La novela de Nohelia Alfonso que saltó del papel: cómo La Robla ha hecho ruta literaria de ‘Amar a la bestia’

La escritura de la novela, que había quedado varias veces en cuarentena, se desatascó precisamente con el confinamiento por la pandemia del coronavirus. Además de desenredar la trama, Nohelia Alfonso (La Robla, León, 1986) tenía que encarrilar su propio futuro. Al mismo tiempo que armaba la estructura de los personajes que pululan alrededor de la protagonista, ella opositaba y se asentaba como profesora de Lengua y Literatura en Asturias. Amar a la bestia nació luego con un galardón debajo del brazo. “Me ha dado muchas alegrías”, subraya la autora, que se convirtió en la más joven en ganar el Premio Provincia de Guadalajara de Narrativa Camilo José Cela aquel 2020. Y ahora asiste con los ojos como platos al acontecimiento de que aquel libro en torno a las relaciones tóxicas alrededor de una cuenca minera en reconversión salte del papel a la realidad con una ruta literaria lanzada desde el IES (Instituto de Educación Secundaria) Ramiro II de La Robla, un proyecto que ya trasciende lo puramente didáctico hasta tener repercusión social.

Amar a la bestia y La Ruta de la bestia describen trayectorias paralelas. La de la novela es de largo recorrido. “Yo debía de tener unos 20 años cuando empecé con la idea poética del libro y a escribir algunas partes”, rememora Alfonso, que en ocasiones perdía del hilo de lo que quería contar y cómo quería hacerlo. “No me gustaba lo que estaba escribiendo y a veces hay que distanciarse un poco de lo que una hace para verlo con objetividad”, añade. La “complicación de la trama” y el encaje del ramillete de personajes resultaban lo más difícil de articular para la autora, que al mismo tiempo terminaba sus estudios universitarios, opositaba y empezaba a trabajar como docente. La localización de la novela, con escenarios reconocibles tanto de León capital como del entorno de La Robla, suponía un aliciente extra para la escritora. Y, sin pretenderlo de antemano, fue clave para lanzar más tarde la ruta literaria.

La autora partía de la premisa de situar la trama en el radio de acción de su biografía de niña, adolescente y joven: “Yo lo tenía claro, pero más que nada porque es mi casa y mi entorno. Y, al final, lo que conoces lo describes mejor. A mí me resultaba muy estimulante. Me prestaba”. Su idea inicial pasaba por usar trasuntos para referirse a los lugares: “Me gustaba también el juego de que el lector adivinase de lo que estábamos hablando”. Fue por consejo de la editorial, Ediciones Versátil, por lo que al final el resultado es un híbrido: Legio se sustituyó por León, mientras se mantuvo Trueca, también porque no sólo es La Robla sino un compendio de ese entorno de la Montaña Central marcado tanto por su naturaleza como por la minería del carbón. Así, a la hora de encajar el puzle, el lector puede jugar con piezas marcadas y otras con interrogante.

Fue también en plena pandemia cuando, todavía sin saberlo, empezó a gestarse la ruta literaria. María José Gómez Barrio aterrizó como profesora de Lengua y Literatura en el IES Ramiro II de La Robla. Llegó al nuevo destino con una recomendación debajo del brazo. “Una compañera y amiga, que es también una buena consejera, ya me había hablado de este libro. Al decirle que iba para La Robla, me dijo que una chica tenía un libro ambientado allí”, explica. La profesora sugirió incorporar Amar a la bestia como lectura recomendada en el departamento. Y curiosamente en un curso en el que no estaba prescrito como lectura obligatoria fue cuando un alumno sembró la semilla de la ruta. Claro que él tampoco entonces lo sabía.

Mateo Llamas ya había leído la novela cuando la profesora María Mantilla propuso hacer un trabajo en torno al libro con el estímulo de poder subir la nota al final de curso. Llamas la releyó e hizo una presentación con diapositivas. Ahí quedó la parte académica. Pero como resulta que los escenarios de la trama son los que recorre habitualmente, se le ocurrió localizarlos sobre el terreno. Y se puso manos a la obra. “Cogí el libro, subrayé los lugares que reconocí, hablé con la autora para resolver algunas dudas y subrayé también las referencias que hay a la música en libro”, cuenta. Su idea, que se limitaba a llevar a sus amigos de excursión, acabó siendo el germen de algo mucho mayor. “Pero yo”, admite, “nunca pensé en que fuera a convertirse en una ruta literaria”.

La traslación de la novela a la ruta es un proceso con muchas derivadas. “Se han unido todos los astros”, exclama el director del IES Ramiro II, Jorge de Prada, al explicar cómo el centro encauzó la iniciativa como un proyecto de innovación educativa con varias virtudes añadidas: la de implicar a toda la comunidad educativa y hasta al Centro Integrado de Formación Profesional Virgen del Buen Suceso, cuyos alumnos realizaron las placas identificativas, “una pequeña obra de arte”; o la de unir literatura y naturaleza en una senda con escenarios fundamentalmente urbanos, pero también del entorno, como el Rabizo. Hubo, asimismo, que contar con el permiso de los propietarios del terreno y con la aportación económica del Ayuntamiento de La Robla para suplir la falta de capacidad financiera. “Ha sido un proyecto muy impactante. Y, al final, es un proyecto de lo que hoy llamamos aprendizaje-servicio, que es dejar algo desde la educación en la zona”, subraya el director.

