Pepa, una berciana entre las pioneras del fútbol en España: “Me maravilla ver hoy un partido”
María José Rodríguez, una berciana con raíces familiares en Cacabelos que vivió una infancia y una adolescencia itinerante, llegó al lugar adecuado en el momento oportuno. Pepa, aficionada desde niña al deporte y luego conocida fundamentalmente por sus labores como profesora de Educación Física y promotora de la gimnasia rítmica en Ponferrada, cursaba la recta final del Bachillerato en Basauri (Vizcaya) a principios de los años setenta. Tras jugar un par de partidos de fútbol amistosos de manera improvisada, la fueron a buscar para integrarse en el Soberano de Arratia y disputar una competición en la temporada 1970-1971, justo al mismo tiempo que un grupo de pioneras se agrupaba en torno a una selección española sin respaldo federativo para sentar las bases, salvando escollos y estereotipos, de un desarrollo que, superando también largos paréntesis, tuvo su culmen con la conquista del Mundial en 2023. El pasado y el presente se dan la mano ahora que un documental y una película rescatan aquellos albores y la Federación Vizcaína de Fútbol homenajea a aquellas jugadoras que abrieron camino.
Pepa vivía con su familia en Igorre (Vizcaya) en una casa a cuya puerta llamó el entonces futbolista del Sestao Pedro Antonio Etxebarria. “Yo estaba en el colegio”, cuenta la berciana, que apenas había tenido contacto con el balón. “Sí tenía ya pasión por el deporte. Y destacaba en gimnasia artística”, añade para relatar cómo, de la noche a la mañana, acabó integrándose en el equipo femenino del Soberano de Arratia, con el que ganó (entrenando tres días a la semana, al principio bajo el mando del propio Etxebarria) una liga organizada por el periódico Hierro en la temporada 1970-1971. “Yo corría por la banda con el número 10”, evoca. Pudo así explotar sus condiciones de “ágil y rápida” para contribuir a un éxito que fue más allá de lo deportivo: la incorporación de esta escuadra permitió al club sanear su economía vendiendo entradas. “Y los campos estaban llenos”, dice. A falta de referentes femeninos, ella se identificaba con Javier Clemente, jugador entonces del Athletic de Bilbao y luego entrenador de varios equipos y hasta seleccionador nacional.
Vizcaya vivió aquel episodio iniciático de la historia del fútbol femenino entre los años 1968 y 1972, la primera de las tres hornadas de pioneras a las que la Federación Vizcaína de Fútbol rendirá un homenaje este próximo jueves 2 de julio a las 19.00 horas en el Hotel Carlton de Bilbao. El reconocimiento se completa con las primeras componentes de las ligas ya federadas desde la temporada 1982-1983 y las protagonistas de la aparición de las categorías inferiores en la campaña 1984-1985, entonces en la modalidad de fútbol playa, según explica el miembro de la directiva de la Federación José Luis Tormo.
Las primeras se emparientan con las que entre 1971 y 1972 disputaron seis partidos (no oficiales) que sirvieron de bautismo a la selección española, una historia singular rescatada en los últimos tiempos por dos producciones audiovisuales: la película recién estrenada Pioneras. Solo querían jugar y el documental Las pioneras de la estrella. Las chicas del balón. “Fueron mujeres pioneras para su época y su tiempo”, cuenta Tormo sobre las evoluciones de jugadoras que ya en aquellos principios de los setenta llegaron a reunir a 7.000 espectadores en campos de Vizcaya. “Nosotras rompimos barreras. Nos lo tomamos en serio y nos tomaron en serio”, añade Pepa.
