Urraca I: del nada histórico emponzoñado... al todo hoy

Divagando, que es gerundio, vuelvo a tocar un tema actual, sobre una reina y emperatriz llamada Urraca, que lo fue, para qué restar: ¡hace muchos años! Yendo, en el amplio término de monarquía “el plan para hoy”

Días atrás pude leer en un medio, cómo la figura de Urraca I ha pasado a estar en “todas las salsas”. Por supuesto no era esta la expresión, pero así, de mi cosecha, lo redondeo. Quiero decir con ella algo despreciativo, por supuesto que no, ni tendría razón, ni procede. Está recogiendo una realidad en la que nos vamos metiendo tal como un baño, de lo que fuimos, lo silenciado que nos lo tuvieron, el enrevesado que vienen montando otros en fase autonomista, para, en el confusionismo tomar cacho y , de paso, impedirnos respirar nuestro propio aire histórico.

Es vital lo histórico para mostrar quienes fuimos, lo que somos y el derecho que tenemos para decidir lo que queremos ser, tal como ¡con quien ir o no en autonomía! Por supuesto, si esgrimiéndolo alcanzamos algo más que cierto desahogo dicente, ¡estupendo!, pero en verdad lleva tras de sí una muy corta cola de eficacia decisoria, en el marco vivencial actual.

El recuerdo de Urraca no nos va a venir a encauzar nada. Ni nosotros con la mente de hoy, podemos valorar muchos de los pasajes históricos, que, aun cuando nos estén dando razón de ser, de lo que fuimos; el hoy leonés, es muy otro, y no nos puede venir a decir, ¡usadme! Su estampa como reina, con poder y bien implicada en las cosas de reino, vende, pero no asegura nada.

Claro, no es talismán de nada. Ni aval, ni célula identificativa, ni nosotros somos directamente el pueblo para el que reinaba. Reyes absolutistas, más o menos, hasta que con Alfonso IX, en 1188 hiciera un apunte de parlamentarismo, dando presencia y voz al pueblo en sus curias. Algo de lo que presumimos como primeros en el mundo. Para entonces, el pueblo leonés ya tenía fueros y concilios, esto facilitaba las cosas a la hora de elegir a los que iban “gobernar” con Alfonso IX, quien, a su manera, cedía parte del tirón absolutista dominante.

Entre las razones, siempre se ha citado en plan de deslucir, lo recaudatorio. Yo quiero entender que el rey quería a su pueblo, y no escuetamente como súbditos. Los “impuestos”, fueron necesarios entonces, igual que lo son hoy. La claridad y las formas, han ido variando.

Nunca me gustó la monarquía, mucho menos la que acogía la ley sálica, dada a conocer y tenida en cuenta sucesoria por los franceses casi hasta que la guillotina cercenó todo, pasando a hablar de la Revolución Francesa de 1789. Pero lejos de mi intención está hoy profundizar en ello.

En España Felipe V en 1713 instauró los principios de la ley sálica, impidiendo a las mujeres acceder al trono, que estuvo vigente hasta 1830. Mas, como intento que esto no se asemeje a un cursillo de historia, ni buscar fechas y datos que los hay hasta aburrir, me sirve para decir que, sin saber bien el porqué, siempre mi tendencia ha sido de republicano in pectore. Teniendo la república como una buena forma de estado, y la soberanía popular la razón principal.

Siempre hemos dicho y comprobado que a los leoneses nos han escrito la historia a medida de otros. Esto es, silenciando hechos que nos distinguieran, y pudieran pasar a darnos un valor extra.

Vamos al hoy, cuando Urraca I, bueno quienes escriben de ella reivindican un pasado y un comportamiento que marcó personalidad. En ciertos pasajes controvertida, pero con valores de gobierno y autoridad real propios y a ensalzar.

Del artículo originario, motivador de este mío, me gustaría conocer algo de la intrahistoria, así como cuantas personas componían el séquito que acompañaba a Urraca I camino de Asturias, cuando el Leitariegos cerró el paso con una gran nevada. Precisamente allí donde los Cosmen tenían casas, un incipiente negocio arriero para mercancías y también para personas en diligencias de tracción animal.

Y fueron allí acogidos, Urraca I y un séquito importante, no menor de 300 personas, se nos dice. Iban de a caballo, como era habitual entonces, siendo llevada la impedimenta a lomos de mulas y asnos. Eran tiempos de peleas con su marido Alfonso el Batallador, y ella era dura de pelar; y como reina de León quería asentar el territorio, por supuesto por ella, pero también pensando en su hijo, el que sería emperador, Alfonso VII.

Fin de la cita. Nuestra reina Urraca I, está de moda.