Felipe Miñambres, el astorgano que ya vivió un Mundial en Estados Unidos: “Ahora el fútbol sí está implantado allí”

Los jugadores de la selección española abandonaron el 5 de julio de 1994 el Foxboro Stadium de Boston pensando que Nigeria sería su rival en cuartos de final, la histórica criba de un combinado al que todavía no se le conocía como la Roja. “Salimos antes de tiempo para librarnos del tráfico y nos enteramos por la radio de que finalmente había ganado Italia”, cuenta por teléfono Felipe Miñambres (Astorga, 1965), que llegó al Mundial de Estados Unidos tras una gran temporada como vértice superior del rombo en el medio del campo del Tenerife de Jorge Valdano. Miñambres, que ni soñaba con alcanzar esa cumbre futbolística cuando de niño vio por la televisión en Alemania 1974 la Holanda de Johan Cruyff, la Argentina de Rubén Ayala o la Brasil de Luis Pereira, sí tenía la esperanza de hacer historia ayudando a España a pasar por una vez a semifinales. El italiano Roberto Baggio se encargó de frustrar la ilusión. Tan marcada era aquella barrera que este leonés que se crio apañándoselas para poder jugar al fútbol donde fuera no ha dudado en dar las gracias a sucesores luego campeones de Europa y del mundo como Cesc Fàbregas, el que rompió el maleficio en la Eurocopa 2008 al meter el penalti decisivo de la tanda y, de algún modo, cobrarse la revancha ante Italia.

“La realidad superó todas mis expectativas”, reconoce Felipe Miñambres al rememorar una infancia que cuenta a caballo entre equipos como el Santa Clara y los juveniles del Astorga, pero también aprovechando el patio del colegio durante los recreos o espacios verdes en el parque anexo a la Eragudina para jugar un barrio contra otro. Sin dejar de ser consciente de que estaba “entre los que podían destacar”, ni se le pasaba entonces por la imaginación que un día estaría sobre el césped cuando sonase el himno español en un Mundial. Todavía no llegaba a los 10 años de edad cuando, aficionado de niño al Atlético de Madrid, vio en Alemania al rojiblanco de entonces Rubén Ratón Ayala y al futuro colchonero Luis Pereira ser superados por la Naranja Mecánica, la Holanda que capitaneaba Cruyff para revolucionar el fútbol de los setenta.

Miñambres, que luego pondría su mirada en otros atléticos como el fallecido Marcos Alonso, encarriló su carrera deportiva, primero en el Astorga y luego en el Zamora hasta llegar al filial del Sporting de Gijón y debutar en su primer equipo en la temporada 1987-1988. Fue de los primeros en acogerse al Decreto 1006/85 para pagar la cláusula de rescisión y desembarcar en la temporada 1989-1990 en el Club Deportivo Tenerife. Y ese mismo año 1989 se produjo la llamada de la selección española, entonces entrenada por Luis Suárez. No llegó a jugar contra Malta en Sevilla, pero sí lo hizo contra Suiza, con debut y gol precisamente en el Heliodoro Rodríguez López. El Mundial de Italia 1990 estaba cerca en el calendario, pero no tanto en sus expectativas. “Mis inicios aquí (dice en Tenerife, donde ahora ejerce como presidente del club) no fueron buenos. Yo llegué a la selección por lo que había hecho antes en el Sporting. Pero no habría sido justo que hubiera ido al Mundial”, admite este hijo de madre de La Bañeza y padre de Astorga. España cayó entonces en octavos contra Yugoslavia.

La trayectoria del Tenerife en Primera División parecía abocada al descenso cuando en la primavera de 1992 llegó al banquillo el argentino Jorge Valdano. El equipo se transformó hasta clasificarse para jugar la Copa de la UEFA en la temporada 1993-1994, la que iba a terminar con el Mundial de Estados Unidos, país que repite experiencia (ahora junto a Canadá y México) del 11 de junio al 19 de julio de este 2026. Felipe (así era conocido en sus tiempos sobre el césped) estuvo, pero no jugó, en el partido decisivo para la clasificación en Sevilla contra la Dinamarca de Michael Laudrup. El astorgano, que ni soñaba con llegar a un Mundial, iba a cruzar el charco para vivir una experiencia única. “Y, de haber podido escoger sitio, habría elegido precisamente Estados Unidos. Me gusta mucho el país”, confiesa. La realidad ya había entonces superado las expectativas.