No resulta fruto de la casualidad que un proyecto literario despunte desde el IES Ramiro II y La Robla. María José Gómez Barrio, ahora jefa del Departamento de Lengua y Literatura, cita la figura pionera de Josefina Aldecoa. Pero es que el municipio, que en los últimos años ha padecido el cierre de las minas de carbón y de su emblemática central térmica, se ha convertido en cantera de nuevos escritores al acompañar al nombre de Nohelia Alfonso los de Óscar García Sierra y Noemí Suárez Blanco, la última en incorporarse al publicar en este mismo 2026 El invierno vuelve a la montaña, novela también ambientada en la zona.

Ha sido un proyecto muy impactante. Y, al final, es un proyecto de lo que hoy llamamos aprendizaje-servicio, que es dejar algo desde la educación en la zona

La explicación se encuentra en buena medida en las aulas de un centro que tiene concurso literario propio. Nohelia Alfonso destaca la labor del profesorado sin dejar de citar a Julio Molero, una “pieza fundamental” que la animó no sólo a escribir sino a presentarse a certámenes. La propia Alfonso acude regularmente al centro, donde los alumnos ya mostraron en su día un interés especial por esta novela reconocible tanto por el entorno como por la temática: pueden tener una abuela con alzhéimer o una relación viciada con un novio como Mica, la protagonista, que trata de reordenar su pasado al despertar sin recuerdos de un largo coma tras un accidente de tráfico. Claro que no todos se atreven a levantar la mano en las charlas. “Y luego algunos me escribieron por Intagram. Querían, sobre todo, saber si lo que le pasa a la protagonista me ha pasado a mí; si está basado en hechos reales”, indica la autora.

Son las mismas aulas que ahora acaba de abandonar Mateo Llamas, quien despeja la dicotomía entre ciencias y letras al combinar el inminente comienzo de estudios universitarios con su afición a la literatura, ya jalonada con varios premios. “Me gustaría escribir y me gustaría publicar”, reconoce quien abrió un camino que fue tomando forma en los dos cursos siguientes: el primero para diseñar el esqueleto del proyecto y el siguiente para llevarlo a la práctica. El año pasado hubo incluso una “protorruta” en forma de simulacro, señala Llamas. Y el 29 de mayo de este 2026 se estrenó oficialmente La Ruta de la bestia.

La novela y la ruta se retroalimentan de la misma manera que lo hace la nueva literatura roblana del pasado mineroenergético de la zona. “El tema de la minería y, sobre todo, de la desaparición de la minería tenía que aparecer en una novela en la que estamos hablando de la memoria, del olvido y de cómo lo que recuerdas es lo que construye tu identidad. Es decir, cuando pasa el tiempo y ha desaparecido el motor de la comarca o lo que más la identificaba, ¿qué es lo que queda ahí? Yo quería hacer esa reflexión paralela a lo que ocurre con la protagonista y con su amnesia con este tema de la minería que nos toca a todos tan de cerca en la cuenca”, expone Nohelia Alfonso, que rescató del cuento titulado Galerías de su libro Alas de musgo el personaje de Nicasio, un minero arquetípico abuelo de la protagonista. El paisanaje y el paisaje, el de una cuenca que combina el verde de la naturaleza con el negro del carbón, son escenarios de gran potencialidad narrativa que están sirviendo de marco a los nuevos autores de la zona.

Me escribe mucha gente de diversos sitios de España para darme las gracias por el libro porque les ha servido de terapia y para que se cayeran vendas. Y me escriben diciendo que están deseando poder venir a León para hacer la ruta

Al marco de la ruta literaria, que recoge todo ese ADN de la zona, se le pusieron iconos como el Conejo Blanco de Alicia en el país de las maravillas y banda sonora más allá de los audios explicativos locutados por alumnos y profesores. La música, clave en la novela, “tenía que estar muy presente en la ruta”, enfatiza la escritora, también compositora y cantante que aporta una pieza con voz y piano de la gordonesa Marta Fernández Lagawe y que solicitó la colaboración la banda leonesa Sunset Blvd. “Es un grupo que, como todas las cosas del libro, ya está desaparecido. No pudieron estar en la presentación en La Robla, pero yo confío en que sí puedan estar en la de León ciudad”, señala Alfonso.

Y es que el próximo reto de La Ruta de la bestia es el promocional. Estrenada ya a finales del curso pasado, el próximo debe ser el de la expansión de “un proyecto que calará con el tiempo”, augura el director del IES Ramiro II para solicitar el apoyo de las instituciones y los medios de comunicación en la difusión de la iniciativa ahora que “las noticias que salen no son precisamente estas”. “Estamos en un tiempo extraño. Y me parece que es fundamental dar voz a este tipo de iniciativas y poner en valor el papel de la educación y la cultura”, agrega sin dejar de resaltar la cantidad de horas extras acumuladas por la plantilla para hacer realidad el proyecto.

La ruta nació ya bendecida por una novela que trascendió a lo literario. “Me escribe mucha gente de diversos sitios de España para darme las gracias por el libro porque les ha servido de terapia y para que se cayeran vendas. Y me escriben diciendo que están deseando poder venir a León para hacer la ruta”, recalca Nohelia Alfonso, que a veces se pellizca para comprobar que “no era un sueño” sino que “es verdad” que “toda esta gente se ha metido en este lío de convertir la historia en algo palpable”. Lo hacen también porque un alumno comenzó, como que no quiere la cosa, a seguir los pasos del libro. “Me resulta muy satisfactorio y muy gratificante que se haya hecho la ruta. Se me ocurrió a mí, pero yo no había pensado que esto fuera a llegar tan lejos”, admite Mateo Llamas. Ahora, con todo el camino trazado, toca promocionar la ruta para seguir alimentando a la bestia.