El oso pardo regresa a Cabrera, Carballeda y Sanabria 150 años después de su desaparición
El oso pardo ha vuelto a las sierras del noroeste ibérico más de 150 años después de su desaparición, según revela un estudio que compila 85 citas de oso pardo entre 2012 y 2025 en áreas en las que no había registros modernos, en concreto en La Cabrera, La Carballeda, Sanabria y zonas limítrofes de Ourense.
El estudio, al que ha tenido acceso EFE, se ha publicado en la revista 'Quercus' y en 'Actualidad Jurídica Ambiental', y ha sido elaborado por los investigadores Carlos Javier Durá Alemañ, José Vicente LópezâBao, Javier Talegón Sevillano, María González Granados, Lara Naves Alegre y José Antonio Sánchez Zapata.
Los datos recopilados proceden de observaciones directas, huellas verificadas, daños en colmenares, fototrampeo y testimonios de vecinos y agentes medioambientales, ha explicado a EFE Carlos Javier Durá, investigador Ramón y Cajal del CSIC y primer autor del estudio.
Ha recordado que, dado que el oso está en peligro de extinción, en España no sobrepasa los 400 ejemplares entre los Pirineos y la Cordillera Cantábrica, y por ello “es importante cumplir con el mandato de la UE de que la especie tenga un estado de conservación favorable, y eso pasa porque se expanda hacia otras zonas”.
Una de esas zonas es La Cabrera, en León, y las sierras limítrofes de la Maragatería o La Carballeda, donde el equipo ha constatado la recolonización del oso tras casi dos siglos.
Durá ha explicado que empezaron a recopilar información en 2013, cuando detectaron la primera cita en Vega del Castillo, en la parte zamorana.
Desde entonces han ido registrando rastros, fotografías, estudios de fototrampeo y testimonios de vecinos hasta reunir 85 citas en Cabrera y alrededores, en las provincias de León, Zamora y parte de Ourense.
Muchas de estas nuevas citas se concentran en Valdavido, Truchillas, Encinedo o Saceda -en el caso de León- y en municipios de La Carballeda y Sanabria -en Zamora-, lo que sugiere que la presencia del oso es ya estable y no meramente esporádica.
Oportunidad para el territorio: turismo, paisaje y miel
Para Durá, la expansión del oso tiene un importante componente social y económico: “Lo vemos como una oportunidad para generar una oferta turística basada en la calidad de los ecosistemas y los paisajes. El paisaje del oso es un paisaje indicadora, una especie paraguas que refleja un ecosistema en buen estado de conservación”.
El investigador ha destacado que territorios como Somiedo ya funcionan como “territorios oseros” que dinamizan las economías rurales y considera que Cabrera podría seguir un camino similar.
Respecto a la convivencia con las actividades tradicionales, Durá ha reconocido que “hay muchas incursiones del oso en colmenares”, pero apuesta por la instalación de pastores eléctricos para favorecer la tolerancia.
“En la Cabrera hay incluso empresas que comercializan miel con el marchamo de calidad de proceder de colmenas visitadas ocasionalmente por el oso, siempre protegidas para evitar daños”, ha explicado, y ha insistido en que la educación ambiental es esencial.
“Hay que trasladar mucha pedagogía para que la gente sepa que el oso no tiene una incidencia negativa en otros sectores económicos. Si alguien se encuentra con un oso, debe quedarse quieto, no hacer aspavientos ni gritar, y seguir las recomendaciones de las entidades especializadas”, ha señalado.
Consecuencias legales: la expansión exige protección
Además, el investigador ha recordado que la llegada del oso a estos territorios tiene consecuencias legales derivadas de su estatus europeo: “Es importante mencionar su inclusión en la Red Natura 2000. La presencia del oso obliga a revisar estos espacios y proteger hábitats donde lleva 150 o 200 años desaparecido”, ha indicado.
El estudio concluye que territorios como la Cabrera, La Carballeda, Sanabria y el Teleno deben considerarse áreas estratégicas para el plantígrado y que Castilla y León debería avanzar en su incorporación o ampliación dentro de la Red Natura 2000.“
Estamos ante el renacer de una especie prioritaria para Europa, que estuvo a punto de desaparecer en los años 70 con apenas 40 individuos. Su regreso a estos territorios debería ser motivo de orgullo“, ha insistido el investigador.