San Martín de la Tercia, el pueblo en el que todo confluye para hacer de sus viejas escuelas un bastión cultural

¿Cómo hacer de la cultura un activo en el medio rural? San Martín de la Tercia, localidad del municipio de Villamanín enclavada en la Montaña Central Leonesa, tiene una fórmula que parece una carrera de relevos. La Junta Vecinal asumió la tarea de rehabilitar las antiguas escuelas. La asociación cultural, que nació en 2023 para gestionar el teleclub en esas instalaciones, ha ido mucho más allá hasta convertirse en un catalizador de actividad. El ILC (Instituto Leonés de Cultura) ha sido cómplice llevando desde el primer año exposiciones como la que en este 2026 está coronada por firmas de varios premios nacionales de arte gráfico. Los propios vecinos aportan: desde el oriundo afincado en San Sebastián que hace años se inventó una fiesta de la siega en julio hasta los que contribuyen con iniciativas particulares a ampliar sobre la marcha el cartel de la programación veraniega. Y el testigo deberá pasar en el futuro a jóvenes descendientes del pueblo llamados a mantener vivo ese espíritu emprendedor.

Con apenas 30 habitantes censados (de los que una decena residen todo el año), San Martín de la Tercia tiene un insospechado carácter internacional por efecto de matrimonios de lugareños con extranjeros, a veces resultado de flujos migratorios como los que se dieron a mediados del siglo pasado con Sudamérica y Centroeuropa y otras veces de la casualidad. La peruana Cathy Thompon residía con una beca de estudios en Madrid cuando conoció a José Luis García Oblanca, que se convirtió en su marido y ahora es presidente de la Junta Vecinal. Como pedáneo, impulsó la iniciativa de solicitar a la Diputación de León una subvención para abrir un teleclub, el germen de la Asociación Cultural y Recreativa San Martín de la Tercia, donde la propia Thompson ocupa cargos de responsabilidad junto a Rafa García, que llegó desde la Montaña Occidental: “Mi suegra nació aquí (en alusión a San Martín). Y el día de mi boda me decía uno de mis mejores amigos: Rafina, tú hoy vas a dejar de ser de Laciana para ser de la Tercia”. Y su amigo acertó.

Son, por lo tanto, una artista plástica peruana y el lacianiego hijo de un ingeniero técnico de Minas dos de las cabezas visibles del colectivo cultural. García, para rizar el rizo, está casado con una mujer nacida en Venezuela, adonde emigró en su día su suegra. La condición cosmopolita de San Martín (una vecina la ha plasmado en un mural con las banderas de Perú, Venezuela, Ucrania, Rusia, Bélgica o Brasil, entre otras) es seña de identidad de un pueblo que ya hace años se fijó el reto de rehabilitar sus antiguas escuelas, un edificio estrenado en 1915 y sin uso desde principios de los setenta. La restauración fue progresiva hasta culminarse con la dotación de un teleclub, concebido para ser punto de reunión de una localidad que llevaba más de cuatro décadas sin bar ni colmado.

San Martín pudo quedarse ahí: en contar con un centro de reunión donde echar la partida o ver en comunidad a la selección española ganar la Copa del Mundo de fútbol. Pero el colectivo nacido para gestionar ese teleclub no se conformó con eso. La tarea de dotar de actividad cultural regular a una localidad lejana a los grandes núcleos urbanos no es sencilla. “Hay que moverse mucho, trabajar mucho, publicitar lo que se hace, conseguir gente que pueda venir”, señala Cathy Thompson, “muy agradecida” al Departamento de Arte y Exposiciones del Instituto Leonés de Cultura y a su responsable, Luis García, que ya en 2023 respondieron llevando una muestra por la que pasaron más de 1.500 visitas y que en este 2026 han montado Obra gráfica de la colección ILC, apuntes, donde trabajos firmados por artistas de la talla de Eduardo Arroyo o Andrés Rábago El Roto permanecerán a la vista del público hasta el próximo 30 de septiembre. Ahí confluyen la vocación del ILC de llevar la cultura al rural y el interés de la asociación por acogerla.

