En España no hay enfrentamiento político

Por más que hablemos de polarización, crispación y dientes filados en la lucha política española, a menudo tengo la impresión de que todo es una especie de ballet, una performance idiota para retrasados emocionales, en la que el pescado está vendido antes de levantar el telón y cada uno está más o menos donde quiere estar, sin muchas ganas de cambio.

Por lo que parece, y ya me diréis si es que se me ha subido a la cabeza el Jägermeister, al PSOE le da absolutamente igual la política local y la regional, con sus competencias de vivienda, sanidad y educación, y le da igual hasta el punto de que Sánchez está dispuesto a quemar a sus bases, a sus federaciones y al lucero del alba con tal de mantener el poder nacional, que es donde ha colocado a sus pretorianos y donde quiere ejercer de guía y faro de Occidente, para volver a ser reserva espiritual de resistentes eurovisivos y cosas así. 

Y a los suyos les parece bien, lo aplauden y lo apoyan mientras los pasa a cuchillo, uno a uno, con toda alegría. Aragón, Extremadura, Andalucía, Castilla y León... ¡Qué más da! Aún pueden perder más y más fuerte, así que no hay cuidado ni preocupación, ni se vislumbra la menor rebelión en sus filas: mueren, con alegría, señor, los que caminan por la vida. Señor, cantando su paz y amor. El PSOE parece una misa de campamento. Tal cual, y tan contentos.

Y luego tenemos al PP, que es justo lo contrario. Como se han amorrado a ayuntamientos y autonomías, que es donde se reparten las concesiones de las piscinas, las cafeterías de los hospitales, el mantenimiento de los bordillos y todos esos actos políticos que son la verdadera razón de ser de sus pasiones, el gobierno nacional les importa un carajo. 

Podrían poner un candidato que concitase más adhesiones, pero eso supondría arriesgarse a ganar, y vete a saber lo que haría un rey fuerte. Para los nobles fuertes, es mejor tener un rey débil, ¿no? Pues ahí están, esperando tan contentos el momento de volver a quedarse fuera de la Moncloa, ganando o perdiendo, como sea, pero fuera, no vaya a ser que gobernar en Madrid los comprometa en sus feudos y se queden sin la concesión de las tizas, los borradores y la lejía de la limpieza de los hospitales autonómicos, que es lo que realmente les pone.

Cada cual, como veis, está en su paraíso. Y los partidos pequeños, en el suyo, diciendo que no hacen cosas porque no les llegan los votos, desgranando dimes y diretes para no convertir en realidad todos esos programas de Pascua Florida que ni ellos mismos se creen, ni falta que hace, porque nadie se preocupa de sus chorradas, como nadie se preocupa de la exactitud de los mapas de la Tierra Media.

A día de hoy, de veras, todo el mundo está donde quiere estar. Lo malo es que a lo mejor hay que celebrar elecciones alguna vez. Y va a ser una mierda...