Al grito de “¡Carro a la Virgen!” y con los pendones tremolando, los romeros de San Froilán cumplieron hoy con su deber en un día que, pese a que amenazaba lluvia, el patrón de la provincia consideró que prefería ver el colorido de las enseñas de los pueblos y la alegría del gentío comiendo chorizo entrecallado y morcilla de León, mientras compraba castañas, avellanas y todo tipo de enseres en el ferial en torno al Santuario de La Virgen del Camino.

Es el 5 de octubre en La Virgen del Camino el momento en el que el latido de la provincia se concentra en una jornada donde el pasado y el presente se dan la mano de la manera más hermosa con los imponentes pendones leoneses que marchan en fila en la larga recta de la Nacional 120 con orgullo al compás de la tradición, acompañados por los tradicionales carros engalanados y la fiel estampa de los perros carea. Al ritmo de los bailes regionales, el aire de La Virgen del Camino mse llena de una alegría contagiosa que contagia a lugareños y visitantes, convirtiendo cada plaza y cada camino en un homenaje vivo a las raíces de la tierra.

Pero si la vista se llena de telas ondeando y arte popular, el olfato y el gusto se reencuentran con los sabores más entrañables de la temporada. Es el tiempo de los populares 'perdones', esas codiciadas primeras avellanas de la temporada que se compran y se regalan como un entrañable ritual de afecto, cuyo nombre ha quedado ligado para siempre, generación tras generación, a esta emblemática romería. Un bocado crujiente que sabe a infancia y a fiesta compartida.

Alrededor de esta dulce tradición se despliega el resto del banquete festivo, donde no faltan los grandes clásicos de la gastronomía leonesa: la morcilla que reconforta el alma, el tradicional pulpo que ya forma parte indiscutible de la cita y los caldos de la tierra, unos vinos de León que brindan por la salud y la alegría de la provincia en su día grande.

La Romería de San Froilán es otra historia. La de León.