En defensa propia
Al parecer, las personas que se han sentido ofendidas son o católicos o tradicionalistas. Les sugeriría que señalen un solo punto donde en nuestro artículo se cometa algún agravio al credo o costumbres que se quieren preservar, porque, caso contrarío haré mía aquella frase de Manuel Azaña donde afirmaba que a sus razones (y votos en su caso) se le habían opuesto insultos y fusiles (felizmente esto no lo ha habido).
El cristianismo en España adolece de grandes enigmas que la fe de sus practicantes se niega rotundamente a aceptar. Y si no lo creen, aquí va un ramillete de cuestiones que cualquiera podrá comprobar que no son de mi cosecha y que además me abstendré de hacer un solo juicio de valor. En primer lugar, me referiré al Ídolo de Tabuyo del Monte. El diario decano de la prensa escrita en León afirmaba el 12 de junio de 2010, que esta representación ideológica tiene unos cuatro mil años de antigüedad, es decir dos mil años más antigua que la religión católica en España. Antepasados de mis censores, seguramente lo veneraron, ahora, sus descendientes dan por doctrina verdadera otra religión ¿Están más acertados los actuales?
¿Han reparado los críticos de mis palabras en que si Cristo representa el Mesías que el pueblo judío esperaba desde la antigüedad, no es tenido por tal por dicho pueblo? Los judíos, que se sienten el único ‘pueblo de Dios’ siguen esperando por él. ¿Los adoradores de León saben más acerca de los judíos que los judíos mismos, o acaso disfrutan de alguna verdad revelada? La Biblia tiene un Antiguo y Nuevo Testamento. El Antiguo recoge historias y tradiciones judías. Los judíos no tienen Nuevo Testamento porque no aceptan los hechos que se narran en él, como son el nacimiento, vida y crucifixión de Jesús. Este Nuevo Testamento, escrito entre los años cincuenta y cien después de Cristo, están escritos en griego
Cualquier curioso puede consultar diversas opiniones recogidas en la Wikipedia, algunas de las cuales hablan de que Jesucristo pudo incluso no haber existido, o bien ser un personaje de la vida pública del Israel ocupado por Roma y que fue tenido por insurgente por los romanos e incluso como el más dañino de los falsos profetas por los propios judíos (consúltese en Internet La visión del judaísmo sobre Jesús). Es decir, hay una ruptura de creencias entre el judaísmo (Antiguo Testamento) y el cristianismo (Antiguo y Nuevo testamento). Por cierto, en la Biblia se recoge la Torá con el nombre de Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) y ésta condena como idolatría venerar imágenes o humanizar una divinidad.
Roto el vínculo entre la tradición judaica y la religión cristiana, conviene señalar que la mayor parte de los ritos católicos, no así los protestantes, anglicanos son herencia de la Antigua Roma, es decir, ritos de origen pagano, como la Navidad, que era festejada por el solsticio de invierno, la noche de San Juan vino a sustituir el solsticio de verano. También heredó el aqua lustralis (agua bendita), thensa y ferculum (estandarte y pabellón) para el Papa. Aun así, el cristianismo conserva reminiscencias semitas. En 2026 han coincidido la Cuaresma con el Ramadán, presididos ambos por el ayuno, penitencia, y reflexión. En lugares como Ceuta pueden optar por una u otra modalidad.
Más hacia nuestro tiempo, no se debería perder de vista como la religión cristiana pasó a ocupar y sustituir espacios que ocupaban otras creencias que dejaron sepultadas bajo santuarios y ermitas. En la publicación Astures de 14 de marzo de 2022 refiere como el santuario de Nuestra Señora de Castrotierra se levanta sobre un castro astur que estuvo habitado entre el siglo VIII y siglo V y así aparece catalogado por la Junta de Castilla y León. Desde Castrotierra sale una procesión todos los años, como las hacían los romanos.
En tiempos más recientes católicos y protestantes se mataron sin duelo entre sí. Saavedra Fajardo en su obra Empresas Políticas refiere como en estas fanáticas guerras de religión se abría el vientre de mujeres embarazadas para que sirvieran de pesebre a los caballos de los ejércitos. Ya por aquel tiempo la Iglesia mandaba a la hoguera a todo personaje que fuera tachado de hereje, muchas veces personas con deficiencias síquicas o denunciadas sin motivo. Por cierto, etimológicamente hereje significa el que discrepa o disiente. ¿Les suena?
El mismo Felipe II, increpado por un condenado a la hoguera en un Auto de fe ‘celebrado’ en Valladolid, repuso categórico que él mismo traería la leña para quemar a su hijo si contraviniera las leyes de la Iglesia Católica. La Inquisición desapareció en el siglo XIX con Fernando VII en el involuntario Trienio Liberal de su reinado. Tampoco se olviden de que la Iglesia procesó a Galileo por defender algo que hoy nadie cuestionaría, que no era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra.
En fechas muy recientes, el Papa Francisco pidió públicamente perdón por las atrocidades cometidas por la Religión Católica con el eufemismo de dirigirse a las personas que pudieran haber sido heridas por los pecados de la Iglesia, incluyendo el daño cometido a menores, pueblos indígenas y mujeres, expresando además la vergüenza pública por tales hechos, en un acto que le honra y que tuvo, como el articulo pasado que motiva el presente, numerosos detractores, quizá más partidarios de la ortodoxia inquisitorial.
Podríamos continuar con un rosario de aclaraciones, muchas veces poco conocidas, pero no es intención del autor sacar los colores a nadie, ni de faltar a la verdad, menos aún que cada cual no siga creyendo en lo que le apetezca, pero asumiendo algo que la católica España no acaba de aceptar, y de lo que han dado buena cuenta autores más sesudos que el que estas líneas suscribe. Un ejemplo de ello es la frase lapidaria de Ortega y Gasset en su obra La España invertebrada, publicada en el año 1921: “Cabría ordenar, según su gravedad, los males de España en tres zonas o estratos. Los errores y abusos políticos, los defectos de la forma de gobierno, el fanatismo religioso, la llamada ‘incultura’, etcétera”.
Estas líneas de desagravio no van contra nadie ni contra sus creencias. Confiemos en que el civismo en León permita aceptar otros puntos de vista, sujetos a crítica, como no podría ser de otro modo, pero siempre que sea con datos y argumentos debidamente razonados en lugar de creencias o deseos. Escapemos de aquella maldición machadiana: “En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Nunca extrañéis que un necio se descuerne luchando por una idea”.
Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata