Cousas da vida

Vaya por delante que tú fuiste gallego antes que fraile. Además de ser hijo de una gallega de pro, pasaste más de veinte años de tu vida en esa tierra, concretamente en ese dédalo de calles que se retuercen sobre sí mismas hasta componer una rosa de piedra, en Compostela, la ciudad de la lluvia infinita, la más hermosa de las aldeas sumergidas. Fue entonces cuando leíste por primera vez la obra de Castelao, cuando pudiste sentir el impacto de sus lúcidas reflexiones animadas, de su manera de pensar el mundo. Y ahora, al volver a detener tu mirada adulta y exiliada sobre aquellas ilustraciones, entiendes de forma más meditada su profundo humanismo. Porque más allá de la realidad gallega (o leonesa, al fin y al cabo somos pueblos hermanos), nos hablan de la eterna lucha del hombre contra el hombre, de las injusticias sociales o del poco sentidiño con el que tanto antes como ahora nos conducimos por la vida.

Castelao nació en Rianxo a finales del siglo XIX. Estudió medicina pero apenas llegó a ejercer la profesión. Muy pronto dirigiría su vida a las que fueron desde siempre sus verdaderas vocaciones: el arte y la política. En el mundo del arte demostró ser como uno de esos artistas renacentistas capaces de dominar todas las disciplinas, destacando en la creación literaria, el periodismo gráfico, la pintura y el teatro. En el mundo de la política ejerció de galleguista y republicano. En cualquier caso es imposible separar esas dos vocaciones, sus dibujos y escritos no fueron sino un eficiente vehículo para expresar sus ideas políticas, para invocar una inteligente denuncia social sobre el estado de las cosas en esa tierra olvidada a lo largo de los siglos, marcada por la necesidad y el desamparo. Sus dibujos tienen ese poder de abandonar en la conciencia del lector profundas cavilaciones, destellos de humor que nos hacen pensar y sentir, que apelan al hombre y al ciudadano.

Las viñetas de Cousas da vida aparecieron por primera vez publicadas en el periódico Galicia en los años veinte del pasado siglo, pero lo que las hace más relevantes es que la mayoría de ellas son de una actualidad desconcertante. En ellas se recoge la vida cotidiana con una ironía fina y brutal; mostrando a viejos, adultos, niños e incluso animales tirando de esa famosa retranca gallega para exponer los atropellos y abusos que sufre la gente más humilde. Poseen una fuerza crítica y una intención humorística que las convierte en pequeñas bombas de relojería, en contenedores de ideas que nos revelan más sobre un pueblo, el gallego, que cualquier sesudo tratado sociológico. Esa es la gran virtud de todas estas ilustraciones, enseñarnos que el verdadero nacionalismo poco tiene que ver con banderas o himnos, que ningún panfleto ideológico le va a decir a nadie donde están sus recuerdos, sus paisajes, sus olores de infancia, sus costumbres o las palabras que escriben su idioma: esas mesmas palabras que falan os personaxes de Castelao porque xa as falaban antes os seus avós e os avós dos seus avós.