Jorquera es un lujo para la vida en León

Cuerpo de gladiador, ojos de miel fenicia, rostro afilado de cíngaro, atuendo de progre carrozón, cabeza con tupe al raso y con entradas como de vampiro, orejas tal vez demasiado grandes para la estética pero perfectas para la ética, mundanidad de príncipe-obrero, mirada de diablo en paro, sonrisa profident de político recaudafondos con varias guerras civiles ganadas, y ojo clínico de médico sin bata blanca y sin clasista imperdible para escroto…

Coincido en la fiesta de cumpleaños de Antonio Gamoneda (la que le propinamos los amigos cada año, al poeta oscuro como un pozo repleto de diamantes, en casa del regalador por antonomasia de esta tierra, Javi Camarote Madrid, marqués de la generosidad y la casta torera), con Paco Jorquera.

Uno regresa siempre a los vicios con los que ama la vida, decía Baudelaire el poeta, y la amistad con Jorquera, que es la amistad con Pepe Cosamalón por duplicado, es una de mis drogas más preciadas.

Y lo es porque Paco Jorquera, que completó la carrera de Turismo antes que la de Medicina y por eso cuenta con una entrenada y zorruna amabilidad de recepcionista, ha corrido maratones por medio mundo.

Por eso ostenta modos y maneras de profesor de energía (quiero decir que su cercanía comunica optimismo, ganas de vivir y de escribir, una suerte de juventud moral que, si lo frecuentas, bien parece que vaya a durar siempre).

Paco Jorquera, como Pepe Cosamalón (ambos profesionalmente son dos almas de un mismo cuerpo o dos faros de un mismo Ford Fiesta), pertenece a esa generación de médicos humanistas cuyo humanismo, en la estela de Gregorio Marañón, Santiago Ramón y Cajal y Luis Martín Santos, humaniza la medicina.

Por eso el digestólogo e internista Jorquera cuenta, para su profesión y su condición cívica, con una mirada que atraviesa las palabras y las paredes para ir directamente a los hechos.

Pero, más allá de la medicina, en Jorquera, árbol del bosque de su familia que es su mayor y mejor patrimonio, destaca su alegría natural, su avidez de vivir y hacer vivir, ese clima de vitalismo que le cierne, pero que no es ese optimismo exultante y tan español como propio del país de charanga y pandereta del que hablaba Antonio Machado, (por cierto que mientras escribo esto estoy mirando la última foto de Antonio Machado; ésa en la que parece un entrañable zapatero de portal, “en el buen sentido de la palabra, bueno”), sino un optimismo contenido, interior, bien dirigido, y con un matiz de ironía que, si lo sabes apreciar, se te convierte al poco en una brecha de luz.

Paco Jorquera es un lujo para la vida en León. Por eso (‘viva la gratitud terapéutica!), bajo la luz de este verano de increíble belleza, y mezclando los colores y las metáforas de alta resolución a la manera en que me lo enseñó a hacer el mejor retratista vivo de las Españas, mi maestro don Modesto Llamas Gil, hoy le he pintado este retrato.

Luis Artigue, “el Kurt Vonnegut español”, es un escritor leonés con seis poemarios y ocho novelas a sus espaldas. La última, Trumpsilvania, editada por Eolas este mismo año año 2025. “Solo una novela como ésta puede ser a la vez una película escrita y dirigida a cuatro manos por George A. Romero y Dario Argento, protagonizada por Brad Pitt y Marilyn Monroe y con música compuesta expresamente por Johan Sebastian Bach”, afirma la crítica.