La Barranca: la fosa logroñesa que también dejó dolor en León por la brutal represión del franquismo
Si usted va caminando por cualquier localidad de España y un turista extranjero le pregunta por La Barranca, quizá no sepa responder. No se preocupe, no es el único: hasta hace una semana yo tampoco sabría qué decir. Es más, creo que aun siendo de La Rioja, muchos de sus habitantes ante esa pregunta no sabrían indicar exactamente donde se encuentra dicho lugar.
La Dehesa de Barrigüelo, conocido como La Barranca, se encuentra apenas a siete kilómetros del centro de Logroño, al pie de la carretera que une las localidades de Lardero y Entrena. El pasado viernes, gracias a tres personas integrantes de la Asociación La Barranca, Antonio Sarabia Santolaya, Pedro Navarro Bretón y Mari Carmen Alonso Sáenz, conocí este paraje. Al atardecer, bajo la mirada del Pico del Águila, un pequeño rebaño de ovejas pastaba indiferente a lo que allí ocurrió entre el 12 de septiembre y el 15 de diciembre de 1936 en estas tierras de secano. El sargento de la Guardia Civil Juan Sánchez Herrero, porque las víctimas siempre tienen un victimario, era el encargado de organizar los fusilamientos de las trescientas noventa y siete personas que allí yacen en tres fosas comunes.
En la provincia de Logroño, que así se llamaba antes de segregarse de Castilla la Vieja y pasar a constituirse en la comunidad autónoma de La Rioja, vivián en los años treinta doscientos mil habitantes, de los que fueron fusilados 2.020, es decir, un 1% de la población.
Dos leoneses con nombres y apellidos
En el cercano pueblo de Villamediana la asociación tiene documentados 57 vecinos fusilados de un total de mil trescientos, un 4,3% de la población. Las edades oscilan entre los 17 años de José Martínez Bermejo, fusilado el 16 de octubre y los 65 años de Pedro Pablo Viniegra Campos fusilado el 25 octubre. Mirando a la provincia de León, encontramos dos nombres, Manuel Magín Fernández Blanco, nacido en La Robla en 1893 y a Gaspar Gómez Núñez, nacido en Vega de Valcarce en 1909. Para hacerse una idea de la magnitud del genocidio franquista, durante la dictadura chilena de Augusto Pinochet (1973-1990) hubo un total de 3.216 personas fueron asesinadas o sufrieron desaparición forzada.
Recordar, porque siempre es necesario hacerlo, que la guerra que nos vendieron como una lucha entre hermanos como si de un castigo divino se tratara, no fue tal. En La Rioja no hubo frente de guerra, no hubo trincheras, no hubo líneas enemigas, solo hubo cárcel, torturas, represión y fusilamientos. Es más necesario que nunca tener claro lo que es una dictadura, ya que como le escuché decir a una sindicalista riojana, “a las personas que hoy no se cansan de decir que vivimos en una dictadura bajo la tiranía de Pedro Sánchez y se pasan el día llamándole hijo de puta, me hubiera gustado verlas delante de El Pardo o en cualquier otro lugar diciéndole eso mismo al dictador genocida Francisco Franco”.
Las que si tuvieron valor para enfrentarse a las fuerzas del régimen desde el 1 de noviembre de 1939 fueron las conocidas como Mujeres de Negro, de las que Rober Astorgano, bisnieto de Joaquina, una de aquellas mujeres de negro que se quedó viuda con nueve hijos, dirigió una película documental con ese mismo título. Ante la presión de la Guardia Civil y de los falangistas, estas mujeres se negaron a abandonar la Dehesa de Barrigüelo, y así, año tras año, fueron cumpliendo con el ritual de recordar a sus padres, maridos, hermanos e hijos que fueron fusilados sin ni si quiera tener un juicio previo.
Dos esculturas simbolizan lo que significa este lugar. La primera, un monolito a la entrada de La Barranca, obra de Alejandro Rubio Dalmati, quien estuviera preso en la prisión provincial de Logroño y salvado in extremis por un amigo. La otra, obra de Óscar Cenzano, representa a Las mujeres de Negro. El memorial fue inaugurado el 1 de mayo de 1979, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de sitio histórico en 2021 y la asociación que trabaja sin descanso para que todo esto sea posible, recibió la Medalla de La Rioja en 2022
Una vez terminada la visita al Memorial La Barranca, asistí a un concierto de Raquel Lúa, cantautora catalana con raíces en los olivos de Jaén. Una de sus canciones, Memòria, reza lo siguiente:
Com l'arrel de l'arbre que està soterrada en els records.
En el ciment, constant batec, delata el so de l'enyorança.
Como la raíz del árbol que está enterrada en los recuerdos.
En el cemento, constante latido, delata el sonido de la añoranza.
A estas palabras solo cabría añadir las que Rubio Dalmati inscribió en su monolito de La Barranca:
“Este horror ya fue… 1936. Hoy no queremos odio ni venganza, pero sí dejar testimonio para que estas locuras no se repitan. 1979″