La cronología conecta a pioneras vizcaínas y españolas; incluso retazos propios de la falta de precedentes como el hecho de adoptar apodos masculinos (a Inmaculada la llamaban Pelé en el Arratia y en la selección se alineaban Conchi Amancio y Carmen Arce Kubalita). Pero hay un contexto que sí las diferencia. El relato de aquella selección nacional está salpicado de exabruptos desde la grada, mucha incomprensión y estereotipos amplificados desde los medios de comunicación hasta el paroxismo de una entrevista de Televisión Española en la que, en los vestuarios, se le pregunta a una de aquellas chicas (la mayoría de ellas todavía adolescentes) si le resultaba más fácil hacer un gol o una tortilla de patatas. “Yo no recuerdo que hubiera ni una palabra fea desde la grada”, contrapone la berciana para insistir en un factor diferenciador: el matriarcado imperante en el País Vasco. “Sí es una de las señas de identidad de Euskadi”, coincide el directivo de la Vizcaína José Luis Tormo para añadir que entre los promotores estaban varios sacerdotes (“y los curas en los pueblos eran una figura de autoridad”) sin esconder que “ahora sí se dan algunas faltas de respeto”.
El caso es que la progresión del fútbol femenino se paró en seco. España vivía todavía en la dictadura franquista con la Sección Femenina dictando normas de conducta para las mujeres. Varias de las artistas más conocidas del país se alinearon en 1971 en un partido benéfico Folclóricas vs Finolis, un sucedáneo tomado a chiste también en el NO-DO de la época, que ya diez años antes había dejado para los anales del mal gusto otro reportaje de unos campeonatos internacionales en Austria con lindezas referidas a las futbolistas como “cuando se casen, si se casan, cambiarán este juego por una batería de cocina”. Pepa, que todavía en 1972 participó por las Fiestas de la Pascua de Cacabelos en un partido femenino, reseña el daño que hizo aquel espectáculo de las folclóricas. “Hay reportajes del NO-DO que son denigrantes y degradantes”, coincide Tormo.
Nosotras rompimos barreras. Nos lo tomamos en serio y nos tomaron en serio
Hubo luego un largo paréntesis. España no oficializó el fútbol femenino hasta 1980, la selección no volvería a jugar hasta 1983 y la primera liga nacional data de 1988. La Federación Vizcaína de Fútbol, que no ha encontrado precedentes anteriores a 1968 ni imágenes de vídeo desde esa fecha hasta 1972, tampoco se atreve a aventurar posibles explicaciones a ese vacío temporal. Tormo sí hace una consideración general: “En Vizcaya, gracias al Athletic, el fútbol es una religión”. Y subraya el papel del club rojiblanco en el impulso posterior al fútbol femenino: “Apostó en su día y eso se nota”. La progresión resultó luego imparable hasta el punto de Vizcaya cuenta hoy con cerca de 5.000 licencias de fútbol femenino.
Pepa, que regresó un año a Bilbao ya un año como profesora de Educación Física, no se ha separado nunca del deporte. Y no lo ha hecho sólo desde la docencia, donde dejó su sello en el Instituto Álvaro de Mendaña de Ponferrada, que llegó un año a ser elegido como centro educativo más destacado en el ámbito deportivo en Castilla y León. Alma mater de la rítmica con el club Aros 5, delegada en su día de Basket Bierzo e implicada en multitud de iniciativas, vio después la evolución del fútbol femenino ya como espectadora, donde notó los contrastes con aquellos comienzos: “Nosotros tuvimos muchísimo apoyo. No sé si fue por la novedad o porque allí el deporte tenía entonces más tirón. Luego hubo un pequeño bajón. Lo de las folclóricas hizo daño porque no reflejaba la realidad. Y costó mucho que hubiera una recuperación. Costó bastante que los clubes grandes se implicaran”.
El Bierzo pudo anotar ejemplos en positivo, como un equipo femenino de base, mucho antes de que el Promesas Ponferrada y la Peña Centenario del Athletic de Bilbao revitalizasen la práctica ya con el cambio de siglo. Pepa, que destaca la importancia tanto de “la implicación de los padres” como de la “aceptación social”, se prepara para regresar al País Vasco, donde ya recibió en su día con sus compañeras un homenaje del Arratia. “Hicimos el saque de honor. Tenían puestas fotos gigantes en el vestuario. Lo viví con los pelos de punta”, dice ahora que aquel caldo de cultivo se ha transformado en un club que gana Copas de Europa como el Fútbol Club Barcelona o una selección puntera que ganó en 2023 el Mundial. “Hoy me maravilla ver un partido”, sentencia aquella 10 que corría la banda sin dejar nunca de reivindicar “una igualdad de medios y económica”.