WWF España lamenta que el riesgo estructural de los incendios “sigue igual que el año pasado”
El riesgo estructural de grandes incendios forestales, “muy asociado a las olas de calor, sigue igual que el año pasado y que en los últimos años”, ha lamentado este jueves la especialista en este tipo de catástrofes de WWF España, Lourdes Hernández, durante la presentación de su informe anual.
El texto, titulado 'Incendios extremos: el reto de adaptar el territorio', identifica el abandono rural, la falta de prevención y el cambio climático como las “verdaderas causas de los incendios”, unos factores que degradan el paisaje hasta hacerlo “cada vez más vulnerable” ante el fuego, a los que añadir el creciente número de viviendas ubicadas en la interfaz urbano-forestal que “no cuentan con las medidas de autoprotección adecuadas”.
Hernández ha explicado que el abandono rural implica la pérdida de cultivos “que actuaban como cortafuegos naturales” y un aumento “considerable” de la superficie forestal, algo que “no siempre equivale a bosques sanos” y que supone un incremento del combustible natural en caso de desastre.
Por ello considera las quemas prescritas como “una de las herramientas disponibles” para generar discontinuidades en el bosque y afrontar mejor el problema.
Respecto al cambio climático, “no inicia incendios pero favorece su propagación” al provocar sequías más prolongadas, olas de calor de larga duración y bosques más estresados y secos.
Más de un 47% de grandes incendios forestales
El informe recuerda 2025 como “el peor año del siglo” por las cerca de 355.000 hectáreas arrasadas y las ocho víctimas mortales y afirma que este año “evidenció un cambio de paradigma” con incendios cada vez más intensos, “extensos, difíciles de controlar y en un menor intervalo de tiempo”, hasta el punto de que los bomberos ni siquiera pueden acercarse porque ponen en riesgo su propia seguridad, señala Hernández.
Otro dato que subraya la gravedad de la situación es que el año pasado, la cifra de Grandes Incendios Forestales -los GIF, que superan cada uno más de 500 hectáreas afectadas- llegó a 63 casos, afectando especialmente al noroeste peninsular, frente a los 19 registrados en 2024: cinco de ellos quemaron más de 20.000 hectáreas.
Según el estudio, en los últimos veinte años la proporción de GIF respecto al total de siniestros ha crecido un 47 %, por lo que “ya no son solo un problema forestal, sino que se están convirtiendo en auténticas emergencias civiles”, advierte la experta de WWF.
Más prevención
WWF indica que el 78 % de los recursos disponibles para enfrentar los incendios forestales -entre 600 y 700 millones de euros cada año- se dedica a la extinción y únicamente el 12 % -unos 180 millones- a las labores de prevención, gestión forestal y adaptación del paisaje.
El desafío del fuego obliga a revisar estas cifras porque “no podemos poner el grueso de las inversiones en extinción porque estamos viendo que no funciona”, dice Hernández, quien ha definido la extinción como “un gasto, mientras que la prevención es una inversión” para evitar daños tanto ecológicos como económicos.
En comparación, ha precisado que cada hectárea extinguida tiene un coste medio de 20.000 euros por hectárea mientras que las actuaciones preventivas cuestan entre 500 y 3.000 euros por hectárea.
En el mismo sentido, el director de conservación de WWF, Enrique Segovia, ha propuesto aumentar la inversión en prevención y adaptación del territorio, además de identificar y cartografiar las zonas de alto riesgo de incendio (ZARI) y las zonas estratégicas de gestión (ZEG).