La indumentaria para cada ocasión: esa que 'la pintan calva'

Los actos festivos pueden y deben tener sus exigencias, además del comportamiento, el acompasamiento de la vestimenta. Claro, aquí entra el costumbrismo, pero sin olvidar el subordinado juego de lo económico. Habrá a quien le sobre empuje y rigor, pero le retraiga lo dinerario.

Cuando este año, tirando de estrictez, surgió la polémica respecto a la vestimenta adecuada, nótese el matiz moderado, para los participantes en los desfiles de pendones, cbibiarros engalanados, grupos folclóricos… ya habían estado en la calle aledaña y plaza a Casa Botines, personajes, gentes dispuestas a lucirse. Algo más que un pelín actores, ataviados con ropa de época modernista de finales de siglo XIX. Ya no sorprende, goza de un quinquenio.

Ni batalla ni dispersión: ¡Debe primar lo simbólico popular!

El nexo o congruente hoy aquí, es el tema vestimenta: la de época que tiene lugar en torno a Botines, y la propia nuestra tradicional leonesa de siempre por San Froilan. No faltan quienes hoy van empleando el plural, un punto informal y sin arraigo de momento, diciendo sanfroilanes, entiendo que por abarcar lo celebrado en Legio, y en plan romero el de ida y vuelta a la Virgen del Camino.

Lo de ropa de época, finales de siglo XIX, está promovida por Fundos, que, sabido es, hoy custodia y dirige la Casa Botines (a este respecto ya es conocida mi opinión), viviendas y almacén, proyectadas y ejecutadas para leoneses por el genial arquitecto catalán Antoni Gaudí. Pues bien, van por la quinta edición, y al parecer hay deseo de permanencia, tal vez de incardinación en lo leonés festivo. Ante esto me pregunto cuánto de idiosincrasia leonesa debe ser exigible y, sobre todo... ¡Quién va a vigilar al vigilante!

Javier Fernández-Llamazares, con autoridad propia, documentación y acierto, ha escrito cosas sobre los momentos expansivos de Legio, y sobre las casas importantes y 'chalets' que, en las calles centrales, se iban incorporando. Edificios que califica, en algún momento, de “arquitectura preciosista”. Y, por supuesto, también algo sobre la ropa de época de la sociedad leonesa del entonces.

Los 'sanfroilanes'. Perdón por la nominación, pero, aunque sugiere familiaridad y paisanaje, estoy en disposición de desecharla ante el empuje purista, los leoneses los celebramos en plan festivo ciudadano, y por supuesto romero dentro del grupo de las tradiciones, no olvidemos lo de 'Carro a la Virgen'. Eslogan, diríamos hoy, que marcaba camino y dirección.

Para este menester andante hasta la Virgen, los romeros, con ropa cotidiana y calzado cómodo, sin eludir al dominguero, acudíamos en busca de los perdones en forma de avellanas, a dejar una oración a la Madre Dolorosa, a tomar algún alimento y al declinar la tarde regresar. Hoy la moda manda tocar las narices a San Froilán. En un gran portón de bronce, en forma de asidero, Subirachs lo dejo imperecedero, no contaba con el sobeo romero.

Acompañar a la Virgen, cuando en rogativa era traía a la capital, era otra cosa, el fervor popular se imponía. Para ayudar a portar sus andas, ni a los 'paisanos' del compromiso y voto, ni a las gentes de la Hermandad de la Sobarriba, ni a los que estábamos prestos a arrimar el hombro se nos exigía algún tipo de vestimenta.

Por supuesto los desfiles en Legio, por San Froilán, son algo más que reminiscencia festivas. La discusión suscitada entorno a la vestimenta de los portadores y acompañantes de los pendones, y puede que la de las gentes adscritas a los carros engalanados también, no puede ser objeto de una decisión improvisada, ni de calentones momentáneos.

Por otro lado en los grupos de baile la vestimenta, a ojos vista y de los profanos, van de siempre cumpliendo. Mas, cuanto a la puridad de la indumentaria, si es que fuera demandable, apoyándonos en posibles incongruencias ocasionalmente señaladas por Javier Emperador, aunque no de modo especial para estos grupos, sin duda alguna sería muy interesante conocer su opinión, para paulatinamente entrar en materia y consensuar sin resquemores con alegría festiva, no ya la evolución, sino la confirmación.

Ciertamente el organizador municipal legionense puede dictar normas de conducta y vestimenta, más razonable sería una amplia sugerencia de ropas, en principio dentro del más amplio criterio cultural e identitario.

La polémica del desfile de Las Cantaderas en León

A mí, al menos, no me ha sorprendido la postura de la asociación de Pendones Reino de León anunciando que no van a organizar el desfile de pendones por Las Cantaderas este 4 de octubre de 2026. Veo influencia personalista dirigente. Puede que, a lo mejor, el consistorio legionense no debió descansar en ellos el tema organizativo. Bien están los plantes, cuando se sustancian en algo, dado que las tradiciones... ¡Unen e influyen! Y surgió el acuerdo, a organizar, disfrutar y contentos.

En la comitiva pendonera y para cada una de la varas, ya hace años que se puede observar cierta anuencia en parte de la vestimenta, camiseta o polo, con identificación de pueblo o lugar, y en cuanto al pantalón, predomina el conocido como vaquero, apostando, al parecer, por lo cómodo sin vinculación al catálogo de vestimenta leonesa. El pantalón negro, ya propuesto y usado con una faja del color leonés, parece ser asequible en cuanto a voluntad y economía. Lo evidente es que puede y debe ser objeto de estudio y acuerdo.

En los últimos tiempos vengo haciendo, digamos, un comentario, sobre el cartel anunciador de las fiestas de San Froilán. Para el de este año, tan sólo decir que viene que 'ni pintado', precisamente cuando hablamos y nos reconvenimos en torno a la vestimenta que debería lucirse en el gran desfile de pendones. Se trata de una parte de vestimenta femenina, una falda... ¿refajo?... sobre la que va el anuncio festivo. Ah, y las madreñas del acompañante. Prima la sencillez.

Lo importante (se ha dicho)... ¡Es sentir la tradición! ¡Vivirla!

Me permito añadir; y siendo respetuoso a raudales, tratar de ir acoplándonos paulatinamente a la puridad interpretativa en cada acontecimiento.

Y con los pendones en los grandes agrupamientos, el máximo respeto, compostura y 'fervor'.