repintado y delimitación del carril bici situado en el lateral izquierdo de la avenida, un espacio que también continúa generando controversia por la frecuente presencia de vehículos estacionados indebidamente y por la actividad de talleres mecánicos en el entorno.