Papel y tinta en la ‘era digital’

Que la nostalgia en ocasiones nos traiciona, de ello no cabe la menor duda. Ayer, por ejemplo, abrí el cajón de mis recuerdos y hallé una pieza que considero arqueológica, ya no solo por ser testimonio fiel del paso de los años, sino por su lastimoso anacronismo. Hablo de un libro de hojas amarillentas y palabras roídas por el tiempo; un cuaderno en el que aparecen pensamientos escritos junto a la firma y fotografía de antiguos compañeros de instituto. 

Hoy podría parecernos extravagante o ridícula la costumbre de escribir nuestros nombres en un folio para dejar constancia de que una vez estuvimos sentados en el mismo banco de escuela. Para mi gran sorpresa, en tiendas online como Amazon, Shein, Etsy, Temu y Wallapop están a la venta (aún) esas libretas de notas con el nombre de ‘autógrafos’. Desde mi óptica, semejan artilugios sacados del arca perdida de Indiana Jones y puestos a disposición de compradores ávidos (aún) en recopilar instantes inolvidables (quizá el encuentro con algún personaje del fútbol o el recuento de un viaje de vacaciones). 

Es poco probable, sin embargo, que esos cuadernos se mojen con los lagrimones de un fin de curso. Y es que también las emociones cambian con la época, pues ahora sabemos que por WhatsApp nos seguiremos viendo aunque estemos lejos. Y en todo caso, si dejáramos de comunicarnos, lo haríamos con Siri y Alexa, que para eso son buenas compañías (sobre todo por ser chicas muy inteligentes).

En pocas palabras, estamos sufriendo una metamorfosis como sociedad y como especie. Y a ello nos adaptamos. En esta revolución antropológica en la que vivimos, el llamado Homo Sapiens (ese que alguna vez inventó el fuego y la rueda y todo lo demás hasta llegar a la tecnología actual), está reproduciéndose en forma virtual y creando una era en la que el papel y la tinta van dejando sus huellas en las paredes del gran museo de la humanidad. No hay más que ver cuánto pesan los libros y cuánto se deforman las espaldas de nuestros escolares al cargar esas moles arcaicas. Es por ello que en las mochilas de quinto y sexto estos van siendo sustituidos por tabletas electrónicas. Porque una tableta pesa menos que un libraco y está mucho más acorde con la velocidad y la eficiencia, objetivos indispensables en la educación contemporánea, ¿no es así?…

Y bien, el diecinueve de enero del presente año se publicó en el Diario de León el artículo titulado 'La Junta pone orden al uso de medios digitales en el aula'. En él se informa que la Junta de Castilla y León ha lanzado una 'Guía de recomendaciones de uso de medios digitales para la comunidad educativa', documento de treinta y cuatro páginas elaborado por el Servicio de Formación del Profesorado, Innovación e Internacionalización de la Consejería de Educación. Buena iniciativa esta, por supuesto, aunque para su elaboración no se tuvieran en cuenta a los docentes “que ni siquiera sabían de su existencia” (¡Genial!), error criticado por Javier Ampudia, presidente de la Junta de Personal Docente. En resumen, el documento invita a aplicar gradualmente (desde Infantil hasta el último curso de Secundaria) el uso educativo de la tecnología en ese ‘laboratorio controlado’ (la escuela) en el que se experimenta con el ‘ser digital’.

¿Hay alternativa?

¿Queda otra alternativa? Me temo que no. El ábaco fue sustituido progresivamente por instrumentos mecánicos hasta llegar a las calculadoras y a los ordenadores. La tecnología no se detiene. Así, sin remedio, llegaremos a convivir con las versiones holográficas de nuestra conciencia. Desde luego, hay que preparar a las nuevas generaciones para vivir en el presente y sobre todo en el futuro.

Sin embargo, aun a sabiendas de que la ‘era de lo intangible’ es una realidad de hecho, aunque por carambola o trágico accidente de la evolución humana estamos viviendo en el torbellino de la alta velocidad y del pensamiento volandero, insisto en saber a qué propósito viene destinada la venta de esos cuadernos de autógrafos en las tiendas online (si lo pregunto es porque pongo muy pocas esperanzas en que la escritura de puño y letra recupere el éxito de antaño).

Luego, los libros impresos, esos de toda la vida... ¿Qué será de ellos? Porque por el camino que vamos, el papel llegará a ser ‘fruto prohibido’ y su uso penado por la ley de la nueva era digital. Ciertas campanas en el horizonte tocan una música extraña: el precio del valioso material ha subido de forma inusitada en los últimos años. Las respuestas a tal fenómeno son poco convincentes: la crisis producida por el COVID-19, la inflación global, el aumento de los costes del transporte y bla, bla, bla…

Pero más me vale no continuar considerando cuestiones de contenido dudoso. Algunos tomarían por ciencia ficción cavilar sobre la posible ‘extinción programada’ de la era del papel y la tinta.