'Torrente presidente': prioridad nacional

Una imagen promocional de 'Torrente presidente'.

El mundo de la política siempre ha sido un estupendo caldo de cultivo para la comedia. El mecanismo electoral y sus servidumbres, los manejos de los candidatos, los asesores de imagen, la fabricación de líderes, los intereses ocultos, el cinismo y el juego sucio, las medias verdades o esa corrupción que parece inherente a la clase política son sin duda carne de parodia. Reírse de nuestros políticos y sus inefables hazañas es una saludable forma de regeneración social, una antigua tradición y la dulce venganza de una ciudadanía demasiado acostumbrada a soportar tonterías y desatinos. 

Si hay alguien que sea capaz de aprovechar cualquier cauce posible para sacar rédito de la ya de por sí delirante política nacional, ese es Santiago Segura, un tipo al que se le podrán negar muchos talentos pero nunca el de la oportunidad empresarial, el de saber exprimir con ingenio la actualidad hasta convertirla en una gamberra película apta para espectadores de todo tipo y condición. Sus estrenos de cine, como los disparates de algunas fuerzas políticas que salen retratadas en Torrente presidente, también se han convertido en una prioridad nacional. Ahora vuelve a dar con la tecla convirtiendo a su personaje de cabecera, el zafio paradigma de lo políticamente incorrecto Torrente, en la exagerada y grotesca caricatura de cualquiera de esos políticos intrínsecamente ibéricos, mediocres y arribistas que todos tenemos en mente.

La sexta entrega de la saga brilla en su ácida mirada sobre una situación política que ha vuelto a confirmar aquello de que la realidad supera a cualquier ficción. Y aunque sus dardos se centren en ‘Nox’ y sus populistas prioridades nacionales, la cinta tiene espacio para despacharse a gusto con todo un deformado espectro político representado por partidos como ‘Restar’, ‘PSAE', ‘Pudimos’ o ‘Pape’. Es en esa forma de torrentismo desbocado, irreverente y que se lanza sin red para reírse de todo y de todos dónde encontramos los mejores momentos del filme.

Sin embargo tampoco debemos llevarnos a engaño, la sutileza no es algo que desprenda el cine de Santiago Segura, sus disparos cómicos están muy a menudo repletos de filosofía barata y cuñadismo, de un humor tan básico y grueso como para provocar cierto sonrojo en el espectador más avezado. Quizás hay esté la clave de su éxito, en esa mezcla perfecta de carcajadas para todos los públicos con algún destello satírico que es capaz de retratar con incomoda y burlesca precisión a esta España nuestra.

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