Araceli López, memoria viva de la represión franquista, cumple 108 años en Chile

Araceli López González, la última voz de la represión de Franco en San Marcos en León, acaba de cumplir 108 años este jueves 26 de marzo. Natural de Vegacervera, nació en 1918, en la enorme y muy humilde familia de quince hijos que conformaron sus padres, Agustina y Tomás. Siendo aún menor de edad, fue detenida, condenada a muerte y encarcelada “por ser de izquierdas”. Tras casi seis años en prisión, consiguió el indulto, fue puesta en libertad, se casó con Manuel y tuvo dos hijos, María Agustina y Arturo, y en 1953 se marcharon a Chile. Allí ha celebrado su cumpleaños rodeada de toda la gente que la quiere. Este próximo domingo, 29 de marzo, el Ayuntamiento leonés le rendirá un merecido homenaje, para poner en valor la memoria de una vida marcada por la guerra, la pérdida, el miedo, el silencio y la supervivencia, que fue la de tantos.

Con motivo de su cumpleaños, ILEÓN recupera algunos de los pasajes más estremecedores y también más humanos de la historia que este medio contó el pasado año en una serie de tres reportajes. En ellos, Araceli aparecía no solo como una superviviente, sino como una de las últimas voces vivas de la represión franquista vinculada a la cárcel de San Marcos.

Araceli fue la pequeña de 15 hermanos. La Guerra Civil y la represión posterior arrasaron a los López: tres de sus hermanos fueron asesinados, varios murieron antes o después en circunstancias durísimas y buena parte de los que sobrevivieron acabaron emigrando a Chile. Ella misma fue detenida junto a su padre “por ser de izquierdas”, según su propio testimonio.

Su relato, recuperado por su sobrina nieta Charo López en unas grabaciones familiares inéditas, permitió a ILEÓN reconstruir una historia de enorme valor memorial y periodístico. Araceli contó cómo fue condenada a muerte en un consejo de guerra franquista, cómo esa pena le fue después conmutada, cómo pasó primero por San Marcos y luego por Saturrarán (Guipúzcoa), y cómo salió de prisión con 24 años, tras haber perdido en la cárcel su juventud.

Uno de los pasajes más sobrecogedores de la serie publicada por este periódico fue el de su vuelta a León tras décadas de exilio y silencio. Ya muerto Franco, Araceli regresó por primera vez a España en 1980. Fue entonces cuando, delante del actual Parador de San Marcos, le confesó a su sobrina nieta que ella había estado presa allí. Charo la había invitado a desayunar en el que se había convertido en uno de los sitios más exclusivos de la ciudad, sin saber que la ponía frente al lugar donde había comenzado su calvario. Aquel momento abrió una grieta en un silencio de casi treinta años.

Ni siquiera sus propios hijos sabían entonces toda la verdad. Araceli había callado durante décadas el peso de la condena a muerte, la cárcel, el asesinato y desaparición de sus hermanos y el dolor de una familia destrozada por la guerra y la dictadura. Fue a partir de aquella escena cuando empezó a poner palabras a una memoria enterrada por el miedo y la vergüenza.

La serie de ILEÓN también profundizó en la dimensión colectiva de aquella tragedia. El tercer reportaje se adentró en la causa militar 529/37, el sumario franquista que sentó en el banquillo a catorce vecinos de Vegacervera y su entorno. Siete fueron condenados a muerte, dos acabaron fusilados y otros recibieron largas penas de cárcel en un proceso sin garantías que ilustra de forma descarnada cómo funcionaba la maquinaria represiva del franquismo.

En esa causa estaban Araceli y su padre, Tomás López. Ella era la más joven de todos los encausados; él, el mayor. La familia ya había sido golpeada por la desaparición y asesinato de Argimiro, Alfredo y Avelino, y aun así el aparato represivo convirtió su casa en foco de sospecha política. A Araceli se la acusó de adhesión a la rebelión y espionaje; a Tomás, de tener hijos “significados de izquierdas”. La sentencia la condenó a muerte. Él quedó finalmente absuelto, ya muy enfermo.

Cuando salió de prisión, todo había cambiado. Volvió a Vegacervera, se casó, tuvo dos hijos y, tras la muerte de su madre, decidió marcharse también. En 1953 embarcó rumbo a Chile con su familia. Allí rehízo su vida. Primero en Lautaro y después en Temuco, levantó un nuevo hogar sin desprenderse nunca del todo de la herida. En Chile la conocen como “la española”. Allí ha formado una extensa familia de hijos, nietos y bisnietos. En España apenas quedan ya unos pocos descendientes de los López.

A sus 108 años, Araceli sigue siendo memoria viva. No solo por lo que sufrió, sino por lo que representa. Su historia resume la de tantas personas anónimas que fueron detenidas, juzgadas sin garantías, encarceladas, despojadas de sus bienes, empujadas al exilio o condenadas al silencio durante décadas. También la de las familias que aún hoy siguen buscando verdad, justicia y reparación.

Con su testimonio, conservado en diarios, documentos y grabaciones familiares, Araceli ha permitido alumbrar una parte de la historia leonesa que durante demasiado tiempo permaneció a oscuras. Y con él, ILEÓN pudo contar no solo la vida de una mujer excepcional, sino también la de toda una familia y la de un tiempo en el que la represión se llevó por delante vidas, nombres y futuros.

Este jueves, Araceli López ha cumplido 108 años arropada por la gente que la quiere. Lo hace lejos de León, pero con la memoria intacta. Y con una historia que ya forma parte, con nombre y voz propia, de la memoria democrática leonesa. El domingo, Vegacervera la reconocerá en un sentido homenaje en el Ayuntamiento.