El de Estados Unidos 1994 fue el primer Mundial en el que se añadió en las camisetas el nombre de cada futbolista. Felipe compitió con el 16 de España para salir en la segunda parte del primer partido, que la selección acabó empatando contra Corea del Sur (2-2) en Dallas. No jugó contra Alemania (1-1) en Chicago, donde sí salió de titular para el decisivo encuentro contra Bolivia. ¿Qué siente uno al escuchar el himno sobre el campo? “Eso siempre es especial, incluso cuando estás como suplente. Lo vives con mucho orgullo y emoción. Y, encima, aquel día estaban mis padres y mi hermano en Chicago”, responde quien, además, fue objeto del penalti (por un empujón por la espalda) con el que Pep Guardiola abrió el marcador, que acabó reflejando un 3-1 favorable que daba al combinado nacional billete para los octavos de final, donde se deshizo con facilidad de Suiza (3-0) en Washington para viajar a Boston y ver casi hasta el final el duelo del que saldría su rival en cuartos.

Felipe Miñambres, que ya no entraría en liza ni un minuto más en el campeonato, pasó de jugar con libertad por detrás de los delanteros con una apuesta por el fútbol ofensivo en el Tenerife de Jorge Valdano a escorarse a la izquierda en una selección con más músculo y menos florituras al mando de Javier Clemente. “Eran dos filosofías diferentes. Pero uno tiene que adaptarse a las exigencias de cada entrenador”, precisa el astorgano, que recuerda otros momentos más distendidos (el campamento base de la concentración estaba en Chicago) como las partidas de pocha a las cartas con compañeros con los que compartía procedencia del Sporting como Juanele, Luis Enrique y Abelardo o cómo no se sumó a la moda con dosis de superstición de dejarse perilla durante la competición. “Como no perdíamos, hubo compañeros que se la dejaron. Yo no lo hice”, recuerda el tercer, y hasta la fecha, último leonés en ser convocado para un Mundial tras los barcelonistas César Rodríguez en Brasil 1950 y Toño de la Cruz en Argentina 1978.

En un Mundial también necesitas una pizca de suerte. Se decide, a veces, por detalles

Fuera de la alineación contra Italia, el astorgano sí tenía la aspiración de superar la eliminatoria. “Yo ya había visto desde niño cómo nos quedábamos en cuartos o incluso antes. Y la sensación era de a ver si nosotros lográbamos pasar”, indica. Italia se adelantó en el marcador en la primera mitad con un gol de Dino Baggio. Pero España empató en la segunda por medio de José Luis Pérez Caminero y fue superior hasta contar Julio Salinas con un mano a mano contra Gianluca Pagliuca, que sacó el balón con los pies. Roberto Baggio no perdonó minutos más tarde. Y el árbitro húngaro Sándor Puhl no vio después un codazo en el área de Mauro Tassotti a Luis Enrique que le habría dado a la selección la oportunidad de empatar de penalti. “En un Mundial también necesitas una pizca de suerte. Se decide, a veces, por detalles”, afirma para responder después a cómo se encontró el vestuario tras la derrota: “Estaba roto. Como si fuera un funeral. Recuerdo a Julio Salinas llorando”.

De haber eliminado a Italia, España habría jugado las semifinales en Nueva York contra la Bulgaria de Hristo Stoichkov, mientras por el otro lado del cuadro se enfrentaban Brasil y Suecia en Los Ángeles, donde italianos y brasileños acabaron disputando una final que se llevó la selección canarinha de Romario en la tanda de penaltis. Miñambres regresó a casa con el sinsabor de no franquear la barrera de los cuartos. “Luego lo hizo otra generación, que era mejor que nosotros. Y yo lo disfruté mucho”, señala para relativizar el hito de su presencia en Estados Unidos 1994 al relacionarlo con su temporada en las islas Canarias: “Fue un premio a todo lo que hice en Tenerife. Fue más complicado hacer lo que pude hacer allí. Y no es fácil desde un equipo como el Tenerife llegar a la selección”.

A pesar de vivir luego grandes momentos como una semifinal de la UEFA con el Tenerife en la temporada 1996-1997, Felipe Miñambres ya no volvería a la selección española, donde sumó dos tantos en seis partidos (el segundo fue en un amistoso contra Finlandia en 1994). Pasó luego por los banquillos y los despachos, en estos últimos con distintos cargos hasta asumir en 2025 la presidencia del CD Tenerife. Con el club recién ascendido a Segunda División, no podrá viajar a Estados Unidos (un problema con los vuelos evitó su presencia en la final de Sudáfrica 2010, pero sí estuvo en Berlín en la de la Eurocopa 2024, ambas victoriosas para España), donde considera que el fútbol ya sí ha echado raíces, una diferencia con respecto a 1994. “Nosotros nos podíamos mover por allí con facilidad. Y no creo que ahora los futbolistas españoles puedan tener la tranquilidad que tuvimos nosotros”, contrasta con más argumentos en la comparativa: “Yo he estado en Miami. Los campos están ahora llenos. La presencia de Messi ha ayudado mucho. Y el fútbol ya está plenamente implantado allí”. Las cosas también han cambiado para España. “Tiene una mezcla bastante buena de veteranos y jóvenes. Son futbolistas que juegan en los mejores equipos del mundo”, dice sobre la Roja, que ha pasado de suspirar por pasar de cuartos a aspirar directamente al triunfo.