Aun siendo un magnífico banderín de enganche, la exposición, dotada con piezas de figuras de renombre del arte contemporáneo (entre ellos, autores galardonados con el Premio Nacional de Arte Gráfico, como Enrique Brikmnn, Luis Gordillo, Blanca Muñoz, Monir, Santiago Serrano o el propio Eduardo Arroyo), no el único atractivo de marcado cariz cultural en una instalación dotada de un proyector en el que ya se ha exhibido el documental Inviernos, un trabajo del gordonés Carlos Balbuena precisamente en torno a la represión franquista en la Montaña Central Leonesa. Y la muestra del ILC está acompañada en el cartel de la programación de verano de una ristra de actividades al ritmo de más de una a la semana durante los meses de julio y agosto.

A veces hubo que hacer de la necesidad virtud mirando precisamente al calendario. Como San Martín de la Tercia celebra su fiesta patronal el 11 de noviembre entre los fríos propios de la época, un oriundo afincado en San Sebastián se sacó en su día de la manga la Fiesta de la Siega, a modo de la típica celebración veraniega pensada en buena medida para quienes pasan el año alejados de su tierra de origen. Encajada en el último fin de semana del mes de julio, la cita ya puede aprovechar las instalaciones de las antiguas escuelas, ahora pendientes del acondicionamiento del patio, que servirá en principio de terraza de verano sin descartar que pueda convertirse también en espacio expositivo en un pueblo que cuenta con un par de murales del recordado dibujante Lolo.

Hay que moverse mucho, trabajar mucho, publicitar lo que se hace, conseguir gente que pueda venir

La rehabilitación del inmueble se vive con “emoción” indisimulada entre la población mayor, sobre todo la que conoció las instalaciones en su primigenio uso educativo. Y la dotación de contenido a ese fantástico continente resulta un imán para los visitantes, entre ellos peregrinos que pasan haciendo el Camino de San Salvador hasta la vecina Poladura de la Tercia. El entorno natural de un pueblo situado en el corazón de la Reserva de la Biosfera Alto Bernesga y a tiro de piedra de la estación invernal de Pajares es otro activo para los siempre difíciles intentos de revitalizar un medio rural sometido durante años a la inercia de la despoblación y la falta de actividad.

La Asociación Cultural y Recreativa San Martín de la Tercia ha puesto la semilla. Y en apenas tres años y medio ha brotado un ramillete de oferta formativa, cultural y de ocio, muchas veces resultado de la iniciativa de los propios vecinos como la donación de libros que ha desembocado en la conformación de una biblioteca o la charla sobre energías renovables que acabó en una visita a una minicentral hidroeléctrica en funcionamiento en la zona de Arbas. El grado de iniciativa es tal que a la programación de verano diseñada en meses anteriores se han ido añadiendo de forma espontánea propuestas fuera del cartel. Rafa García elogia el impulso dado por el pedáneo. “Siempre digo que hay una persona que tira del carro. El primero que tiró fue Jose. Y los demás vamos detrás”, apunta.

El impulso ha puesto al colectivo en velocidad de crucero. Como si fuera una manera de reproducir el carácter cosmopolita de la localidad, la asociación también ensancha sus fronteras hasta contar con más de un centenar de integrantes de distintos puntos de la provincia (y algunos de fuera de ella) que pagan una cuota anual de apenas 10 euros. La agrupación se completa con otra quincena de integrantes menores de 16 años, los llamados a coger el testigo en un pueblo en el que actualmente el único residente durante todo el año menor de edad es el hijo de José Luis García Oblanca y Cathy Thompson. La carrera de relevos convertida en fórmula para hacer de la cultura un activo en el medio rural ya espera por la siguiente posta en San Martín de la Tercia.